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Paz en la guerra

Gonzalo Agudelo Hernández
Gonzalo Agudelo Hernández
Politólogo.
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28 de Abril de 2019

<p dir="ltr">Así tituló su libro, Tatiana Duplat Ayala, la historiadora y música autora de este estudio que se presenta en la Feria Internacional del Libro, de &nbsp;este año en Bogotá.</p>

<p dir="ltr">El libro analiza y relata <strong><em>el proceso de reconciliación</em></strong><b> </b>que se vivió en la región del Alto Ariari, en el departamento del Meta, en la turbulenta época cuando terminaba el frustrado &nbsp;proceso de negociación de Pastrana con las Farc y se asomaba una de las décadas más sangrientas de nuestra historia.</p>

<p dir="ltr">El proceso que llevó a las comunidades de los municipios de El Dorado y El Castillo a reencontrarse y, a construir juntos, una región donde todos caben y que sus diferencias, antes de ser amenazas para los otros, son oportunidades &nbsp;de crecer, no sobre las cabezas de los demás sino de su brazo.</p>

<p dir="ltr">Este proceso permitió a las comunidades levantarse como actor protagónico y autónomo frente a los grupos armados. Pensar y actuar por sí mismos.</p>

<p dir="ltr">El proceso trabajó varios conceptos teóricos que coincidentemente &nbsp;por los mismos años, varios teóricos sociales de América y Europa (Vicent Fisas, Francisco de Roux, J. Galtung, Francisco Muñoz, John&nbsp;Paul Lederach, Iván Orozco, De Sousa Santos, Absalón Machado, Chantal Mouffe, Darío Fajardo…) estaban produciendo textos sobre fundamentos de la investigación &nbsp;para la paz, con teorías de “Cultura de paz” y “Construcción de paz”.</p>

<p dir="ltr">Así, el proceso&nbsp;enfatizó de manera empírica &nbsp;y visionaria, en elementos sustanciales como lo simbólico, “<em>Los intangibles</em>” como referentes comunes, &nbsp;los imaginarios colectivos.</p>

<p dir="ltr">La confianza nacida de la esmerada y celosa tarea de construir colectivamente a partir de las diferencias, de “mirarse a los ojos”. La memoria como elemento sanador, poder recordar sin odio.</p>

<p dir="ltr">La Memoria como dice William Ospina, “como bálsamo y espejo”; no para exacerbar odios, sino para saber que nunca más se puede volver a vivir la guerra. <em>Perdonar</em> era algo remoto para la época y con un relato hermoso que da cuenta de perdón, veinte años después, cierra el libro.</p>

<p dir="ltr">El<b> </b><em>proceso de reconciliación</em><b> </b>se enmarca en un decidido propósito colectivo y &nbsp;de formación de ciudadanía en procura de la construcción, ampliación y profundización de la Democracia.</p>

<p dir="ltr">Un proceso que con la reconciliación puesta como telón de fondo siempre, construye poder social local, apropia un discurso de construcción de “paz positiva”, más allá del silenciamiento de los fusiles, que se asume en medio del conflicto entre civiles que no participan en el enfrentamiento y que le apuesta a construir un futuro compartido.</p>

<p dir="ltr">Este <em>proceso de reconciliación</em>, tuvo varias características particulares y ricas como objeto de estudio, que a la luz del juicioso análisis que aborda Duplat, &nbsp;“…se encuentra cimentado sobre los fundamentos de la investigación para la paz, en tanto represente una disciplina que considera la paz como un objeto de estudio diferente a la violencia”</p>

<p dir="ltr">La construcción colectiva, que se dio en el Alto Ariari, trabajó fundamentalmente por el reencuentro de seres humanos, se hizo a partir de lo que ya otros habían construido antes; es &nbsp;quizás un antecedente nacidos desde las comunidades de lo que hoy se ha dado en llamar <em>paz territorial</em>.</p>

<p dir="ltr">“Este proceso aporta a la necesidad de fortalecer la institucionalidad, la gobernabilidad democrática (…) a destacar el papel del ciudadano como artífice y protagonista de sus posibilidades de vida. Constituye claramente una opción de vida” &nbsp;Dijimos.</p>

<p dir="ltr">Y aclaramos “Nosotros no somos neutrales: no queremos estar contemplando el panorama. Nosotros tomamos partido. Estamos por un Estado Social de Derecho, estamos por la justicia social, por la posibilidad de resolver nuestra diferencias de una manera constructiva, por la Democracia.”</p>

<p dir="ltr">“Nosotros, estamos comprometidos con la formación de un Estado fuerte. Fuerte porque sirve y respeta a los ciudadanos, fuerte porque brinda oportunidades para todos, fuerte porque no es corrupto, fuerte porque da buen ejemplo, fuerte porque es justo, fuerte porque brinda condiciones de dignidad y de vida para todos y todas. Un Estado fuerte porque tiene relaciones no de obligaciones de sus asociados sino de deberes, y no de favores a sus ciudadanos sino de derechos”</p>

<p dir="ltr">Tatiana Duplat concluye con un anhelo, “La experiencia de paz del Alto Ariari expresa una idea de paz como camino: la paz hecha metáfora viva en la carretera que comunica El Castillo con El Dorado allí donde empezó este libro hace veinte años; la paz como un proceso imperfecto, de construcción permanente, y no como una meta acabada de un futuro utópico e inalcanzable, la paz como un presente posible” &nbsp;</p>

<p dir="ltr">Tatiana Duplat además de historiadora es música, tal vez por esto mismo escribió su libro en Re mayor. Reencuentro. Respeto. Reparación. Recuerdo. Reconciliación.</p>

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