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¿Cómo parar la deforestación en Colombia?

Alirio Calderón Perdomo
Alirio Calderón Perdomo
Abogado y Defensor de Derechos Humanos
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Columna

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02 de Mayo de 2019

<p dir="ltr"><em>Foto de portada: Rodrigo Botero.</em></p>

<p dir="ltr">La deforestación en Colombia y en el mundo es un tema que hoy nos compete&nbsp; y afecta a todos.</p>

<p dir="ltr">Para eso el Estado ha diseñado varias estrategias. Se ha legislado (ley 1753/2015) y hay hasta sentencias de la Corte Suprema de Justicia (la STC 4360-2018&nbsp;del 05 de Abril de 2018), que aúnan esfuerzos &nbsp;en la misma dirección de frenar la deforestación y volver sujeto de derechos a la Amazonía, pero el problema es cada vez más grande y por eso parece inalcanzable la meta a la que se comprometió Colombia en la Cumbre de París, de reducirla a cero en 2020.</p>

<p>Son varios los factores que han alterado el dramático crecimiento de la deforestación en Colombia.</p>

<p>Quiérase o no reconocer, el primer paso de este acelerado crecimiento en la Amazonia Colombiana, especialmente en los departamentos de Caquetá, Guaviare, Putumayo, Amazonas y sur del Meta, se presenta por la salida de esos territorios de la guerrilla de las Farc, que los preservaban a la fuerza, no por su vocación ambientalista, sino porque era la manera más efectiva de conservar esa retaguardia que fue segura para ellos por décadas.</p>

<p>Otro factor determinante en ese desbordado crecimiento de la deforestación en este territorio, que abarca un 70 por ciento del presentado en el País, se está dando por la difícil situación económica que están viviendo los habitantes de estas zonas, por la abrupta salida &nbsp;de la economía ilegal del narcotráfico y de la economía de guerra, que desde la ilegalidad y la legalidad y el propio estado, estaba afincada en estos territorios.</p>

<p>Un tercer factor determinante de este holocausto ambiental, es la concentración de las tierras productivas en manos de las élites políticas, empresariales y latifundistas del centro del país y de los propios departamentos afectados, que obligan a pequeños y medianos campesinos a venderles sus tierras y convertirlos en nuevos colonos, amén de que han encontrado igualmente en dichos territorios el semillero perfecto para acrecentar sus negocios palmeros, ganaderos, azucareros, arroceros, mineros y los propios negocios de cultivos ilícitos.</p>

<p>Un último factor determinador de tan nefasta agonía de la Amazonia Colombiana es la pésima debilidad Institucional. Mientras el Estado con sus centralistas e improvisadas estrategias avanza a 20 km por hora, los factores de deforestación lo hacen a 120 km por hora, sumados al mayor obstáculo que tiene hoy esa institucionalidad, que es la rampante corrupción, que se presenta hoy por igual en el nivel central, como en lo regional y local.</p>

<p><strong>¿Qué hacer?</strong></p>

<p>Sin duda las soluciones siempre son más difíciles y costosas que la planeación y la prevención de los problemas sociales; pero si queremos frenar &nbsp;este gravísimo problema, hay que impulsar cuatro estrategias y un par de decisiones contundentes.</p>

<p>En primer lugar, hay que lograr un revolcón al SINA (Sistema Nacional Ambiental) y hacer un revolcón total de esa secular legislación, que ya no consulta la realidad ambiental del país y que en buena hora el actual Rector de la Universidad de la Amazonia, Gerardo Castrillón, quiere impulsar, haciéndola extensiva y correlativa con los nuevos escenarios internacionales.</p>

<p>La segunda estrategia y decisión contundente debe ser la toma de decisiones políticas, administrativas y judiciales, como la reciente del Tribunal Superior del Meta, frente a al congresista Gustavo Londoño García, por &nbsp;adjudicación ilegal de baldíos, pero también con una política de garrote y de zanahoria, frente al tratamiento tributario y de compensaciones, a poseedores y propietarios de tierras en la Amazonia. También hay que declarar una urgencia manifiesta, para darle tratamiento de zona de frontera, a toda la Amazonia Colombiana, que le permita gravitar sus economías, a opciones distintas a las hoy establecidas (extractivismo, ganadería extensiva, minería y cultivos ilícitos).</p>

<p>La tercera tiene que ser un esfuerzo decidido del Gobierno Nacional, para propiciar un revolcón en tecnología e investigaciones autóctonas, que permitan rápida y financieramente sostenibles, modelos y &nbsp;proyectos que desestimulen la adquisición de tierras y la explotación.</p>

<p>Una cuarta es sin duda hacer una revisión a fondo del Agencia Nacional de Licencias Ambientales, Anla, &nbsp;y la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, especialmente en lo que tiene que ver con el otorgamiento de licencias ambientales en áreas ambientalmente tan sensibles como la amazonia y la utilización del fracking en la exploración y explotación de petróleo, la construcción de hidroeléctricas, el uso &nbsp;del cianuro en la explotación de oro y de químicos como el amoniaco y el ácido sulfúrico, entre otros para la producción de cocaína.</p>

<p>Ojalá los intereses que regional y localmente se anteponen a cualquier &nbsp;reforma que consulte el altruista interés de la humanidad y el de nuestra nacionalidad, que lamentablemente hacen causa común con quienes ostentan el poder nacional, permitieran un timonazo histórico para salvar la Amazonia Colombiana; de lo contrario seguiremos viendo pequeños campesinos esposados y recursos públicos dilapidados y en bolsillos de los particulares de siempre, con las impunidades de siempre.</p>

<p>Mientras tanto estas bellas y exuberantes riquezas naturales como el parque de Chiribiquete (declarado Patrimonio mixto de la humanidad por la Unesco), los bosques de niebla más importante de Colombia, la mayor y más limpia riqueza hídrica del país, el parque Luis Hernando Turbay, único parque natural y ambiental de Florencia, que propende por la creación de un banco de genética para la Amazonia y la más variada y exuberante &nbsp;fauna y flora, agonizante y en grito lánguido de súplica, imploran que de verdad hagamos algo importante para salvarlos y conservarlos.</p>

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