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La ciudad envenenada

Ánderson Villalba
Ánderson Villalba
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17 de Febrero de 2020

<p>La imagen es impactante desde donde se le mire: Bucaramanga, desde la vía que la comunica con el Aeropuerto Internacional Palonegro, al fondo, es invisible. No se trata de una ráfaga de agua ni de una niebla inofensiva: es una capa espesa que la oculta y que pareciera tragársela entre su veneno y sus gases y su material particulado y su humo.</p>

<p>La calidad del aire en Bucaramanga y el Área Metropolitana ya dejó de ser un tema al que se vuelve de cuando en cuando, en alguna medición para la galería, y se convirtió en un verdadero asunto de urgencia que responde a ese otro llamado general, global, que ya define las agendas políticas y traza el camino de los países, asustados ante lo que unos profetizan como el canibalismo más atroz de la historia reciente: el del hombre aniquilando las condiciones para su propia supervivencia.</p>

<p>Y el aire contaminado que estamos respirando, por el cual ya se <a href="https://www.vanguardia.com/area-metropolitana/bucaramanga/por-mala-calid...ó</a> un “estado de prevención” que no parece ofrecer demasiadas soluciones en el mediano plazo —es una medida coyuntural para un problema estructural—, <a href="https://caracol.com.co/emisora/2020/02/15/bucaramanga/1581769139_654440.... la urgencia: tres de las cinco estaciones que miden la calidad del aire en el Área Metropolitana ya están en reporte naranja, es decir, un aire dañino que ya puede tener implicaciones de salud pública.</p>

<p>Algunos expertos coinciden en que es un fenómeno corriente para estas fechas, sí, pero las cifras últimas también son un llamado de atención y, sobre todo, un recordatorio de la ligereza con la que se ha abordado el cambio climático y la urgencia de incorporar medidas serias en materia de transición energética que disipen, así sea como una forma de la esperanza, el avance sin frenos del cambio climático y su impacto en la vida de todos nosotros, en la cotidianidad de todos nosotros.</p>

<p>Las <a href="https://www.vanguardia.com/area-metropolitana/bucaramanga/el-carrasco-ti...órrogas</a> sin fin al cierre del relleno sanitario del Carrasco y&nbsp;la demora de diecisiete años en encontrar otro sitio para la disposición de las basuras, la avalancha de hace unos días en Floridablanca, la discusión ambiental (y política) alrededor del páramo de Santurbán, el <a href="https://www.vanguardia.com/area-metropolitana/bucaramanga/ordenan-ejecut... en los asentamientos del sur de Bucaramanga: todo —todo— gira una y otra vez y tarde o temprano recae en la pobre gestión ambiental de&nbsp;nuestros gobernantes recientes, para quienes el asunto ambiental se reducía a sembrar un par de árboles para las fotos y entregar bolsas reutilizables, como si no estuviéramos ante una amenaza que nos confronta como especie sino ante una situación normal.</p>

<p>Y no. No es normal. No es normal porque ya <a href="https://www.researchgate.net/publication/269579656_P2-466_Air_pollution_... nuestra salud. Porque desnuda la improvisación de todos los días, la poca seriedad de todos los días. Porque toca intereses poderosos. Porque no ha habido voluntad. Porque al parecer no nos hemos percatado de la inminencia del desastre que se agiganta en nuestras manos. El cambio climático y sus alcances encaran, de hecho, nuestros supuestos morales, y pone en duda la forma en la que nos hemos organizado durante años.</p>

<p>Así lo describió David Wallace-Wells en&nbsp;<i>El planeta inhóspito</i>: “El cambio climático acelerará dos tendencias que ya están desvirtuando hoy en día esa promesa de crecimiento: en primer lugar al provocar un estancamiento económico global que, en algunas regiones, se vivirá como una recesión sobrecogedora y permanente; y, en segundo, al castigar con mucha más dureza a los pobres que a los ricos, tanto a escala global como dentro de cada unidad política, y al poner de manifiesto una desigualdad económica en aumento, intolerable ya para un número cada vez mayor de personas”.</p>

<p>Las noticias desde Cali, desde Medellín, desde Bogotá, los debates desde los <a href="https://lasillavacia.com/silla-llena/red-verde/como-mitigar-cambio-clima... todo parece indicar, a fuerza de las circunstancias, y castigados por ellas, que ya es hora, por fin, de poner el tema sobre la mesa, de que los que deben hacerlo tomen medidas serias, estructurales, que replieguen el deterioro del equilibrio ambiental y nos preparen ante la inminencia del cambio climático y sus coletazos en todos los campos.</p>

<p>Acaso no pase nada: acaso sigamos moviéndonos debajo de ese manto insano de aire envilecido de gases y material particulado, acaso sigamos tosiendo sin reconocer que la causa está moviéndose entre todos nosotros. Acaso debamos esperar otra urgencia, otra emergencia, otra coyuntura preocupante. Quizá entonces no nos espere ningún reloj. Y ya no nos sirvan los lamentos.</p>

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