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Propósitos Feministas para el 2020… o toda una década

Lina Céspedes
Lina Céspedes
Abogada
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Columna

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11 de Enero de 2020

<p>Antes de que sea completamente inapropiado desear feliz año y hablar de las fiestas de Navidad, de la Noche Vieja y los regalos, voy a dedicar esta entrada a mis propósitos feministas para el 2020. Mi idea es determinar una serie de objetivos que guíen mi pensar y actuar feminista en el año que comienza, como una manera de organizar mis prioridades, sin perder la flexibilidad a la que nos demanda muchas veces la coyuntura.</p>

<p>La discriminación y la violencia basada en género cuenta con tantas manifestaciones en la vida social, que la única manera de poder entender sus causas, funcionamiento y consecuencias en cada uno de estos escenarios es por medio de estudios particularizados. En últimas, al elaborar esta lista lo que quiero también significar es que mi feminismo no quiere ser totalizador. Así, con estos propósitos quiero recordarme que debo evadir las respuestas “one size fits all”, propender por acotar mejor los problemas/dilemas feministas que me planteo y estar abierta a la incomodidad, es decir, a la contradicción constante de mis posiciones.</p>

<p>Igualmente, me inspira un deseo de ser bondadosa conmigo, en la medida en que quiero quitarle de encima a mi ser feminista la responsabilidad por entender el funcionamiento y estrategia de desmonte de todas las manifestaciones de la discriminación y violencia basada en género. ¿De dónde saqué esta desatinada pretensión? Honestamente, no tengo la menor idea. Lo que sí puedo decir es que he visto a más de una feminista luchar con el mismo demonio.</p>

<p>Bueno, sin más preámbulo, comencemos. Mi primer propósito tiene que ver con darle más espacio en mi mente y en mi quehacer académico y cotidiano a la crisis del cuidado, es decir, a la imposibilidad/dificultad/indisposición que cada vez más muestran nuestras sociedades para proveer los servicios necesarios para el sostenimiento básico y digno de la vida (<a href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=1146015" target="_blank">ver Susan Himmelweit</a>). Estos servicios van desde la alimentación, pasando por la atención en la enfermad y la convalecencia, hasta los que consisten en proveer la compañía indispensable para la socialización y mantenimiento de la autoestima (<a href="https://www.palgrave.com/gp/book/9781137568366" target="_blank">para ampliar ver la introducción y el capítulo de Ìlkkaracan en este libro</a>).</p>

<p>Analizar en qué consiste la crisis, cómo se ha generado y a quiénes impacta es determinante desde una perspectiva feminista. Históricamente, el trabajo del cuidado ha sido asignado a las mujeres, en desmedro de sus posibilidades de avance profesional y consolidación económica. Este trabajo generalmente no tiene remuneración y, cuando la tiene, su pago es muy malo. El que exista una crisis en materia del cuidado, ya sea porque las medidas de austeridad estatal le apuestan a recortar servicios sociales que en el pasado habían facilitado la inserción digna de las mujeres en el mercado laboral o porque la oferta de trabajo impone jornadas que impiden que las personas cuiden unas de otras, implica una pregunta por sus impactos de género, con el fin de determinar cómo hombres y mujeres están absorbiendo sus consecuencias.</p>

<p>Mi segundo propósito se relaciona con la necesidad de explorar cómo las dinámicas del trabajo del cuidado se replican fuera del ámbito privado y si estas se trasladan de manera idéntica al ámbito laboral. Particularmente, me interesa preguntarme por lo que sucede en la academia. El trabajo del cuidado no es un fenómeno exclusivo de los hogares o las familias, sino que se replica en el mundo que está más allá de las relaciones afectivas y de parentesco. Desde el feminismo es imperativo indagar cómo se producen estos traslados y si tienen las mismas consecuencias que en el ámbito de lo privado.</p>

<p>El trabajo del cuidado en el mundo laboral puede ser entendido como todas esas tareas que implican un servicio a la comunidad en la que se trabaja y que no tienen una valoración significativa porque no son entendidas como generadoras de prestigio o de réditos económicos. En el mundo académico investigar, presentar proyecto, producir artículos y presentar en una conferencia internacional son ejemplos de estas últimas. De acuerdo con el contexto, desarrollar la logística de una conferencia, redactar un informe institucional o ser parte de un comité puede ser un ejemplo de lo primero. La pregunta de fondo en este punto es qué tipo de actividades permiten mejorar los salarios y el prestigio en el medio académico y cuáles simplemente son neutras o pueden producir el efecto contrario (les recomiendo <a href="https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.20141734" target="_blank">este artículo</a> que compartió Ana María Tribín en su Twitter hace unos meses o <a href="https://www.jstor.org/stable/90007882" target="_blank">este que encontré</a> hace unas semanas).</p>

<p>Finalmente, mi tercer propósito le apunta a un gran reto feminista que aplica muy bien en el ámbito colombiano actual: el estudio de las mujeres en armas. Tanto el derecho internacional, como el feminismo de la diferencia o cultural, han sido determinantes en posicionar como paradigma de lectura de los conflictos armados la díada víctima/perpetrador, la cual en los casos de violencia basada en género se traduce en mujeres como las primeras y hombres como los segundos.</p>

<p><a href="https://www.opendemocracy.net/es/democraciaabierta-es/corte-colombiana-r... target="_blank">Tal como lo expresa un análisis que leí recientemente</a> sobre las implicaciones de la <a href="https://www.womenslinkworldwide.org/files/3105/decision-corte-constituci... target="_blank">sentencia de la Corte Constitucional</a> en la que se ordenó incluir en el Registro Único de Víctimas a una mujer que fue reclutada de manera forzosa por las FARC a los 14 años&nbsp;y&nbsp;obligada a abortar y a usar anticonceptivos,&nbsp;el mantenimiento de este binario no permite conocer a fondo la experiencia de las mujeres en el conflicto armado. Esto significa no poder entender en toda su magnitud&nbsp;la discriminación y violencia que sufrieron y sufren las mujeres en los grupos armados, las formas y razones por las que comenzaron a ser parte de estos y los caminos para su efectiva desmovilización y reintegración.&nbsp;Un estudio profundo de las mujeres en armas enriquecerá nuestro entendimiento de lo que significa ser mujer en la guerra y los alcances y limitaciones actuales del pensamiento feminista.&nbsp;</p>

<p>Hasta aquí la lista. Tres propósitos de muchos, que pueden extenderse por una década. Aunque la lista parezca muy académica, en últimas, es más íntima y personal de lo que parece. Muchos de los propósitos para el pensar y actuar feminista que me planteó tienen una estrecha relación con mi experiencia vital.</p>

<p>Soy una mujer de cuarenta y tantos años que ya está viendo a su madre y sus hermanas&nbsp;envejecer, a sus amigos tener hijos y a su pareja negociar las tareas domésticas. Veo cómo todos nosotros, los mentados adultos contemporáneos, lidiamos con nuestras aspiraciones laborales y nuestros deberes como hijos, esposos y amigos. Soy también una profesora que trata de balancear el escribir, publicar artículos y asistir a conferencias con las labores que implica el servicio a la comunidad dentro y fuera de su Universidad. Soy esa feminista que ha procurado entender cuáles son los retos del feminismo en lo que tiene que ver con los conflictos armados.</p>

<p>¡Feliz 2020 para todos! Que sus propósitos estén relacionados con su más profundo pensar y actuar.</p>

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