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La construcción de paz: ¿se enseña o se practica?

Maria A. Perdomo Gestora del Conocimiento de Todos por la Educación nos comparte este articulo que escribió sobre Educación para la paz, tomando como ejemplo el Proyecto de Utopía 

Maria Adelaida (Mia) Perdomo
Maria Adelaida (Mia) Perdomo
Co-fundadora y CEO en Colombia de Aequales
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18 de Junio de 2015

Referentes para la educación del postconflicto

Mucho se ha hablado sobre educación para la paz en nuestro país. Muchos lo hacemos desde la comodidad de nuestras bibliotecas urbanas, otros muchos la sufren a diario en escuelas patrulladas por hombres armados. Sin importar la adversidad que se vive en algunas regiones de nuestro país, la educación sigue. Diferente a la que quisiéramos, alejada de nuestros valores de libertad y democracia, pero sigue. Nos corresponde entonces hacernos cargo del camino que toma. 

Desde el Congreso, se impulsó durante los últimos años la iniciativa que hoy surge como decreto: la Cátedra de la Paz. En un intento de abordar la problemática desde el Estado, desde la ley y las reglas, la Cátedra de la Paz no propone nada nuevo: la incorporación del desarrollo de competencias ciudadanas en las instituciones educativas de nuestro país (y de competencias para la paz  - que esperamos alguien sepa de qué se tratan). Es lo que anteriormente intentó lograr la Ley 1620 de Convivencia Escolar, la cual, lejos de pretender tener un enfoque punitivo, promueve un enfoque pedagógico, a través de la democratización de las decisiones de convivencia que se dan en las escuelas. Ambas iniciativas legislativas pretenden proveer a las instituciones educativas con herramientas para construir convivencia y paz en las escuelas.  Pero se quedan cortas.

 Las instituciones educativas no cuentan aún con las herramientas pedagógicas y estructurales (en el Proyecto Educativo Institucional - PEI, Manual de Convivencia, proyectos pedagógicos y demás instrumentos que guían la pedagogía) para crear y sostener metodologías reales y cotidianas de construcción de paz. Los lineamientos de política existen, pero no existen lineamientos curriculares ni el entrenamiento de Secretarías de Educación y docentes suficiente para llevar a cabo ejercicios de construcción de paz de manera transversal y generalizada. Cada institución lo interpreta como quiere y en la medida de sus capacidades.

 En el otro lado del espectro, existen experiencias puntuales de construcción de paz en el ámbito educativo en el país. Todos por la Educación tuvo la fortuna de poder visitar uno de los mejores ejemplos de ello, en Utopía, el laboratorio de paz de la Universidad de la Salle, en Yopal, Casanare. Utopía se ufana de ser ‘una experiencia real de postconflicto’, lo cual es comprobable al entender que allí conviven 200 estudiantes, hombres y mujeres, quienes vienen de zonas de Consolidación (antes denominadas zonas de conflicto), dedicados enteramente a estudiar Ingeniería Agrónoma durante 4 años.

Los estudiantes son becados gracias a los esfuerzos que la universidad ha hecho por involucrar otros actores, y viven juntos pero separados de todo durante estos años. Los estudiantes tienen jornadas de 5:30 a.m. a 8 p.m., y salen un día a la semana, con la condición de regresar antes de las 6 p.m. ; viven en un microcosmos.

La mayoría de los estudiantes no habrían tenido oportunidad alguna de estudiar de no ser porque Utopía los seleccionó, uno a uno, a dedo, para estar allí.

Lo interesante es que cuando indagamos acerca de la metodología que utiliza Utopía para promover la convivencia entre sus estudiantes, para lograr que sean ciudadanos éticos y responsables, y luego regresen a sus lugares de origen para generar desarrollo, nos encontramos con que Utopía no hace nada explícito o a propósito para lograrlo. La experiencia de vivir en Utopía genera esta dinámica por sí misma.

Es verdad que la universidad se rige por los principios lasallistas, muchos de los cuales se relacionan con los principios democráticos (solidaridad, responsabilidad, honestidad, tolerancia), pero también es verdad que muchas otras universidades religiosas del país promueven valores parecidos y no obtienen los mismos resultados.

Compartir con los estudiantes en su campus, sus laboratorios, cuartos, biblioteca, sus hermosos cultivos, nos hizo percatarnos espontáneamente del efecto de Utopía sobre ellos: son jóvenes genuinamente comprometidos con su educación, con su futuro, y conscientes de la responsabilidad que conlleva la oportunidad que les fue brindada. Todo se sustenta en el lema de Utopía, ‘aprender haciendo, enseñar demostrando’, y como ellos bien dicen, ‘la convivencia no se enseña’. Vimos que incluso esto puede lograrse sin siquiera mencionar la palabra paz en las clases, a pesar de que otras posturas ideológicas abogarían por la exposición explícita de la paz, de la tolerancia, de las diferencias, de las experiencias vividas y superadas. Ambos caminos parecen ser viables.

El ejemplo de Utopía no soluciona a gran escala la problemática de educación para la paz en nuestro país (¿cuántas Utopías son viables?), pero sí nos da una luz, un referente de compromiso y de gestión que nos demuestra que la paz requiere esfuerzo, no surge por aparición divina en los colegios y universidades en Colombia.

Una posibilidad sería que Utopía documentara la experiencia en términos de construcción de paz, y pudiera vincularse con el Estado para promover lineamientos metodológicos y pedagógicos de paz, para ser replicados en otros lugares del país. La experiencia de Utopía también nos demuestra que no es necesario crear nuevas asignaturas para trabajar temas de paz, pero ya que la cátedra está creada se puede aprovechar para incorporar estos conceptos en las otras asignaturas, y entender que la construcción de paz es la incorporación de herramientas socio-emocionales en toda la experiencia de la educación.

La paz es algo que se vive, entonces no es hablar de diversidad sino vivirla en los colegios y universidades, no es hablar de respeto y tolerancia sino experimentarla - a propósito, en la dinámica escolar, en la generación de ambientes retadores, más allá de una imposición teórica.

y la educación para la paz

Todos por la Educación se encuentra en el proceso de entender diferentes perspectivas de educación para la paz, con el fin de promover buenas prácticas y tener incidencia donde creemos necesario. Es así como insistimos en la incorporación de las competencias ciudadanas y socio-emocionales como eje transversal de la educación en la implementación de   de este gobierno.

 La paz necesita una apuesta explicita, constante y franca, la cual está atravesada por la educación. Continuaremos insistiendo en este tema para los planes educativos de los próximos alcaldes y gobernadores en los territorios. Esperamos contar con el apoyo de la ciudadanía y demás actores y experiencias que han sabido apostarle a una mejor manera de relacionarnos. 

Maria A. Perdomo Gestora de Conocimiento Todos por la Educación