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Deteniendo el calentamiento global silla por silla

Hugo Carmona
Hugo Carmona
Docente de Espíritu Emprendedor del CESA
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Columna

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18 de Enero de 2020

<p>Lo que mató a la gente en Hiroshima, en Pompeya, en Armero fue el calor. Un calor concentrado, imposible de imaginar, que literalmente hirvió cada hueso de cada habitante de estas ciudades desgraciadas, en un caso por el hombre, en los otros por la madre tierra. Ayer, <a href="https://www.elespectador.com/economia/el-emprendimiento-que-busca-alarga...ía Angélica Sánchez</a> me explicó conmovida cómo, segundo a segundo, el calor de cinco&nbsp;bombas atómicas como las de Hiroshima y Nagasaki van aumentando lentamente la temperatura global.</p>

<p>Mi reacción emocional: ninguna. Imaginar una población de 350 mil habitantes (como Buga tal vez) quemada por una bomba que en un solo golpe mata a 80 mil&nbsp;genera una impresión inevitable. Pero imaginarse que cinco bombas de esas poco a poco calientan todo un planeta&nbsp;es simplemente difícil, demasiado abstracto, no me toca.&nbsp;Y no me toca&nbsp;(¡qué verguenza!)&nbsp;aunque debido a ello&nbsp;la vida sobre la tierra se extingue&nbsp;a un ritmo lento, como en la imagen cliché de los sapos que mueren plácidamente sin darse cuenta que la deliciosa agua tibia de la olla que los contiene en pocos minutos se va a convertir en su asesina.</p>

<p>Esa falta de entendimiento y compromiso emocional que nos genera algo tan etéreo, tan lejano, es el verdadero problema del medio ambiente. Cuando algo nos duele, luchamos para resolverlo. Pero cuando no nos toca, trasladamos a la sociedad o al medio ambiente&nbsp;nuestros costos reales de transacción de actividades&nbsp;cotidianas como consumir plásticos de un solo uso&nbsp;o transportarnos ineficientemente. Y trasladamos esos costos de manera inconsciente&nbsp;porque la sociedad es un&nbsp;ente indeterminado, etéreo, como Dios, cuya existencia es prácticamente imposible de comprobar y&nbsp;el medio ambiente es otra figura difusa verde y lejana, como el Amazonas.&nbsp;</p>

<p>María Angélica, por su parte, visiblemente emocionada me explica cómo en 3 años&nbsp;convenció a 570 empresas, las más importantes y emblemáticas del país, de no comprar mobiliario nuevo sino arreglarlo. Con esa decisión, además de ahorrarse millones, estas compañías contribuyeron a que una industria altamente contaminante dejara de producir algunos cuantos miles de artículos cuyo proceso genera gases que calientan el mundo y cuya disposición final mata peces, aves y todo tipo de seres vivos.</p>

<p>Lo mejor&nbsp;es que, como las ideas que verdaderamente tienen el potencial de cambiar al mundo, como "<a href="https://www.recuperatusilla.com/nosotros/">Recupera tu Silla</a>", su empresa, es rentable, crece al ritmo de su carisma, duplica su personal año a año y se ve forzado a ampliar sus instalaciones ante la demanda por sus servicios.&nbsp;</p>

<p>Día a día, empresas de todos los tamaños tocan sus puertas porque posiblemente entendieron que pueden hacer por el calentamiento global algo más que sentirse moralmente superiores, o posiblemente, sólo quieren ahorrarse millones. No importa la motivación, lo cierto es que María Angélica, su equipo, su modelo de negocio y su liderazgo ya hicieron un aporte definitivo para detener en algo ese proceso, silla por silla, mesa por mesa, cliente por cliente.</p>

<p>Increíblemente, además de ser un buen negocio, decidieron destinar un porcentaje de su energía, su tiempo y su dinero a dotar escuelas apartadas de pupitres&nbsp;que, sin ellos, estarían pudríendose al sol de las enormes bodegas de basura de las mejores universidades del país. Hablar con María Angélica es inspirador, y apoyarla en su cruzada&nbsp;un honor irrenunciable.</p>

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