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El turismo hay que hacerlo bien

Camilo Ernesto Gómez
Camilo Ernesto Gómez
Abogado, Investigador asociado al Centro de Estudios Regionales del Sur -CERSUR-
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11 de Agosto de 2019

El país se ha volcado a promover prácticas turísticas con las cuales se espera capitalizar el aumento de los visitantes a nuestros territorios, así como el movimiento de los nacionales, quienes motivados por el mejoramiento de la seguridad se animan a recorrer espacios que antes eran vedados.

Esta política ha sido promovida por el Estado a través de campañas publicitarias que invitan a visitar el territorio nacional y particularmente los Parques Nacionales Naturales (PNN).

En la Amazonía y pie de monte amazónico, por ejemplo, se promociona especialmente al PNN Sierra de la Macarena con la promesa de llegar hasta el mítico Caño Cristales, a la Serranía de la Lindosa que insinúa al reconocimiento de los límites del Chiribiquete, o a la Cueva de los Guacharos.

Lo mismo sucede con la Región Andes Occidentales que alberga el PNN de Los Nevados, el PNN Nevado del Huila y el PNN Puracé.

Son en total 59 áreas naturales que se encuentran adscritas al sistema de parques nacionales, en los que se registra la visita de 1.831.192 turistas en el año 2018, un millón más que en el 2012.

La presencia humana, campesinos o pueblos étnicos, en estas zonas protegidas existe desde hace centurias. En algunos casos estas poblaciones se encuentran allí desde antes de la creación del parque; en otros casos el poblamiento ha ocurrido con posterioridad en procesos de migración por presión social o económica.

El debate sobre la legitimidad o la conveniencia de su presencia en estas zonas ha ocupado parte importante de la literatura académica sobre tierra y ambiente.

Las prácticas de las poblaciones rurales que habitan en PNN se pueden dividir en dos grandes categorías: aquellas que tienen poblamiento nómadas/seminómadas y aquellas que se circunscriben a pequeñas prácticas agropecuarias de papa, coca o ganado.

También existen grandes inversionistas en plantaciones de coca o palma, en ganadería y/o en minería. Estos no son campesinos y no son objeto de este artículo. Todas estas prácticas tienen impactos, en mayor o menor medida, y es necesario regularlas teniendo en cuenta los derechos territoriales de los habitantes, sus formas de vida y las potencialidades de su participación.

En gran medida, la población que habita en áreas protegidas, con presencia de demanda por turismo de naturaleza, ha modificado sus prácticas productivas para integrarse en una cadena comercial que integra diferentes servicios como hospedaje y alimentación en su eslabón más básico, así como guianza, artesanías o experiencias como productos finalizados.

Existe una oportunidad adicional para integrar a esta población de forma adecuada, cumpliendo papeles ambientales necesarios para el Estado, como el monitoreo de fauna, fuentes de información sobre uso del suelo, así como en el apoyo en emergencias y rescate.

Del Parque Nacional Natural de los Nevados a la Amazonía Caqueteña

La presencia del turismo ha traído una nueva dinámica en la región del PNN de los Nevados: en el 2012 entraron 15.384 personas y en el 2018 ya fueron 54.095, es decir que en 6 años aumentó en 351,6% el número de visitantes.
Sin embargo, no es evidente la inversión ocurrida en el parque y en su manejo durante este mismo periodo.

De hecho, el PNN los Nevados aunque cuenta con un Plan de Manejo (2017 – 2022) y este tiene un importante análisis de los impactos del turismo en el ecosistema y de los beneficios del mismo, solo establece capacidad de carga para el sector del norte, dejando por fuera parte importante del área protegida.

El Parque cuenta con antiguos senderos trazados por la comunidad, que primero fueron importantes vías de comercialización entre las poblaciones de los Andes, luego fueron rutas de los actores armados durante el conflicto, y que ahora son usadas para el abastecimiento de las familias así como para los senderos promocionados por el paquete turístico nacional.

En cuanto al poblamiento y sus actividades productivas, a lo largo de extensas rutas de páramo pobladas gramíneas, rosetas y arbustos, es común observar pastar bovinos y ovinos en medio de los frailejones, así como cultivos comerciales que se araron a costa del ecosistema alto andino.

Entonces, hay en la región alto andina una demanda creciente de turismo de naturaleza y población oriunda de este ecosistema, que necesita fuentes de ingresos para vivir de forma digna.

El cambio productivo no puede quedar a cargo del mercado de forma exclusiva, pues ante la existencia de externalidades negativas derivadas de la masificación de la demanda sin oferta local que la capte adecuadamente, se requieren estímulos adecuados del Estado a la población para que dé un salto a la prestación de servicios ligados al turismo de naturaleza y a la conservación activa del ecosistema, financiada con recursos públicos.

Es importante mencionar que aún cuando aumentan los visitantes, los recursos que estos dejan se reparten en una cadena que incluye agencias, transportadores, aseguradoras, restaurantes, guías y hoteleros.

El eslabón más débil de toda la cadena se encuentra en los pobladores que se mantienen en el hábitat de montaña, quienes al no tener fuentes alternativas de ingresos desarrollan producción agropecuaria, generalmente poco rentable. Ellos son los llamados a ser los guardianes del parque.

Caso distinto es el que se encuentra en el Caquetá, pues hasta ahora se está construyendo un nombre ligado al turismo de aventura y de naturaleza.

Esta oportunidad se ve estimulada esencialmente por el Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y las Farc, que se representa en una evidente disminución de las acciones armadas ilegales.

En el Caquetá se ubican 13 áreas protegidas, de las cuales solo se tiene registro de visitantes en el PNN Cueva de los Guacharos, al cual entraron 668 personas en 2012 y ya en 2018 fueron 1.217, apenas el 0,06% de los registrados en el país.

Sin embargo, desde el 2016 aumentaron notablemente las visitas al Caquetá por parte de nacionales y extranjeros: de 44.065 a 55.328, según observación solamente de las entradas aéreas.

Hasta ahora la política de turismo estaba diseñada con base en el Plan de Desarrollo Turístico de Caquetá, elaborado en el año 2012, que identificó: una infraestructura mínima y concentrada en Florencia; circuitos que apenas intervenían sobre las cabeceras municipales; ofertas de aventura suscritas a escenarios acuáticos, más claramente a los ríos; poca o nula extensión a las comunidades nativas; capacidades limitadas de las empresas locales por un bajo conocimiento de las comunidades étnicas, de fauna, de flora, de técnicas deportivas, y por perspectivas de sostenibilidad limitadas.

Aún cuando en estos años los operadores turísticos se han venido formando, el panorama cambia poco pues las acciones de fortalecimiento recibidas desde el Estado han estado dirigidas a capacitación sobre política de turismo, sin inversión para el desarrollo de éstas.

Ahora desde el Estado dieron inicio a la política de “Turismo Paz y Convivencia” para la que contrataron a la empresa bogotana La Tercera Mirada, desde donde priorizaron 8 municipios, identificaron 21 empresas privadas y 5 procesos comunitarios.

La mayoría de las iniciativas identificadas dentro de la política son acciones de gestión ante entidades públicas y de acompañamiento de tipo técnico a los actores identificados.

Las responsabilidades de inversión y de transformación quedan descargadas en las entidades territoriales y en los prestadores de servicios turísticos. El papel de ordenamiento queda a cargo en su mayoría del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.

La iniciativa que se plantea hasta el 2023 es necesaria y ambiciosa: impulsar alianzas importantes entre las asociaciones comunitarias, los operadores turísticos, los excombatientes y escenarios de participación públicos como la Mesa Sectorial de Turismo.

Sin embargo, atendiendo a las experiencias, se debe abordar de forma decidida cuatro asuntos:

Gestión de los Parques Nacionales Naturales: Pues son escenarios propicios para las prácticas deportivas y de turismo, su regulación tiende a complejizarse y la población que se ubica dentro de áreas de parque no parece incluirse en la propuesta.

Un ejemplo de esto es la creación de los “Lineamientos de actividades deportivas de montaña y escalada en Parques Nacionales Naturales de Colombia”, los cuales aunque bien intencionados diseñan un complejo trámite burocrático para el Estado, para los operadores turísticos y para las personas que practican actividades deportivas.

Debe priorizarse inversiones en infraestructura y equipos para las comunidades y los operadores de turismo, así como estrategias de acceso a créditos blandos.

Parte de los límites de las iniciativas se encuentran en la debilidad económica de los agentes locales. Enfocarse en las adecuaciones políticas y en el mercadeo de la oferta departamental propiciará la llegada de grandes operadoras, que aunque necesarias, sacarán de la competencia las iniciativas locales.

En consecuencia, es necesario enfrentar el desafío para evitar el aniquilamiento de éstas últimas.

Estimulación de iniciativas locales no turísticas, pues el ambiente como bien común debe propiciarse para el uso colectivo, sin que su desarrollo se limite a la intermediación mercantil del mismo. Estimular el uso social del ambiente deriva en pedagogía de conservación, en vida saludable, en ampliación de la demanda local y en la especialización de prácticas.

El punto más complejo de la planeación de iniciativas comerciales en espacios naturales tiene que ver con la protección de los espacios mismos.

Si bien estudiar la capacidad de carga es importante, para el Caquetá es necesario revisar las dinámicas de poblamiento del espacio y los efectos que se deriven de nuevos procesos comerciales en el espacio, pues si en los Andes el conflicto de turismo y ambiente se dan por sobre explotación de las áreas y por conflictos en el uso del suelo, en la Amazonía el reto está en superar la deforestación que va de la mano del modelo ganadero.

Al ser una propuesta en desarrollo tenemos la oportunidad de realizarla bien.

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