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Guaviare, el reconocimiento de una cultura con una gran riqueza natural

El turismo sostenible podría resolver líos de deforestación en el Guaviare

Julio Botella
Julio Botella
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14 de Octubre de 2019

El departamento del Guaviare es considerado una de las puertas de la Amazonía. Reúne características propias tan especiales que la convierten una zona privilegiada y única en el mundo. Lamentablemente, es una zona amenazada y merecedora de una atención y protección especial.

Gran parte del Departamento del Guaviare es parte de la gran Reserva Forestal de la Amazonía y alberga diferentes zonas naturales con reconocimiento jurídico especial, como la Zona de Preservación de la Serranía de la Lindosa (ampliada en casi un 30% recientemente), las Reservas Naturales y Resguardos de los Nükak Makú y otros pueblos indígenas; o La serranía de Chiribiquete, en plena declaratoria como Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad , que con sus más de 4,5 millones de hectáreas es el más grande de todo Colombia. Es decir: el Guaviare cuenta con más de seis millones de hectáreas con diferentes niveles de protección y reconocimiento.
 
Durante décadas la región ha mantenido algunas de estas riquezas, recursos naturales y culturales. La coyuntura pasada del conflicto armado, el narcotráfico y actividades ilícitas, lo convirtieron en un territorio casi inaccesible y paradójicamente logró que se haya conservado. 

Sin embargo, los dos procesos, el de Paz y el recurrente escenario en los cultivos ilícitos, han traído una nueva accesibilidad al territorio, una apertura con un gran impacto: por un lado, el territorio y sus riquezas son accesibles para visitantes, turistas y potenciales nuevos pobladores. Por otro, esa accesibilidad amenaza a los ecosistemas y su subsistencia, debido a la invasión de la frontera agropecuaria. Esta invasión, centrada sobre todo en la ganadería bovina extensiva y en los cultivos de praderización, también extensiva, tiene unos efectos que aparecen casi tan rápido como los primeros ingresos fruto de su explotación.


 La frontera agropecuaria infringe una herida al medio ambiente que daña también al habitante local y cuyos efectos dañinos aparecen tan rápido como los primeros ingresos producto de su explotación. Sobre todo, si se tiene en cuenta que El Guaviare, junto con los departamentos de Caquetá y el sur del Meta, concentran el 60% de la deforestación del país. Más allá, en 2017, siete municipios de la zona (San Vicente de Caguán, La Macarena, Calamar, Cartagena del Chairá, Solano, San José y El Retorno) aumentaron un 100% su superficie deforestada respecto a 2016, concentrando en ellos casi el 50% de la pérdida de bosque de todo Colombia. 

Es por esto que los propios actores que buscan alternativas de subsistencia desde otras disciplinas como la científica, la agropecuaria, la medioambiental e incluso las administraciones públicas, hayan incluido el turismo como una de las mejores alternativas para el desarrollo económico y sostenible de la región, para hacer un uso sostenible del territorio, dando otra vida al territorio por su atractivo en sí mismo y su riqueza natural.
 

Los proyectos de desarrollo de turismo sostenible cuentan con la ventaja de que aglutinan a su alrededor al resto de actores: la cooperación de universidades para los estudios biológicos, de carga y monitorización, de organismos públicos para capacitación y profesionalización, fomenta la organización de entidades locales y está en sintonía con toda la tendencia mundial eco-responsable, como lo demuestran los records en visitas turísticas y repercusión de la fotografía de naturaleza ornitológica en la región del Guaviare a nivel internacional. 
 
La región tiene unas infraestructuras muchas veces precarias y tiene grandes retos en diferentes niveles y para poder avanzar en una buena dirección. Pero poco a poco las cosas se van cristalizando en unión para beneficio de todos, en organizarse para mejorar la gestión, promoción, planificación, con una sola voz común, en el laberinto del turismo. Al menos el diálogo existe y es sobre este tema y se pone sobre la mesa la importancia y viabilidad del turismo sostenible como alternativa ecológico-económica para el medio ambiente y la población.

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