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El SÍ rotundo

Un SÍ rotundo también representará un desafío al ELN, que tendrá que asumir tarde que temparno que el marco político actual está signado por la posibilidad de construir la paz, el ELN deberá inevitablemente liberar a todas las personas en su poder y proscribir el secuestro de civiles como práctica de economía de guerra, para así iniciar un proceso.

César Jerez
César Jerez
Profesor - Líder de zonas de reserva campesina
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02 de Octubre de 2016

Solo un país inverosímil como el nuestro se permite un debate tan frontal entre la posibilidad de la paz y la perdurabilidad de la guerra como escenario para hacer política y acumular. Hoy sabremos a cuántos votos equivale esta polarización que tiene varios matices. Primero, la tensión que existe entre un bloque emergente de poder que representa Uribe, que se consolidó con las prácticas mafiosas y gansteriles del paramilitarismo de Estado y el sector de la oligarquía tradicional, connivente con el anterior durante una década, que engloba la Unidad Nacional de Santos. En segunda instancia la polarización entre el uribismo y un importante sector de la sociedad colombiana que ve en la finalizaciíon del conflicto armado con las FARC la posibilidad de una transición política que nos lleve a la inclusión en lo económico y lo social.

La campaña del NO marcada por el odio, la mentira, la homofobia, la venganza y el rencor representa, sin embargo, unos intereses poderosos que desconocen la mayoría de sus seguidores: la concentración de la tierra vía violencia política y despojo, la entrega de nuestra recursos naturales por coimas para unas cuantas familias y la corrupción administativa como un modelo de acumulación que se autolegitima. Esta forma viciada de hacer política para acumular económicamente goza de un poderoso aparato ideológico que manipula y construye opinión a través de los medios de comunicación y el miedo. Por eso no es extraño encontrar en veredas, barriadas populares, autobuses y restaurantes de corrientazo a gente diciendo que va a votar NO.

Los beneficiarios de la guerra quisieron enfrentarse incluso al valor ético de la paz, cuando se dieron cuenta del error, entonces propusieron la abstención y hasta una imposible renegociación de lo acordado entre Gobierno y FARC, amparada en el NO.

La paradoja de la polarización consiste en que los acuerdos de La Habana benefician incluso a ese bloque emergente de poder que protagonizó la guerra contra las FARC, victimizando a millones de civiles por acción, connivencia u omisión.

En la práctica el plebiscito es tambien una disputa electoral entre el Uribismo y la élite oligárquica tradicional. Un SÍ rotundo le restaría oxigeno político al proyecto político de Uribe, que podría encajar doce años sin las leches del poder político -administrativo, lo que equivaldría a su muerte política.

Y es que acabar la guerra con más guerra o mantenerla per se ya no tiene futuro político, el tiempo del pirómano administrando el incendio de Colombia se acabó. León Tolstoi, el ruso que murió en una estación de trenes huyendo del individualismo de su familia, que narró con reflexiones profundas, la guerra de defensa Rusia contra la ocupación de Napoleón en la novela "La guerra y la Paz", escribió algo que me recuerda a la manía y la paranoia de Uribe: "hay quien cruza el bosque y solo ve leña para el fuego".

Un SÍ rotundo también representará un desafío al ELN, que tendrá que asumir tarde que temparno que el marco político actual está signado por la posibilidad de construir la paz, el ELN deberá inevitablemente liberar a todas las personas en su poder y proscribir el secuestro de civiles como práctica de economía de guerra, para así iniciar un proceso lo más pronto posible.

Un Sí rotundo será tambien un reto para las FARC sin armas, para los movimientos y organizaciones sociales y para el resto de las decadentes izquierdas urbanas ensimismadas en sus sectarismos. Si no logran construir un proyecto nacional de referencia para el país seguirán restando hasta su extinción. Por el contrario, si logran la unidad y la amplitud incluyente y fresca, la izquierda sumará y será sin duda una opción de poder en el mediano plazo. Esa izquierda nueva requiere como punto de partida de una terapia autocrítica, renovadora, que le posibilite el polo a tierra con la gente y la comunión. Solo la transición politica con la presencia de una izquierda fuerte garantizará la construcción efectiva de la paz.