Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Ser feminista y lamentar la muerte de Kobe Bryant

María Carolina Sintura
María Carolina Sintura
SietePolas
44 Seguidores6 Siguiendo

0 Debates

2 Columnas

Columna

0

27 de Enero de 2020

<p>Sucede algo aterrador cuando el feminismo se vuelve dogma. No me canso de repetir que el feminismo es una &eacute;tica y una pr&aacute;ctica. Y como los seres humanos somos falibles, por mucho que nos comprometamos con una &eacute;tica y una pr&aacute;ctica, fallaremos, flaquearemos y fracasaremos constantemente en cumplir con el ideal que esa &eacute;tica nos demarca. Pero, adem&aacute;s, seremos incapaces siquiera de definir las exigencias concretas de esa &eacute;tica en todos y cada una de los dilemas que se nos puedan presentar, especialmente cuando ese est&aacute;ndar &ndash;es decir, el feminismo mismo como &eacute;tica &ndash; se encuentra en constante desarrollo, movimiento, adaptaci&oacute;n e iteraci&oacute;n. Todo a lo cual se suma que el feminismo mismo tiene como uno de sus pilares la oposici&oacute;n a las categor&iacute;as cerradas, a la binarizaci&oacute;n, a la imposici&oacute;n de jerarqu&iacute;as sobre la l&oacute;gica de que alguien es inherentemente mejor que otro.&nbsp;</p>

<p>Por todo esto es que todas las preguntas sobre si &ldquo;se puede ser feminista y...&rdquo; parten por su propia&nbsp; naturaleza de una falacia: la idea de que el feminismo crea un nuevo centro (del que te pueden expulsar en cualquier momento) y por lo tanto unas nuevas m&aacute;rgenes, cuando en realidad el feminismo se opone a esa l&oacute;gica del centro y la margen, de la identidad &ndash;es decir, de definir lo id&eacute;ntico como aquello que pertenece y es como yo porque act&uacute;a igual que yo &ndash; y del &ldquo;Otro&rdquo; &ndash; que no es como yo y no act&uacute;a igual que yo y por lo tanto no pertenece.&nbsp;</p>

<p>Todo lo anterior para decir, primero, que no es blanco o negro, que no hay respuesta del todo correcta ante la situaci&oacute;n que se nos presenta a las feministas con la muerte de Kobe Bryant, una estrella mundial del deporte con un historial de abuso sexual. Y, segundo, que, en mi opini&oacute;n, hacen mal quienes&nbsp; asumen una posici&oacute;n al respecto para despu&eacute;s condenar al exilio feminista a quienes asumen la posici&oacute;n contraria.&nbsp;</p>

<p>Las minucias del caso en cuesti&oacute;n est&aacute;n disponibles en diversos medios digitales y dada la coyuntura no creo pertinente referirme a ellos cuando no es necesario para lo que quiero decir. Lo que s&iacute; es pertinente abordar en detalle son las muchas sensibilidades y dignidades en conflicto. Por un lado, la muerte de cualquier ser un humano en circunstancias accidentales es un hecho objetivamente lamentable. Mucho m&aacute;s cuando mueren &eacute;l y su hija dejando a una familia destrozada y a una multitud de aficionados conmocionados por la p&eacute;rdida de su &iacute;dolo. Por ese motivo, es evidentemente un momento absolutamente desafortunado para recordar p&uacute;blica y masivamente un episodio de este estilo en la vida del fallecido. Sin embargo, del otro lado est&aacute;n las sobrevivientes de abuso sexual que tienen que ver c&oacute;mo una persona que ha cometido un acto del que ellas fueron v&iacute;ctimas recibe las alabanzas de una sociedad global en la que los hombres poderosos y famosos como &eacute;l no suelen enfrentar consecuencias por los actos violentos que cometen. Y quiero precisar que me refiero a las v&iacute;ctimas de abusos en general y no &uacute;nicamente a la mujer que tuvo que pasar por un acto sexual al que, en palabras del propio Bryant en las disculpas p&uacute;blicas que le ofreci&oacute; en su momento, ella no consinti&oacute;. Y es importante entender que este tipo de situaciones son potencialmente revictimizantes para todas las v&iacute;ctimas de situaciones similares (much&iacute;simo m&aacute;s para la v&iacute;ctima espec&iacute;fica en cuesti&oacute;n, por supuesto), por que son la muestra patente de que vivimos en un mundo y una sociedad que est&aacute; dispuesta a mirar para otro lado cuando se cometen las violencias m&aacute;s atroces contra mujeres. Una sociedad en la que la fama, la reputaci&oacute;n o las aptitudes particulares de un hombre son suficientes para darle la posibilidad de minar la dignidad m&aacute;s b&aacute;sica de una mujer sin tener que enfrentar consecuencias proporcionales por ello. Una sociedad en la que, tal y como sucedi&oacute; en este caso en particular, la que recibe el escarnio masivo es la mujer que denuncia y no el hombre que comete la violaci&oacute;n.&nbsp;</p>

<p>Ante un dilema as&iacute;, creo que es importante preguntarse cu&aacute;l es el prop&oacute;sito de actuar de una manera o de otra (que es muy distinto de intentar discernir qu&eacute; es &ldquo;lo feminista&rdquo; y qu&eacute; lo que te cancela inmediatamente el documento de identidad feminista). Hubo feministas y aliados que, ante la cascada de expresiones de afecto y admiraci&oacute;n por el jugador, se sintieron llamadas a recordarle al p&uacute;blico doliente el que posiblemente sea el acto m&aacute;s oscuro cometido por su &iacute;dolo. Hubo tambi&eacute;n quienes expresaron p&uacute;blicamente que consideraban desatinado actuar de ese modo precisamente en el momento de una tragedia de esta escala. Y hubo un n&uacute;mero sorprendente de personas que expres&oacute; afecto y admiraci&oacute;n por &eacute;l para luego enterarse de ese dato de su pasado que hasta ayer no conoc&iacute;an (lo cual, probablemente, confirma la necesidad de que el primer grupo exista) y proceder a radicalizarse en una de las primeras dos posiciones. Y estuvimos quienes, conociendo todos los matices de la controversia, guardamos silencio.</p>

<p>Como dije, no considero productivo procurar establecer qui&eacute;n actu&oacute; bien y qui&eacute;n actu&oacute; mal. Precisamente, porque el feminismo no es un dogma y no existe para separar a las justas de las pecadoras. Pero lo que s&iacute; nos ofrece son las herramientas para examinar nuestras motivaciones para actuar de uno u otro modo ante esta situaci&oacute;n, y, sobre todo, sus efectos.&nbsp;</p>

<p>Est&aacute; clar&iacute;simo que el feminismo no es un&iacute;voco. Que, por el contrario, como proyecto &eacute;tico y pol&iacute;tico, es m&uacute;ltiple y se alimenta de las muchas discusiones sobre c&oacute;mo se debe propender por una transformaci&oacute;n radical en las relaciones de g&eacute;nero y la forma en que la sociedad concibe y trata a las personas hist&oacute;ricamente oprimidas. Hoy en d&iacute;a, adem&aacute;s, el feminismo es interseccional, es decir, las feministas procuramos entender (o si no por lo menos contemplar en nuestra visi&oacute;n del mundo) que la opresi&oacute;n en raz&oacute;n del g&eacute;nero no existe de manera aislada y que hist&oacute;ricamente se han configurado tambi&eacute;n opresiones en raz&oacute;n de la raza, la orientaci&oacute;n sexual, la atipicidad cognitiva, la diversidad corporal, la nacionalidad, la clase econ&oacute;mica, entre otras categor&iacute;as. Y entendemos que las personas se ubican en niveles distintos de opresi&oacute;n y dominaci&oacute;n en cada una de estas categor&iacute;as, lo cual implica que cada persona ocupa una posici&oacute;n particular en cada uno de estos aspectos que se interceptan unos a otros y que cambian de una situaci&oacute;n a otra. (Lo anterior no es un detalle menor cuando se tiene en cuenta que Bryant es un hombre de raza negra sobre quien recaen un c&uacute;mulo hist&oacute;rico y actual de prejuicios y discursos que hacen que su situaci&oacute;n ante la acusaci&oacute;n de abuso sexual tenga matices muy distintos de cuando se presenta la misma situaci&oacute;n con un hombre blanco).&nbsp;</p>

<p>Hablo de la multiplicidad del feminismo y de su car&aacute;cter interseccional porque creo que solo desde ah&iacute; se pueden tomar los par&aacute;metros para hablar sobre las motivaciones y efectos de asumir una determinada actitud frente a la muerte de una celebridad con una acusaci&oacute;n muy cre&iacute;ble de violaci&oacute;n en su prontuario. Supongo que quienes se apresuraron a recordar los hechos del abuso lo hicieron con el &aacute;nimo de contrarrestar ese efecto de exaltaci&oacute;n de una persona que representa para muchas un recordatorio de su propio sufrimiento y de la injusticia con que se trata a las v&iacute;ctimas de abuso. Pero si esa motivaci&oacute;n va acompa&ntilde;ada de un &aacute;nimo de venganza o ajusticiamiento (como creo que ocurre en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n) se desvirt&uacute;a completamente este prop&oacute;sito pues lo que se est&aacute; buscando es da&ntilde;ar a quien ya sufre (la familia, los amigos, los aficionados) y no, precisamente, acompa&ntilde;ar a quien sufre pero por motivos distintos.&nbsp;</p>

<p>Del otro lado, quienes han expresado su descontento con que se hable de este tema en el momento preciso de una tragedia, supongo que est&aacute;n contemplando como prioridad en este momento particular las necesidades de una familia y de una comunidad de aficionados que sufren una p&eacute;rdida inconmesurable. Pero si al intentar conciliar su afecto por un &iacute;dolo mundial con los actos que cometi&oacute; han intentado justificarse (diciendo, por ejemplo, que se vale hacer la de la vista gorda porque Bryant &ldquo;indemniz&oacute;&rdquo; a la mujer que lo acus&oacute;) antes que simplemente reconocer sus propias contradicciones internas como feministas, entonces est&aacute;n acudiendo a falacias da&ntilde;inas para todo el movimiento que no tardan los verdaderos opositores en usar en nuestra contra.&nbsp;</p>

<p>Eso s&iacute;, est&aacute; claro que se paran en el mismo pedestal&nbsp;el fan&aacute;tico en total negaci&oacute;n ante los actos cometidos por su &iacute;dolo y que propende por la total invisibilizaci&oacute;n de las sobrevivientes y de las injusticias de una sociedad y justicia patriarcales y&nbsp;la feminista que se solaza en cancelar a todo aquel que llora la muerte de su &iacute;dolo. Ambos comparten una incapacidad absoluta por contemplar la complejidad de los seres humanos y por cuestionar sus propias visiones y experiencias del mundo. Tambi&eacute;n tienen en com&uacute;n que no contribuyen en absoluto a la causa que buscan defender. La admiraci&oacute;n ciega saca al sujeto de su humanidad y, por lo tanto, no es admiraci&oacute;n alguna sino deshumanizaci&oacute;n del &iacute;dolo. Y el feminismo como superioridad moral absoluta &ndash; como moralismo &ndash; restablece el pensamiento dogm&aacute;tico y las jerarqu&iacute;as que el feminismo mismo busca combatir.&nbsp;</p>

<p>Y por &uacute;ltimo, a quienes guardamos silencio probablemente podr&iacute;an recordarnos, desde cualquiera de las orillas, aquella frase que dice que quien calla ante una situaci&oacute;n injusta se ha puesto del lado de los injustos. Ante este &uacute;ltimo grupo solo puedo decir que espero que el silencio sea un silencio reflexivo, un reconocimiento de contradicciones y conflictos propios, un aut&eacute;ntico reconocimiento de y empat&iacute;a por todos sujetos involucrados. Y no un silencio perezoso, de ese que nos evita pensar y preocuparnos por lo realmente dif&iacute;cil. Ni un silencio indiferente, que nos har&iacute;a doblemente canallas por ser incapaces de contemplar el dolor de otros, los de un lado y otro de la controversia, solo porque nos causa un dilema ante el que nos sentimos impotentes.</p>

<p>No soy quien para decidir cu&aacute;l es la actitud apropiada&nbsp;en una situaci&oacute;n tan compleja como la que se nos presenta. Yo misma he sido incapaz de formular para m&iacute; misma una opini&oacute;n definitiva y es altamente probable que nunca lo logre. Pero s&iacute; puedo decir dos cosas. La primera, que no tiene sentido y nos aleja de cualquier motivaci&oacute;n que pueda adjetivarse como feminista cualquier actitud que condene a quien no comparte nuestra decisi&oacute;n sobre c&oacute;mo actuar sin ning&uacute;n tipo de reflexi&oacute;n ni espacio para el disenso verdadero y la contradicci&oacute;n productiva; es decir, cualquier actitud que se cierre a establecer una jerarqu&iacute;a de mejores y peores reacciones y de revocatoria de la identidad o la autenticidad feminista de quienes se ubican en la orilla contraria. Y la segunda,&nbsp; que lo que s&iacute; considero profundamente problem&aacute;tico y absolutamente contrario a cualquier pr&aacute;ctica o &eacute;tica feminista ser&iacute;a no sentirnos profundamente conflictuadas al asumir cualquiera de las posiciones posibles. Porque eso querr&iacute;a decir que en la b&uacute;squeda por empatizar con el sufrimiento de un grupo de personas, cualesquiera que estas sean, hemos perdido completamente la capacidad de empatizar con otras.&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

Interactiva: