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¿Cómo leer el Tarot de las políticas públicas?

La revolución tecnológica está apenas empezando. La pregunta que tenemos que hacernos, como país, es: ¿tomaremos el camino de las disqueras, de prohibir los usos y cerrarnos a tecnologías?

Alejandro Feged Rivadeneira
Alejandro Feged Rivadeneira
Profesor Asistente en la Universidad del Rosario, en el programa de Gestión y Desarrollo Urbanos de la Facultad de Ciencia Política
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23 de Septiembre de 2018

Hace un tiempo, las disqueras y negocios como Betatonio y Blockbuster tomaron la decisión de ignorar el desarrollo tecnológico y no dimensionar la manera como iba a impactar sus industrias.

El precio, lo pagaron sin posibilidad de echar para atrás: desaparecieron, o si no lo hicieron, dejaron de ser los gigantes de su medio para ser ahora completamente marginales. El nuevo mundo, de billonarios con apenas 20 años, lejos de haber culminado su tránsito a la tecnología, está apenas empezando.

Desarrollos como el blockchain y la inteligencia articificial, de la mano de proyectos de infraestructura como servicio, el internet de las cosas, apenas están empezando a causar las disrupciones más fuertes que veremos en manos de la tecnología.

Un caso muy palpable, y que manifiesta el poder que de la tecnología en el nuevo mundo, son las elecciones democráticas. Si bien siempre ha existido la posibilidad del discurso en plaza pública, por la radio, la masificación de audiencias, de la mano de tecnologías que permiten el monitoreo y manipulación de información, han probado su importancia en elecciones recientes.

A mi juicio, fenómenos como Trump, el No en el plebiscito, y Brexit, son una prueba del impacto que ha producido esta disrupción que apenas empezamos a considerar. Animales políticos como Juan Manuel Santos, Vargas Lleras, Cameron, los Clinton, que representan el poder del establecimiento político, han caído derrotados en elecciones muy peleadas, ante fenómenos mediáticos donde la tecnología ha permitido el microtargueting político, la capacidad de llegar al votante con conocimiento sobre su perfil psicométrico, y el conocimiento para manipularlo.

Si bien la respuesta de muchas personas, más que entendible, es un afán por regular y prohibir este tipo de análisis, yo sugiero que es el uso, y no la tecnología misma, aquella que tiene una connotación moral.

Sin entrar en diatribas de la ética, propongo acá un uso de tecnologías que a mi juicio puede cambiar la manera como pensamos en las políticas públicas.

El uso de datos masivos, que pueden ser recolectados de Twitter, puede ser útil a la hora de hacer un perfil de la población para identificar sus necesidades. Sin diagnósticos larguísimos y costosísimos, sin la línea base que padecen todos los proyectos de desarrollo, y basados en la tecnología.

 

Métodos

La encuesta de movilidad, un ejercicio de clase con los estudiantes que toman mi materia en primer semestre, cuenta con unas preguntas que permiten hacer un perfilamiento psicométrico de la ciudadanía, para entender cómo piensan acerca de diferentes temas.

Para ello, basado en técnicas proyectivas del design thinking, pedimos que cada persona haga una caracterización de diferentes temas que afectan a los habitantes de Bogotá, como por ejemplo, el medio ambiente, la cultura ciudadana, las prácticas democráticas, la calidad de vida, y la movilidad.

Esta carcaterización se hace con base en imágenes del Tarot, que representan los arquetipos de Jung. La teoría y los métodos que se basan en estos arquetipos es absolutamente fascinante, pues está enfocada en la manera como construimos narrativas para el análisis de emociones que pueden ser somatizadas pero que son difíciles de verbalizar.

 

 

Luego, con base en información de movilidad que comparten con nosotros al diligenciar la encuesta, podemos hacer un perfil psicométrico de los habitantes de la ciudad con base en su rango de movimiento.

Acá presento un ejemplo sencillo de ocurrencia de sustantivos y adverbios (buenos para encontrar la "huella digital" gramatical) en las mismas frases, . Desde la columna anónima de un colaborador de alto rango en la Casa Blanca, el tema de adivinar con datos quién es el autor ha sido enigma que más de uno ha trasnochado en estas técnicas. 

He filtrado para las personas que tienen una buena percepción de calidad de vida y medio ambiente con base en el cuadrante de la ciudad que ocupan con mayor frecuencia (NE, NW, SE, SW), y también por modo de transporte para ver las diferencias entre quienes andan en bici (quienes están más arriba de la media más una desviación estándar de la muestra en número de observaciones en bici).

 

Resultados

Las siguientes imágenes muestran cómo las narrativas construidas por la gente para describir calidad de vida y calidad medioambiental cambian con su patrón de ocupación de la ciudad.

Si bien apenas es un ejercicio muy preliminar, lo interesante de este método es que se puede hacer para barrios específicos inclusive, para perfilar las necesidades (o aquellas cosas que valoran o desean) como un primer paso en términos de políticas públicas.

Con estos métodos es posible analizar grandes cuerpos de datos de manera rápida y ágil. El objetivo, a diferencia de métodos estadísticos tradicionales, no es construir una prueba de hipótesis donde se diga con un nivel de confianza si hay una diferencia significativa entre dos muestras.

Eso resulta útil en muchos contextos. Sin embargo, lo que estos métodos permiten es analizar texto de manera rápida, para identificar conceptos clave en los campos semánticos. El "insight", que llaman en algunos contextos. Aquel concepto que me ayuda a conectar otros, o un punto de referencia en un campo de significado. 

Por ejemplo, los habitantes de Chapinero y el nororiente de la ciudad valoran la tranquilidad y la paz como calidad de vida, mientras que en el suroriente la calidad de vida pasa por tener una vida digna y fuerte. En el sur de la ciudad, las personas valoran el medio ambiente como calidad de vida, mientras que en el norte ese concepto no aparece dentro del campo semántico.

 

 

En términos de ambiente, el nororiente de la ciudad que valora positivamente su entorno ambiental lo identifica con la emperatriz (a diferencia del resto de la ciudad, donde aparecen otros arcanos), y me parece particularmente importante que se valora una visión de largo plazo (me gustaría saber qué opinan quienes hacen economía experimental, esto me gustaría mucho explorarlo como diferentes modelos de valoración ecosistémica que están asociados a modelos mentales específicos).

En el sur, la calidad ambiental pasa por narrativas que mencionan la fuerza, y donde puede aparecer la emperatriz, pero también lo hacen arcanos como la muetre y el colgado de manera mucho más central.

 

Para terminar, un ejemplo de cómo las personas que usan bici más de lo normal describen la cultura ciudadana en comparación con personas que usan transporte vehicular. Quienes usan carro hacen uso de narrativas con cargas negativas (diablo, muerte, fuerza, falta) en comparación con los conceptos y arcanos usados para describir cultura ciudadana entre quienes usan la bicicleta (persona, amable, ciudadano, loco).

 

 

 

 

Conclusiones

Como siempre, presento acá un análisis preliminar (tal vez en exceso) con conclusiones muy aventuradas. En primer lugar, considero que el ejercicio ha logrado construir campos semánticos con análisis textual no supervisado para identificar perfiles psicométricos de satisfacción en términos de las principales líneas de políticas públicas.

Este análisis es muy similar al que hacen compañías como Cambridge analytica (¡aunque con objetivos mucho más nobles!), y puede abaratar los costos de hacer evaluación de políticas públicas (o facilitar su diseño).

Por estos días, está de moda un libro del cual he recibido los mejores comentarios, donde se describe el país como una rebelocracia. Yo me tomo el atrevimiento de inspirarme en el término para proponer que estamos en tránsito hacia una forma de gobierno nueva (no del todo diferente) donde la tecnología va a cumplir un papel crítico en la toma de decisiones, en la manera como nos organizamos políticamente, como votamos, y sobre todo, de cómo es la interacción entre el ciudadano y las políticas públicas.

No es nuevo, autores como Hiroki Azuma lo propusieron como forma de gobierno para Japón, un país obsesionado con los videojuegos, donde apalancar la participación política en plataformas de entretenimiento digital podría aumentar drásticamente el empoderamiento ciudadano.

En China, ya es realidad aquel horrible capítulo de Black Mirror, donde una distopia controlada por créditos de una red social es la moneda que da acceso a diferentes privilegios ciudadanos.

La revolución tecnológica está apenas empezando. La pregunta que tenemos que hacernos, como país, es: ¿tomaremos el camino de las disqueras, de prohibir las criptomonedas y cerrarnos a tecnologías como el blockchain? ¿Habrá, algún día, proyectos de uso de datos para optimización de políticas públicas? ¿Aprenderemos a usar la tecnología a nuestro favor?

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