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Salvar los ríos que nos quedan

Silvia López-Casas
Silvia López-Casas
PhD. Ecóloga de agua Dulce en The Nature Conservancy, en el programa NASCA (Northern Andes and South Central America)
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Columna

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09 de Diciembre de 2019

<p>Parte de mi familia materna es ibaguere&ntilde;a. Crec&iacute; escuchando a mi mam&aacute; decir que mi abuelo era un gran amante de los r&iacute;os y que el plan familiar preferido era ir a pasar el d&iacute;a en uno de ellos: el tradicional &quot;paseo de olla&quot;. Muchas veces mi mam&aacute; me cont&oacute; adem&aacute;s que a veces iban al r&iacute;o Magdalena a nadar y ba&ntilde;arse. Me cost&oacute; muchos a&ntilde;os entender el gran amor que mi abuelo profesaba por el r&iacute;o Magdalena, a pesar de que yo tambi&eacute;n amo al Magdalena (le he dedicado m&aacute;s de la mitad de mi vida profesional), pero m&aacute;s por su valor simb&oacute;lico y ecol&oacute;gico que porque haya disfrutado de sus aguas, pues desde que lo recuerdo es un r&iacute;o color arequipe con aguas cargadas de sedimentos, &iquest;Qui&eacute;n querr&iacute;a ba&ntilde;arse en un r&iacute;o del que va a salir m&aacute;s sucio que limpio?</p>

<p>El r&iacute;o Magdalena es la arteria viva que atraviesa nuestro pa&iacute;s, de sur a norte recoge las aguas de sus grandes capitales, y aun as&iacute; est&aacute; vivo. Su capacidad de purificar las aguas es m&aacute;s fuerte que los 36 millones de colombianos que vivimos en su cuenca y que sin considerarlo, vertimos en el desag&uuml;e cualquier cantidad de desechos que tarde o temprano llegar&aacute;n sus aguas. Quiz&aacute; la mayor&iacute;a de las personas recordamos as&iacute; al r&iacute;o Magdalena: como un r&iacute;o ocre, que poco provoca un ba&ntilde;o refrescante. Sin embargo, recientemente, leyendo el libro <em>Pescadores del Magdalena</em> de Jaime Buitrago, escrito en la d&eacute;cada de los 30, lleg&oacute; a mi mente el r&iacute;o que tanto am&oacute; mi abuelo.</p>

<p><em>Pescadores del Magdalena</em> podr&iacute;a catalogarse como una novela costumbrista. Sin embargo, esta obra (nacida seg&uacute;n el propio autor en las playas abiertas del r&iacute;o Magdalena), es un documento sociol&oacute;gico de gran valor referencial y testimonial, como bien lo menciona Rigoberto Gil, quien hace el pr&oacute;logo de esta reedici&oacute;n. Y es as&iacute; como en sus p&aacute;ginas me trasport&eacute; a un r&iacute;o color de bosque, con sus aguas coloreadas por los tintes propios de los suelos boscosos, y que s&oacute;lo se cargaban de sedimentos en las crecientes, cuando &quot;lomas y montes, azotados por el invierno, se van sobre sus aguas que crecen hasta salirse de la madre e inundar los bosques vecinos&quot;.</p>

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<p style="text-align:justify; margin-right:0cm; margin-left:0cm"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif"><img alt="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... src="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... style="width:624px; height:468px" /></span></span></p>

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<p>El autor nos presenta un r&iacute;o en cuyas riberas retozan los caimanes y las tortugas, en cuyas islas se posan enjambres de patos chilicos, las garzas, los patos negros y los claros, y cuyas aguas son pobladas por millares de peces, y as&iacute; nos transporta a un Magdalena en el que &quot;m&uacute;ltiples, hasta lo imposible en la enumeraci&oacute;n, llegan a ser los productos vegetales que engalanan su ribera&quot;. Para quienes lo conocen, esta descripci&oacute;n estar&iacute;a m&aacute;s acorde con un paisaje amaz&oacute;nico, y dista bastante de lo que hoy vemos del r&iacute;o Magdalena cuando transitamos por las carreteras que en algunos sectores lo surcan.</p>

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<p style="text-align:justify; margin-right:0cm; margin-left:0cm"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif"><img alt="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... src="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... style="width:599px; height:391px" /></span></span></p>

<p>&quot;Les &icirc;les de la Magdalena&rdquo; Charles Saffray, s. XIX.</p>

<p style="text-align:justify; margin-right:0cm; margin-left:0cm">&nbsp;</p>

<p>Es dif&iacute;cil imaginar aquel r&iacute;o, pero es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil imaginar que a&uacute;n en nuestros d&iacute;as tenemos r&iacute;os as&iacute;. Actualmente los que eran bosques inundables del Magdalena, aquellos que le daban el color a sus aguas, han sido substituidos por extensos potreros usados para la ganader&iacute;a extensiva. Con sus bosques se han ido cientos de especies de animales y vegetales, que hoy quedan restringidos a peque&ntilde;os fragmentos de bosques por aqu&iacute; y por all&aacute;. Sus aguas ya no corren libremente, pues &eacute;l mismo, al igual que muchos de sus afluentes, ha sido represado para la producci&oacute;n hidroel&eacute;ctrica, cambiando para siempre, y causando fuertes impactos ambientales, dentro de los que se destacan la ca&iacute;da en la cantidad de peces que el r&iacute;o puede producir.</p>

<p>Al igual que mi abuelo soy una gran amante de los r&iacute;os, y mi trabajo me ha dado la fortuna de conocer los &uacute;ltimos parajes de una Colombia detenida en el tiempo. Olvidados por su lejan&iacute;a o protegidos durante d&eacute;cadas por el conflicto armado o el azar, a&uacute;n tenemos r&iacute;os por salvar, algunos de ellos con un valor excepcionalmente extraordinario.</p>

<p>Y es que si bien el territorio nacional est&aacute; surcado por r&iacute;os, siendo &eacute;stos ejes tan importantes en la construcci&oacute;n e identidad de sus pobladores, que no son pocos los departamentos colombianos que llevan el nombre de un r&iacute;o (Magdalena, Cauca, Amazonas, Vaup&eacute;s, Caquet&aacute;, Meta, Putumayo, Arauca, Cesar... por mencionar algunos), en nuestro pa&iacute;s no hay una pol&iacute;tica de protecci&oacute;n de r&iacute;os, unos lineamientos, que por sobre todas las cosas e intereses, impidan que un r&iacute;o que a&uacute;n hoy presente un valor ecol&oacute;gico y esc&eacute;nico excepcional, sea impactado en aras del desarrollo.</p>

<p>Hoy siento envidia del autor del libro, quien vivi&oacute; meses en una experiencia de inmersi&oacute;n cultural con los pescadores, y que lo llev&oacute; a parajes ahora extintos. Siento envidia de mi abuelo, quien como el autor, vivi&oacute; y goz&oacute; de los r&iacute;os en a&ntilde;os en los que la vida a&uacute;n ebull&iacute;a de ellos. Pero sobre todas las cosas, siento una tristeza enorme por nacer en un pa&iacute;s y en una &eacute;poca en la poco o nada vale el placer de &quot;un paseo de olla&quot;.</p>

<p>Constantemente me pregunto &iquest;qu&eacute; le hace falta a los legisladores colombianos para entender el valor de un r&iacute;o?, &iquest;cu&aacute;ntos r&iacute;os m&aacute;s tenemos que perder?, &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os m&aacute;s tendr&aacute;n que pasar para que en nuestro pa&iacute;s un r&iacute;o sea declarado como patrimonio de los colombianos, un r&iacute;o cuyo valor esc&eacute;nico y ecol&oacute;gico sea mayor que el de todos los intereses econ&oacute;micos?</p>

<p>En 1968, en Estados Unidos se promulg&oacute; la Ley de R&iacute;os Silvestres y Esc&eacute;nicos (Wild and Scenic Rivers Act of 1968), que define a ciertos r&iacute;os como elementos merecedores de protecci&oacute;n legal, puesto que tienen caudal libre y poseen &quot;valores esc&eacute;nicos, recreacionales, geol&oacute;gicos, hist&oacute;ricos, culturales, de fauna acu&aacute;tica, de vida salvaje u otros, excepcionalmente extraordinarios&quot;.</p>

<p>Para el disfrute y bienestar de los ciudadanos, bajo esta ley, los r&iacute;os acreedores del t&iacute;tulo de<span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif"> <a href="http://npshistory.com/publications/nwsr/importance-sp.pdf" style="color:blue; text-decoration:underline">R&iacute;os Silvestres y Esc&eacute;nicos</a>, </span></span>se convierten en patrimonio del pa&iacute;s, por lo que ante todas las cosas, se preserva el car&aacute;cter paisaj&iacute;stico de estos r&iacute;os, sin modificar su curso o la naturaleza de su caudal. Lo m&aacute;s emocionante de esto es que esta ley entr&oacute; en vigor cuando entusiastas de la vida al aire libre y patrocinadores lucharon, en el seno del Congreso, por un sistema de r&iacute;os de caudal libre para equilibrar las pol&iacute;ticas nacionales de construcci&oacute;n de grandes represas y desviaciones de agua. Esta acci&oacute;n monumental de ciudadanos preocupados por el futuro de los r&iacute;os de Estados Unidos, que representan las arterias que conectan a las comunidades y terrenos p&uacute;blicos, impuls&oacute; una nueva era de comprensi&oacute;n, restauraci&oacute;n y respeto hacia la seguridad p&uacute;blica.</p>

<p>La Ley de R&iacute;os Silvestres y Esc&eacute;nicos se promulg&oacute; en un momento en que los estadounidenses ganaban consciencia sobre el medioambiente. Durante las d&eacute;cadas de 1960 a 1970, este cambio en la consciencia de las personas dio lugar a la creaci&oacute;n de pol&iacute;ticas nacionales para la protecci&oacute;n del aire, del agua, de las &aacute;reas silvestres y de las especies amenazadas. &iquest;Le llegar&aacute; este momento a Colombia?, &iquest;conocer&aacute;n nuestros hijos, y sus hijos, y los hijos de sus hijos los r&iacute;os que nos quedan?, &iquest;ser&aacute; el paro nacional el contexto para poner esta carta sobre la mesa?.</p>

<p>Si bien en Colombia se han venido dando pasos importantes que he considerado victorias a medias, como la sentencia que insta al principio de precauci&oacute;n ambiental en el r&iacute;o<span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif"> <a href="https://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/2016/t-622-16.htm" style="color:blue; text-decoration:underline">Atrato</a></span></span>, y los fallos que declaran al r&iacute;o <a href="https://tribunalmedellin.com/images/decisiones/civil/0500131030042019000..., y m&aacute;s recientemente, al r&iacute;o Magdalena como sujetos de derechos, estas decisiones llegan tarde. Les asignan derechos a los r&iacute;os y sus comunidades cuando &eacute;stos ya han sido vulnerados. &iquest;Y si en lugar de esto, nos adelant&aacute;ramos en el tiempo y pudi&eacute;ramos evitar que r&iacute;os con gran valor ecol&oacute;gico y cultural sean transformados para siempre?</p>

<p>Como ya lo mencion&eacute;, en Colombia a&uacute;n tenemos r&iacute;os extremadamente bellos. Joyas &uacute;nicas que bien podr&iacute;an ser patrimonio de la humanidad, que merecen ser conservados tan solo por la belleza de sus paisajes. Y lo mejor, no hace falta ir muy lejos para ver r&iacute;os de este tipo. En la misma cuenca del Magdalena, algunos de sus afluentes podr&iacute;an transportarnos a esos paisajes boscosos surcados por un r&iacute;o de aguas cristalinas, como el r&iacute;o Saman&aacute; Norte, o el r&iacute;o Ot&uacute;n, por nombrar los m&aacute;s cercanos, que adem&aacute;s tienen un valor ecol&oacute;gico &uacute;nico. Relictos de lo que alg&uacute;n d&iacute;a fueron todos los r&iacute;os Andinos.</p>

<p>El r&iacute;o Saman&aacute;, que parece estar ubicado en el eutopos, es el hogar de un gran n&uacute;mero de especies animales y vegetales, muchas de ellas en peligro de extinci&oacute;n como el jaguar, el ocelote, el sa&iacute;no y la tatabra. Adem&aacute;s de algunas cuyo &uacute;nico hogar conocido son los 42 km que tiene el ca&ntilde;&oacute;n del r&iacute;o principal, de las cuales al menos <a href="https://www.researchgate.net/publication/323300977_Rheophytes_of_the_Sam... especies de <a href="https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/preocupa-el-destino... son totalmente nuevas para la ciencia. Es un &aacute;rea importante de desove y sobrevivencia para las especies de peces migratorias del Magdalena como el bocachico, el patal&oacute;, la dorada y el bagre. Sin embargo, y a pesar de que lugares como estos quedan ya muy pocos, todas ellas est&aacute;n amenazadas por el desarrollo hidroel&eacute;ctrico.</p>

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<p style="text-align:justify; margin-right:0cm; margin-left:0cm"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif"><img alt="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... src="https://lasillavacia.com/sites/default/files/silla_llena_media/ckeditor/... style="width:480px; height:640px" /></span></span></p>

<p>Pesca durante la subienda de pescado en el r&iacute;o Saman&aacute;. Foto GIUA.</p>

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<p>El r&iacute;o Saman&aacute;, un r&iacute;o enca&ntilde;onado de riberas boscosas que corre libre (sin la presencia de represas) desde su nacimiento en el p&aacute;ramo de Sons&oacute;n hasta su desembocadura en el r&iacute;o Nare, y a trav&eacute;s del &eacute;ste al Magdalena, es el &uacute;ltimo r&iacute;o libre de Antioquia. Una &uacute;ltima muestra de la belleza intacta de la denominada Provincia de Bosques, Aguas y Turismo. &iquest;no podr&iacute;a ser esta una muy buena raz&oacute;n para declararlo patrimonio de los colombianos y mantenerlo como un r&iacute;o libre? Como me ocurri&oacute; con el Magdalena, &iquest;tendr&aacute;n los colombianos del futuro que recurrir a cr&oacute;nicas y fotos olvidadas para reconocer lo que perdieron?</p>

<p>Y es que la regi&oacute;n que se jacta de ser la m&aacute;s educada, a&uacute;n no ha percibido el valor de lo que tiene, y desde su capital se cierne la amenaza de un cat&aacute;logo de desarrollo del sector hidroenerg&eacute;tico que pondr&iacute;a, no solo una, sino varias represas sobre tan preciado tesoro. Actualmente en la cuenca se viene desarrollando una econom&iacute;a del turismo de naturaleza, como bien ocurre en los R&iacute;os Silvestres y Esc&eacute;nicos de Estados Unidos, que tienen un gran valor para la recreaci&oacute;n y el turismo. &iquest;por qu&eacute; Antioquia no le apunta a esta apuesta?, &iquest;es necesario mencionar acaso los tan sonados impactos que ha tenido la represa que Antioquia construye sobre el Cauca?</p>

<p>Por el pa&iacute;s que queremos, por la defensa del territorio, por el disfrute de los colombianos, me niego a creer que tendremos que llorar sobre la leche derramada, y escribo esto en el marco de un pa&iacute;s que despierta, con el &aacute;nimo de que, como sucedi&oacute; en Am&eacute;rica del Norte, ciudadanos preocupados nos unamos al clamor de una ley que proteja para siempre, y antes de que sea tarde, a r&iacute;os como el Saman&aacute;.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>#r&iacute;osLibres #ParoNacional #R&iacute;osComoPatrimonio&nbsp;</p>

<p>Fragmento de Pescadores del Magdalena:</p>

<blockquote>
<p style="margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:8.0pt; margin-left:0cm; text-align:justify"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif">&ldquo;Durante la can&iacute;cula v&eacute;nse en los arenales los caimanes porros y agujetas calent&aacute;ndose al sol y en los tupidos carrizos inclinados hacia el agua los fogones de tortugas que al sentir un ligero ruido recogen sus extremidades cayendo al punto al oleaje en un ruidoso tolomb&oacute;m. Ya en la tarde posadas en los islotes y boscosas lenguas del r&iacute;o los enjambres de patos chilicos en una algarab&iacute;a de guacharacas. Vienen de las grandes lagunas formadas por el Magdalena en tiempos de creciente. All&iacute; tienen sus nidos en la mara&ntilde;a de los cauchos crecidos al pie de los viveros del pescado. </span></span></p>

<p style="margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:8.0pt; margin-left:0cm; text-align:justify"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif">Las garzas de cinco maravillas o tipos; los patos negros y los claros de un rosado ca&iacute;do, tejen su red de vuelos sobre el Magdalena. Y all&aacute; arriba, en el cielo de turquesa, los sanjuaneros vuelan en cadena caprichosa, rumbo a los arbolocos de la cordillera.</span></span></p>

<p style="margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:8.0pt; margin-left:0cm; text-align:justify"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif">Millares de peces pueblan las aguas dulces del Magdalena siendo el principal el bagre que llega a tener el tama&ntilde;o de un hombre; el patal&oacute; y el s&aacute;balo de escamas grandes cual monedas de cincuenta c&eacute;ntimos, el capaz, la sardinata de seis colores, el caloche gris&aacute;ceo, la mojarra y la tolomba parecidas a escarcelas de plata, el nicuro o barbudo de varias leznas defensivas; la gallega, los cuchos de ojos azules y de distintas especies; el bocachico de arg&eacute;nteo brillo.</span></span></p>

<p style="margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:8.0pt; margin-left:0cm; text-align:justify"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif">Pero los peces no son su sola riqueza. En sus orillas aluvionales chorrea el petr&oacute;leo sus esmaltes negros y el oro cuaja filones en el &aacute;spero pe&ntilde;ascal. Patrullas de mineros, seguidos de la mujer y los hijos, plantan sus toldas de gitaner&iacute;a en sus riberas y los mismos pescadores, cuando merma la abundancia de los peces, toman la batea orera y se van a barehequear, mientras llega en febrero la anual cosecha del pescado que denominan subienda. Tambi&eacute;n las maderas finas y de tinte retratan su arquitectura arb&oacute;rea en los espejos del agua. El lustroso cedro, el caracoli firme, el acu&aacute;par resinoso, el dinde esbelto, los chicales ondulantes...</span></span></p>

<p style="margin-top:0cm; margin-right:0cm; margin-bottom:8.0pt; margin-left:0cm; text-align:justify"><span style="font-size:12pt"><span style="font-family:&quot;Times New Roman&quot;,serif">M&uacute;ltiples, hasta lo imposible en la enumeraci&oacute;n, llegan a ser los productos vegetales que engalanan su ribera: el cacaotal de moradas bellotas adheridas al tronco; los arrozales, hermanos del trigo en su presencia; el tabacal asonante.&rdquo;</span></span></p>
</blockquote>

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