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El estatuto docente para la afroetnoeducación está en peligro

Este estatuto constituye un verdadero afán de las comunidades para que no quede por fuera del plan de desarrollo, que se presentó ayer, y con ello, se desperdicien cuatro años en el proceso de transformar el sistema educativo.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
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07 de Febrero de 2019

La etnoeducación es un modelo educativo que pretende transformar la educación que se brinda en territorios ancestrales de las comunidades negras.

En una primera etapa, esta propuesta estaría integrada al modelo de etnodesarrollo en los territorios que poseen titulación colectiva más otros lugares que poseen similares características como menciona la Ley 70 de 1993 o ley de comunidades negras en Colombia.

Este anhelado proceso es realmente la herramienta más expedita para luchar contra el racismo escolar que tanto hemos denunciado a través de estas columnas.

En consecuencia, a través de las herramientas jurídicas y de la movilización ciudadana, hemos impulsado reflexiones para que los estudiantes tengan el derecho a conocer su historia, puedan valorar el contexto ancestral, logrando identificar las luchas que los mayores han sorteado por el territorio. Esas  son parte de las temáticas que la etnoeducación propende.

Claro, si no hay profesores que emprendan esa transformación, poco o nada se logra en ese camino. Si los materiales educativos que los docentes utilizan para trabajar con los estudiantes, reproducen el racismo existente, no estaremos tranquilos. Si el currículo sigue siendo eurocentrado, no se puede descansar en esta tarea. En suma, hay que lograr que cada eslabón del aparato educativo, responda a nuevas lógicas ancestrales del buen vivir desde el comienzo de la vida escolarizada.

Entre otros aspectos significa que el Ministerio de Educación, en concertación con las comunidades negras, provea los mecanismos necesarios para sacar adelante este novedosos derecho.

La etnoeducación también supone que las universidades que ofertan etnoeducación tomen en serio su papel transformador en la formación docente y este asunto es bien delicado cuando, la oferta para capacitación de los etnoeducadores no tiene nada distinto a la de los otros docentes.

En este camino, procede reconocer dos hitos que marcan la historia de la afroetnoeducacion en Colombia; por un lado, salió adelante, el primer concurso docente, ese nuevo sujeto del gremio docente aún es bastante incomprendido. En segundo lugar, está avanzada -aunque no culminada- la discusión de un estatuto docente que mejore las desiguales condiciones que hoy tienen la mayoría de los docentes que entraron al sistema educativo por la vía del concurso afro.

Este estatuto constituye un verdadero afán de las comunidades para que no quede por fuera del plan de desarrollo y con ello, se desperdicien cuatro años en el proceso de transformar el sistema educativo.

Entonces hagámonos las preguntas del ABC, para entender el corre-corre que está aconteciendo con el estatuto que debiera estar movilizando a las organizaciones de base, a las universidades, a los maestros etnoeducadores y demás actores del movimiento social. Para contestar las preguntas, tomamos apartes del texto del proyecto de Ley que hoy pone en tensión al gobierno del presidente Duque con las aspiraciones de la etnoeducación.

 

¿Qué es el estatuto etnoeducador?

Es una herramienta que pretende tres elementos básicos:

Por un lado, que se asimile al etnoeducador como un maestro con las mismas condiciones gremiales que tiene el resto de los docentes en Colombia. Es el derecho por supuesto.

Por otro lado, que se reconozcan los saberes ancestrales como un capital importante para la escolarización, se espera que la ancestralidad tenga un lugar protagónico en las áreas fundamentales del currículo para que todos los estudiantes pasen por esos conocimientos que hoy están en la periferia curricular afectando gravemente la construcción identitaria de los estudiantes.

Y, que asegurando la autonomía del pueblo negro se proyecten las condiciones estructurales para la conducción de las instituciones declaradas como etnoeducativas. Esto significa que los directivos, los maestros, las familias y demás integrantes de la comunidad educativa, se vinculan a través de los mecanismos expeditos que para este caso, se prevea en el estatuto.

 

¿A quién cobija el estatuto?

A todos los docentes y directivos docentes que laboran en instituciones etnoeducativas.  En general a la comunidad educativa del área de influencia de los territorios colectivos y zonas ancestrales de similar condición.

 

¿Por qué se hace necesario un estatuto especial para los etnoeducadores?

Porque al crearse un figura tan novedosa como el etnoeducador,  también se debe crear unos mecanismos pertinentes de ingreso, ascenso, provisionalidad, nombramiento y demás aspectos que regulen en adelante el ejercicio etnoeducativo.

 

¿Cuáles han sido las mayores dificultades en la discusión por el estatuto?

Como todos los derechos que se conquistan en un estado social como el nuestro, la etnoeducación no es la excepción. Las comunidades han realizado movilizaciones, participan en distintos sindicatos del magisterio para sensibilizar a otros docentes sobre la especificidad etnoeducativa, asisten a procesos de formación y cualificación docente casi siempre de sus propios bolsillos.

Por ello, no es una tarea fácil defender este  derecho. Debemos entender que el gobierno se negará a afectar las finanzas dedicadas al sector educativo, se objetará la autonomía que tienen las comunidades para evaluar a sus propios maestros, como también se rechazará a darle a la comunidad etnoeducativa un estatuto del nivel que merece la educación para personas de descendencia africana.

 

¿Qué sigue entonces?

Defender los derechos, movilizarse, declararse en desobediencia civil, objetar a través de redes sociales. Todos esos mecanismos tienen que servir para llamar la atención sobre un tema decisivo para el pueblo negro que hoy está alerta para sacar adelante un proyecto educativo que reivindique la ancestralidad,  las formas propias de construir la identidad y por lo tanto, lo que está en juego es el sujeto político que la escuela forma o deforma.

Sigue, el mismo proceso que asumieron los esclavizados en la lucha por la libertad. Continúa en pie, la resistencia ante las posibilidades que el estatuto se enrede en el Plan de Desarrollo y las comunidades sientan que el ejercicio de concertación no arrojó los resultados esperados.

Sigue también, jornadas de sensibilización a las personas que participan del movimiento social para informar sobre todo este proceso. Y por supuesto, sigue que los etnoeducadores cierren filas para que se reconozcan los derechos adquiridos a punta de fuerza cimarrona.

Sigue que el gobierno del presidente Duque genere las condiciones para finalizar esta etapa de la concertación con las comunidades y sus voceros ante el reto que supone, crear un sistema educativo donde quepa realmente el pueblo negro.

Esperemos que las próximas noticias sean positivas y que en el plan de desarrollo en tanto carta de navegación hacia los próximos cuatro años, concrete el estatuto autónomo de profesionalización para docentes etnoeducadores de las comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizal y Palenquera para que sea un sueño logrado y no una frustración más para los renacientes.

Esperemos que  el primer guiño del gobierno del señor presidente y su equipo de trabajo  sea concretar el estatuto como muestra de la grandeza histórica que amerita este momento donde se eleva a principio la paz y la convivencia nacional.

Foto de portada tomada de aquí

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