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Por Ana León · 22 de Octubre de 2018

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Hace tres semanas quedó en evidencia que no todos los mineros de California, uno de los municipios de Santander que hace parte de la vecindad del Páramo de Santurbán, están alineados con Minesa, la multinacional árabe que quiere extraer 11 millones de onzas de oro en su territorio.

Aunque en el papel esa pelea es pequeña para la megaminera, en la práctica tiene varias implicaciones porque con los pequeños mineros en contra se le enreda aún más la imagen en momentos en los que se está redelimitando ese ecosistema.

Para tratar de apagar ese incendio, Minesa hoy se reunirá con delegados del Ministerio de Minas y de los pequeños mineros por segunda vez.

La fractura

Aunque el proyecto de Minesa ha generado revuelo en los dos santanderes por el riesgo que representa su proyecto para el agua que nace en el Páramo de Santurbán y que abastece a 2 millones de habitantes, hasta ahora se había mantenido la imagen de que en la provincia de Soto Norte - donde se ubicará la mina-, no había resistencia a su llegada.

 

Por un lado, por la inversión social que la megaminera empezó a hacer en la zona (incluye 200 empleos, becas universitarias y subsidios y proyectos de emprendimiento local), y por otro porque su llegada representó oportunidades de empleo en municipios que viven de la minería pero que con la delimitación del Páramo de Santurbán quedaron en el limbo.

Sin embargo, en la protesta de cerca de 200 mineros, tanto artesanales (tienen título minero propio) como informales (se meten a títulos o propiedad ajenos para hacer minería), quedó en evidencia que la relación es menos color de rosa de lo que  parecía.

La molestia con la megaminera nació, según le contaron siete fuentes de la región a La Silla, porque en la región sienten que las promesas de empleo de Minesa no se han empezado a cumplir o están quedándose cortas.

Por eso es que hace 12 días el compromiso más trascendental fue el del desarrollo del programa que prometió la misma multinacional árabe para asegurar la coexistencia de todo tipo de mineros en la región.

Por ahora, lo único que se sabe es que la minera planea destinar un área de su título para que los pequeños se asocien y hagan su propio proyecto cumpliendo con todas las normas técnicas y ambientales.

Además, según los pequeños mineros, aunque ha habido reuniones con Minesa en las que se habla de cómo sería el programa, qué requisitos se necesitan y quiénes podrían participar, nada se ha aterrizado aún, y a la postre existe resistencia a la propuesta por dos razones.

La primera es que cómo está planteado el modelo jurídico, ellos trabajarían en la mina a través de un subcontrato con Minesa cuando lo que quieren es tener un título propio.

“Es que ya mañana California no va a hacer un municipio minero sino obrero”, nos dijo uno de los mineros que está sentado en la mesa pero que prefirió no ser citado.

La segunda es que en esa mina (el área que la empresa dispondría para los mineros es de 22,5 hectáreas) el proceso de extracción del metal sería exactamente el mismo que el del proyecto de Minesa, solo que a menor escala.

Eso implicaría, entre otras cosas, que el resultado de su explotación no sería la extracción de oro como tal, sino un concentrado de ese metal que le venderían a Minesa para que ella a su vez lo procese fuera del país.

Eso, en palabras de los pequeños mineros, desaparecería el uso del pico y la pala, de los molinos de agua, de las barequeras y otras características de la minería artesanal.

“Por qué no nos dejan hacerlo como nosotros siempre lo hemos hecho...más tecnificada sí. Cumplir con los requisitos ambientales pero como nosotros lo hacemos”, nos dijo Jorge Eliecer Pedraza, uno de los representantes de los mineros que protestaron.

Aún así, desde Minesa le dijeron a La Silla que el programa sí está andando, que ya tiene a más de 200 mineros inscritos y que en todo caso ya están revisando la viabilidad de una segunda alternativa de coexistencia minera para los que están protestando.

De cómo solucionen esa fractura dependerá en buena parte la estabilidad social del megaproyecto minero en la zona porque La Silla confirmó que dentro de la región también hay preocupación por el impacto ambiental de la entrada de Minesa.

“Hay una parte de la provincia que quiere que esté Minesa pero la mayoría de gente del municipio, de California, no quiere por el tema del agua (...) Esos túneles que ellos van a hacer, que pasan por debajo de todas las quebradas será que no van a desviar el agua”, dijo a La Silla uno de los representantes de los mineros que prefirió no ser citado.

“Lo que van a hacer es acabar con toda el agua… Hacer un túnel de esa magnitud por debajo de esa montaña….yo no tengo estudios ni nada de eso pero eso es lo que uno ve”, nos dijo otro que también nos pidió la reserva de su nombre.

Así que si la molestia escala, los pequeños mineros se podrían convertir en la nueva munición de la gran ola de opositores al proyecto de la minera árabe.

 

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