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¿Qué tienen que ver las ciudades con la equidad?

La discusión sobre lo que puede hacer una ciudad para construir equidad es larga y compleja, pero afortunadamente cada vez hay más interes y mejores espacios para continuar construyendo. Nueva entrada del "Lío de las ciudades". 

Cristina Vélez
Cristina Vélez
Historiadora, exsecretaria de Integración Social
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14 de Diciembre de 2019

Me han preguntado más de una vez qué tenía que ver yo con abogadas penales si trabajaba en el gobierno de la ciudad, cuando cuento lo que pasó en la primera semana de diciembre de 2016, cuando un hombre de 40 años, que había nacido en una cuna de privilegios decidió secuestrar, torturar, violar y asesinar una niña indígena de 7 años que estaba jugando en la calle de su barrio con sus amigos un domingo por la mañana.

No es obvio que el gobierno de una ciudad tenga un ejército de abogadas trabajando en mejorar el acceso a la justicia a mujeres víctimas de violencia. Tampoco es obvio que las organizaciones de mujeres hayan logrado que, a pesar de su reticencia, Gustavo Petro cumpliera el compromiso que habían adquirido todos los candidatos a la Alcaldía en 2011 de crear la Secretaría de la Mujer siguiendo los pasos de Medellín en 2007.

Tampoco es obvio que un Alcalde que la gente percibía erróneamente como lejano a los temas de género, Enrique Peñalosa, le hubiera apostado tanto a la Secretaría de la Mujer, dándole un rol preponderante en su gabinete, aumentando su presupuesto y adoptando un discurso de equidad y de lucha contra el machismo en todo su trabajo, empezando por haber reclutado un gabinete paritario desde el día uno de su mandato. Menos obvio, que la alcaldesa electa, Claudia López, acérrima crítica del gobierno Peñalosa, haya reconocido el trabajo en materia de género de su antecesor y haya incluído en su discurso de campaña la lucha contra el machismo, como lo hizo Enrique Peñalosa.

Y no es obvio, porque como toda historia, es específica. Y entender por qué la historia de la política de mujer y equidad de género en Bogotá es específica a la capital, es la mejor manera de sentar las bases para que los alcaldes y gobernadores que estarán jurando que van a honrar  la patria,  la constitución y la ciudadanía enfrente de una bandera el 1 de enero de 2020, puedan construir planes de desarrollo que mejoren las condiciones de las mujeres en todo el país y que construyan verdadera equidad. La historia de la Secretaría de la Mujer de Bogotá tiene cuatro patas, como La Silla Vacía, cada una con su respectivo reto.

La primera pata es el impacto de las organizaciones de mujeres en la creación de la Secretaría y de los programas de equidad de género en Bogotá y las sanas tensiones que se generan. La segunda pata es la de la descentralización, uno de los temas más complejos para cualquier gobierno territorial. La tercera, es la de la transversalización como un elemento fundamental de cualquier política de mujer y género, y la importancia de la información para lograrlo. Y la última pata tiene que ver con sumar tanta gente como sea posible al proceso y los retos de haber hecho bien la tarea.

La pata de las organizaciones de mujeres

Las organizaciones de mujeres en Bogotá están articuladas, trabajan coordinadamente y tienen una agenda común. Después de años de activismo han aprendido a negociar las cosas entre ellas antes de llevarlas a la mesa y esto ha construído un movimiento sólido. Pero esto no empezó ayer.

Bogotá fue la sede el primer encuentro feminista latinoamericano en 1981. Cientos de mujeres feministas, incluyendo las de la capital, se reunieron para conocerse y para definir agendas de trabajo conjunto. Este fue un hito para la orientación que fueron tomando diferentes organizaciones de mujeres, que venían de trabajar con poblaciones vulnerables y con niños y niñas en guarderías comunitarias y diferentes proyectos comunales. Durante los 80 y 90 se consolidaron asociaciones, cooperativas, fundaciones y grupos de trabajo de mujeres con agendas feministas que estaban poniendo sobre la mesa las discusiones sobre la participación política de las mujeres, los retos de la violencia basada en género y estaban proveyendo servicios legales y de refugio para la atención y protección de víctimas.

Fueron estas mismas organizaciones las que trabajaron con el apoyo de la Cooperación Española en la elaboración del primer Plan de Igualdad de Oportunidades y Equidad de Género y establecieron dentro de la Alcaldía de Bogotá, durante la administración de Lucho Garzón, una oficina asesora de la política pública cuyo objetivo era la transversalización de la política de género en el Distrito. También, fueron ellas las que acordaron con el Gobierno Distrital las reglas del juego para contar con un Consejo Consultivo de Mujeres, elegido cada cuatro años, en el que mujeres, que pertenecieran a grupos organizados de todas las localidades, de todos los grupos étnicos y poblacionales y que, además, representaran los diferentes derechos de las mujeres, pudieran influir de forma organizada sobre la políticas públicas y las decisiones que tomara el gobierno de Bogotá.

Así mismo, fueron ellas, junto con un grupo de funcionarias del distrito que de alguna manera fueron conformando una especie de tecnocracia feminista, las que le fueron dando la forma a lo que hoy es la política de mujer y equidad de género del Distrito con todas sus aristas.

Durante las elecciones locales de 2011, el Consejo Consultivo de Mujeres, con el apoyo de organizaciones nacionales, hicieron que todos los candidatos a la Alcaldía se comprometieran a crear la Secretaría de la Mujer durante su gobierno. Después del impacto que había tenido la Ley 1257 de 2008, en la que participaron en su elaboración Congresistas de todas las orillas políticas y en la que habíamos visto a Marta Lucía Ramírez y a Piedad Córdoba jalando para el mismo lado por una misma causa, era imposible que un candidato no firmara este acuerdo. Las mujeres estábamos convirtiéndonos en un tema ineludible para cualquier gobernante.

El ganador de las elecciones fue Gustavo Petro, quien nombró como Subsecretaria de Mujer, Género y Diversidad Sexual en la Secretaría de Planeación a Martha Lucía Sánchez, socióloga feminista, cercana a las organizaciones de mujeres de Bogotá, para que le diera forma al proyecto. Como él mismo lo contó en su cuenta de Twitter, nunca estuvo convencido de la creación de la Secretaría, pero las organizaciones de mujeres no iban a dejar pasar la promesa y eventualmente se creó el cascarón jurídico de la organización en 2012 con el equipo de la Subsecretaría de Equidad de Planeación y los proyectos de inversión que ésta venía liderando.

El cascarón se llenó al año siguiente con más proyectos de inversión, con presupuesto propio y jalando de otras entidades programas que tenían que ver con la construcción de equidad y la garantía de los derechos de las mujeres que estaban anidados en la Secretaría de Gobierno, que manejaba las Casas Refugio desde la Dirección de Derechos Humanos, la Secretaría de Planeación que lideraba el ejercicio de transversalización y el Instituto Distrital de Participación y Acción Comunal que tenía a su cargo las Casas de Igualdad de Oportunidades que existían en ese momento.

Eventualmente, la Secretaría tuvo su propio espacio, liberando el segundo piso de la Casa de Igualdad de las Mujeres de Candelaria. En todo este tiempo, las organizaciones de mujeres estuvieron ahí. Presionando para que se aumentara el presupuesto en el Concejo, exigiendo resultados a la Secretaria, movilizando mujeres para ejercer presión y protegiendo el terreno que habían ganado. Para las elecciones de 2015, ya era un sector más de la arquitectura institucional del Distrito.

En su discurso de posesión, Enrique Peñalosa mencionó la reducción del embarazo adolescente y la lucha contra el machismo como dos de las prioridades de su administración. La vara estaba alta y las organizaciones de mujeres estaban pendientes, y bastante escépticas debo decir, de lo que podía lograr la administración de Peñalosa en esta materia. De hecho, mi inauguración como Secretaria de la Mujer en febrero de 2016 fue un cacerolazo del Consejo Consultivo de Mujeres en el Palacio Liévano, en un momento en el que todavía no había consolidado mi posición dentro del gabinete, todavía estábamos construyendo un Plan de Desarrollo y en el que yo todavía no conocía la lógica de estas organizaciones.

Y empiezo esta historia hablando de esta pata porque en Bogotá, hacer políticas públicas sin contar con las personas interesadas, es imposible. Por supuesto, el esquema de participación no es perfecto, necesita ajustes y hasta el momento ha perpetuado algunos liderazgos reticentes a cambios o a relevos generacionales. Pero es un esquema sólido, cuya legitimidad es reconocida por las mujeres que han participado en el proceso en todas las localidades de Bogotá y que debería ser replicado en el resto del país, e incluso, en la relación con el Gobierno nacional. La legitimidad y el poder que tienen las organizaciones de mujeres en Bogotá se ha bordado laboriosamente desde hace más de cuatro décadas y este tejido no se hubiera podido hacer sino en el marco de las dinámicas de una ciudad.


La pata de descentralización en los temas de mujer y género

La responsabilidad de la política de mujer y género está diluida en Colombia. Uno de los principios básicos de la ley 1257 de 2008 es la integralidad de la atención a las víctimas de violencia basada en género. Esto se refiere a que las entidades que conforman el Estado, desde el juez, hasta el comisario de familia, pasando por los prestadores de salud y los operadores de los refugios para víctimas, tienen que trabajar de manera integrada para prestarle a las víctimas una atención completa, sin intersticios entre servicio y servicio.

La única manera de prestar una atención integral es a través de los entes territoriales, quienes son los que pueden en la práctica resolver los vacíos de la atención entre un espacio y el otro. Adicionalmente, aunque los entes territoriales no tienen control sobre la política judicial, el funcionamiento de las Comisarías de familia (mas no las decisiones que tomen) y los espacios de acceso a la Justicia como las Casas de Justicia, son responsabilidad de estos.

Así mismo, también lo son los centros de salud, los colegios, y en los casos de ciudades donde hay refugios para mujeres en riesgo feminicida, también son responsabilidad de las ciudades. Incluso, hay ciudades como Bogotá que han destinado recursos para impulsar desde su competencia el proceso judicial con un equipo de abogadas que orientan a las mujeres y que en algunos casos incluso las representan ante la justicia.

El Gobierno Nacional cuenta con una Consejería Presidencial para las Mujeres, cuyo rol es coordinar y dictar la política pública de mujer y equidad de género, pero que no tiene, ni debería tener capacidad operativa. Esto implica que la descentralización en este asunto, más que una decisión deliberada, es una respuesta a la realidad institucional con la que contamos.

Sin embargo, el problema no está en que los gobiernos territoriales asuman estas funciones. Eso está bien. El problema está en que no hay partidas presupuestales de la nación para que los municipios o gobernaciones operen esquemas de atención, protección y prevención de violencias y menos para que implementen políticas integrales de promoción de derechos. Los recursos del Sistema General de Participaciones no solo no alcanzarían, sino que no hay una vía legal para invertirlos en estos temas.

Así, las ciudades que han desarrollado esquemas de atención a mujeres y políticas de promoción de equidad son las que tienen autonomía fiscal y un interés específico del Gobierno del momento en el tema. Medellín abrió camino, siguió Bogotá, Cali ha hecho sus pinitos, las gobernaciones de Antioquia, Atlántico y Meta y la Alcaldía de Villavicencio han dado pasos y detrás están otros municipios que han dado sorpresas, como Facatativá con un trabajo concreto sobre los derechos de las mujeres en ejercicio de prostitución.

El desarrollo es desigual y poco consistente, un poco como lo es la institucionalidad regional y local colombiana. Sin entrar a cumplir funciones en el territorio que no solo no le competen, sino que le serían imposible de ejercer, el Gobierno Nacional debería organizar el trabajo regional para la promoción de los derechos de las mujeres y avanzar en el proceso que ha liderado la Vicepresidenta con la Consejera para las Mujeres muchísimo más.

El paso previo, sin embargo, incluye una modificación de las reglas del juego que le permita a los entes territoriales usar recursos provenientes de la nación para estos temas y que los obligue a destinar partidas de recursos propios para trabajar en construir equidad y que por otro lado, genere incentivos para que los gobiernos territoriales asuman su función en este frente. Por el momento, los gobiernos de las ciudades tienen que estar activos en los cambios normativos que proponga el Gobierno Nacional y que los afecte y ser hábiles en las negociaciones de Convenios con entidades nacionales para empezar o profundizar su trabajo en temas de equidad.


La pata de la transversalización

Las entidades dedicadas a las mujeres en el marco de una alcaldía no pueden ser alcaldías espejo para las mujeres. Como cualquier otro sector, tienen algunas funciones específicas y muchas otras que dependen de los demás. Operar casas refugio, centros comunitarios para mujeres (como las Casas de Igualdad de Oportunidades de Bogotá), tener un equipo dedicado a recoger y analizar datos sobre equidad o hacer representación legal a víctimas son algunas de las funciones que puede hacer una secretaría dedicada a las mujeres o a la equidad sola.

Sin embargo, implementar protocolos de prevención de violencias en el espacio público, diseñar intervenciones urbanísticas que piensen en crear espacios seguros para las mujeres y los niños, planear la ciudad teniendo en cuenta la forma como se mueven las mujeres de acuerdo a las responsabilidades de cuidado que suelen recaer en ellas, la implementación de programas de salud para mujeres, incluyendo la promoción de derechos sexuales y reproductivos, entre muchos frentes de trabajo, no son tareas que pueda o deba hacer una entidad sola.

Sin embargo, sí es tarea de la entidad a cargo del tema convencer y trabajar con las demás para hacerlo. Para esto, cualquier entidad encargada del tema de género tiene que generar, compilar y analizar información que le sirva a las demás entidades para tomar mejores decisiones. El arma más poderosa para la transversalización de la política de género es la información. Y teniendo la información, la segunda arma más poderosa es la capacidad de construir alianzas que beneficien a los demás sectores con los que se está trabajando.

Si hay algo que Bogotá ha hecho mejor que las demás ciudades es precisamente esto. El Observatorio de Mujer y Equidad de Género de Bogotá ha sido capaz de trabajar con el Dane para analizar mejor la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo, ha usado datos de la Encuesta Multipropósito de Bogotá para buscar evidencia en las decisiones que tiene que tomar, ha incluido preguntas en la Encuesta Bienal de Cultura y se ha convertido en una máquina de generar información para afianzar el trabajo con otros sectores.

Es diferente cocinar una resolución que priorice la titulación de propiedad para mujeres con la Secretaría de Hábitat, cuando los argumentos son débiles a cuando se sabe, gracias al trabajo de Julieta Lemaitre, que este es un factor que reduce la violencia al interior de las familias. Y lo sabemos porque así se cocinó la alianza entre la Secretaría de Hábitat y la Secretaría de la Mujer de Bogotá en 2016. Para los convencidos, es obvio que trabajar con enfoque de género hace más eficientes las inversiones públicas. El problema es que los convencidos somos pocos y la mejor forma de sumar adeptos, es con buenos datos. Por supuesto, es más fácil hacer todo esto cuando además de buenos datos, se cuenta con el apoyo del Alcalde como pasó en Bogotá, pero esa es otra historia.


La pata de sumarle más patas a la silla y los retos de haber hecho bien la tarea

Esta mañana leí en Twitter la historia de una mujer que había sido víctima de un acosador en TransMilenio y se quejaba que además de haberle dado orientación legal y acompañamiento psicosocial, la Secretaría de la Mujer de Bogotá no había hecho más por ella. En un esquema de separación de poderes, lo máximo que puede hacer el gobierno de una ciudad para asegurar el acceso a la justicia en un caso como este, y en eso ya está yendo más allá de sus funciones obvias, es prestar este tipo de atención.

Por supuesto, puede seguir trabajando en generar cambios culturales para erradicar el machismo que alienta a este tipo de acosadores, puede trabajar porque el transporte público sea más seguro y puede ser más expedito en haber prestado esta atención, pero no lo puede hacer sin sumar adeptos a la causa con pragmatismo, pero con seriedad en los principios. El problema de haber montado un esquema que funciona es que la ciudadanía va a pedir más, hasta que el problema de fondo esté resuelto.

En los últimos años, la discusión sobre la equidad de género ha ganado visibilidad. Cada vez más empresas están trabajando por ser más equitativas no solo porque saben que vende, sino porque también saben que las hace más eficientes. Más mujeres han buscado formas de organizarse para participar y levantar la mano en discusiones que les importan. Las redes sociales han sido un trampolín muy eficiente para los debates de equidad de género. Y las ciudades que quieran trabajar en políticas de equidad tienen que aprovechar este movimiento. La Secretaría de la Mujer de Bogotá ha sido muy efectiva haciendo alianzas a cero costo con empresas, entidades multilaterales, fundaciones y todo tipo de organizaciones. Su prestigio, su liderazgo en el tema y su visibilidad han sido suficientes para que todos quieran con ella y para lograr que la ciudad profundice su trabajo en la promoción de los derechos de las mujeres.

Existe un esmalte de uñas que promociona la Línea Púrpura, empresas que divulgan la Información de las Casas de Igualdad entre sus empleadas, vendedoras de productos de catálogo capacitadas para orientar víctimas de violencia basada en género, programas de televisión que han dramatizado las rutas de atención a víctimas, una canción de salsa choque para promocionar los hombres que realizan labores de cuidado entre muchas otras plataformas que se cocinaron a punta de acuerdos.

Las ciudades son los espacios más poderosos para encontrarse y aliarse con todo tipo de personas y organizaciones para promocionar la equidad. La discusión sobre lo que puede hacer una ciudad para construir equidad es larga y compleja, pero afortunadamente cada vez hay más interés y mejores espacios para continuar construyendo.

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