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Por Natalia Arbeláez Jaramillo · 08 de Noviembre de 2019

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A las mujeres les va peor en el colegio en matemáticas y ciencias respecto a sus compañeros hombres y esta tendencia se mantiene en el tiempo y empeora en ciertos casos, limitando sus posibilidades de elección en el futuro.

Esto es lo que encontró Luz Karime Abadía directora de posgrados de economía de la Universidad Javeriana y coautora del artículo “Brechas de género en el rendimiento escolar a lo largo de la distribución de puntajes: evidencia pruebas saber 11°” y del artículo “Women in STEM: Does College boost their performance?” que está en proceso de publicación.

Hasta tercero de primaria a las niñas les va igual de bien que a los niños en matemáticas y ciencias, y les va mejor en lectura, según el análisis que hizo Abadía de las pruebas Saber en tercero, quinto, noveno y once grado.

De forma que no se trata de diferencias biológicas y lo que estaría mostrando, según Abadía, es que dado que en tercero de primaria las estudiantes todavía son muy pequeñas, no han interiorizado los estereotipos que las van a condicionar después.   

A medida que avanzan en el colegio, empieza a aparecer una distancia en matemáticas de 2 puntos en promedio de diferencia en contra de las niñas que se mantiene hasta el final del bachillerato.

En las pruebas Saber 11, el desempeño de las estudiantes mujeres en disciplinas como ciencias o matemáticas es menor que el de los hombres aunque mantienen un puntaje mayor en lectura.

La gráfica muestra que hay más mujeres que hombres que obtienen puntajes bajos. Si se observa la parte derecha del gráfico abajo, la línea punteada azul de las mujeres está por debajo y más hacia la izquierda, que la de los hombres.

Aunque no es muy diferente en otros países, lo que sí es particular de Colombia, dice la investigadora, es que en las pruebas internacionales Pisa 2012, la brecha de las estudiantes colombianas respecto a los hombres, en ciencias y matemáticas, es la más grande entre 65 países donde se aplicó y, en las Pisa 2015 está entre las tres peores. Además la ventaja que tienen las estudiantes mujeres en lectura es la menor.

Suecia y Finlandia, anota Abadía, en cambio, han logrado revertir la tendencia y eliminar la brecha en contra de las mujeres en matemáticas. China está apuntando en la misma dirección.

La distancia en contra de las mujeres en el desempeño en ciencias y matemáticas, se amplía entre los mejores puntajes -percentiles más altos- de las Saber 11, pasando de 2 puntos a 13 puntos en matemáticas, explica Abadía.

Al mismo tiempo que les va peor en lectura que a los hombres con puntajes altos similares, por lo que la ventaja que traían en esa materia se revierte.

Los resultados negativos para las mujeres en las pruebas estandarizadas contrastan con el hecho que las mujeres por lo general tienen mejores promedios que los hombres en la universidad.

Posiblemente, explica Abadía, porque para calcularlos se evalúan diferentes competencias como escribir ensayos, hacer presentaciones, presentar exámenes orales, etc. Por el contrario, en las pruebas Saber y en las Pisa la respuesta es correcta o no y eso implica tener que asumir un mayor riesgo.

Hay evidencia de que las mujeres prefieren dejar una pregunta sin respuesta antes que arriesgarse a marcar una de la que no están seguras, pese a que en la mayoría de pruebas de estado no se penaliza una respuesta incorrecta y, por el contrario, da un chance de acertar.

El problema es que el mal desempeño en matemáticas y ciencias se traduce en un puntaje global bajo en las Saber 11 dado el peso que tienen dichos componentes y, por ende, en una menor posibilidad de acceso a ciertas carreras y becas que exigen mayores puntajes. Es un círculo vicioso, que se traduce en menos mujeres matriculadas en estas áreas.

Lo que encontró Abadía es que sólo un 43 por ciento de los matriculados en carreras Stem (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) son mujeres. 

Pero aún las que se meten a carreras científicas o intensivas en matemáticas les sigue yendo peor que a sus compañeros hombres y, por el contrario, pierden la ventaja en lectura que traían, quizá porque competencias como la escritura por ejemplo ya no son el fuerte, explica Abadía a partir del análisis que hizo de las pruebas Saber Pro que se aplican al final de las carreras y que miden no solamente áreas específicas de éstas sino áreas básicas como matemáticas y lectura.

Ese peor desempeño promedio de las mujeres en ciencias y matemáticas respecto a los hombres es mayor en las universidades acreditadas así como en las universidades públicas  respecto a las privadas.

En la Universidad Nacional, que exige una prueba de admisión de selección múltiple diferentes a las pruebas Saber 11, con un alto componente áreas relacionadas con matemáticas, cuenta Abadía, que sólo un 30 por ciento de las mujeres logra entrar, y de esas muchas tienen que optar por carreras que no estaban buscando inicialmente, pues no les alcanza el puntaje.

Lo que es grave, continúa la investigadora, teniendo en cuenta que esa universidad brinda educación de alta calidad, para personas de bajos recursos, en muchas zonas del país.

La explicación, continúa Abadía, estaría en el nivel de competitividad pues los estereotipos y la aversión al riesgo juegan en contra de las mujeres.

“A los hombres no les da miedo pedir la palabra y opinar, y posiblemente en ciertos casos los profesores también están más dispuestos a darles más la palabra y tener más en cuenta sus opiniones” anota Abadía.

En Colombia muy pocas universidades tiene declarada una política de género como la de muchas universidades extranjeras, en las que conscientes de ello, según Abadía, se presta atención incluso al tipo de lecturas que mandan los profesores a sus estudiantes de forma que no sólo muestren los avances o el conocimiento que han producido los hombres. También se forman clubes de mujeres para estudiar matemáticas y entre ellas se ayudan para aumentar su confianza.

Además de cerrar la puerta a ciertas carreras y universidades la brecha en contra de las mujeres en ciencias y matemáticas reduce la posibilidad de becas para estudiar en el exterior o en una universidad nacional.

Para Ser Pilo Paga, por ejemplo,  además de tener bajos recursos económicos se requería un muy buen puntaje de Saber 11. Dado el bajo desempeño de las mujeres, hay 4 mil mujeres menos que según Abadía podrían haber sido elegidas para ganarse la beca de un total de 10 mil beneficiarios si no existiera la brecha.

El que la curva de las mujeres esté desplazada hacia la izquierda implica que ellas puntuaron menos que los hombres y estuvieron más lejos del puntaje exigido.

Esa distancia en contra de las mujeres respecto a los hombres también les afecta la posibilidad de irse a hacer un posgrado en el exterior, pues para esto se requiere presentar exámenes como el GRE y el Gmat que tienen, de nuevo, un alto componente de matemáticas.

¿Qué explica todo esto?

Abadía en su investigación encontró que las estudiantes mujeres y los estudiantes hombres que presentan las pruebas Saber 11, que son prácticamente los de todos los colegios del país pues es un requisito para ingresar a la universidad, son muy similares entre sí en términos de estrato:

De tipo de familias de las que vienen

O de educación pública o privada

Por lo que la explicación estaría en variables que no son tan visibles pero que otros estudios han demostrado.

Una de las razones entonces para que las estudiantes mujeres puntúen menos en matemáticas y ciencias es la falta de motivación o el cambio en las preferencias, que de acuerdo con Abadía responde a creencias que reafirman su rol de cuidadoras de otros más desprotegidos, de la misma forma que reafirman la idea de que los hombres son los que estudian ingenierías y carreras en ciencias y tecnología, y los que ocupan las posiciones de poder.

“Colombia está plagada de estereotipos de género. Uno escucha frecuentemente frases como llorar es cosa de niñas por ejemplo. Hay publicidad también que refuerza los estereotipos de género. Siempre nos muestran que la mujer es la que cocina, la de todos los productos de la casa y del cuidado de los niños. Mientras que al señor lo muestran como el ejecutivo, está vestido de saco y de corbata y tiene su maletín. Desde pequeñas nos están diciendo que las mujeres vamos para la casa, mientras los hombres son los que ocupan posiciones altas” sostiene Abadía.

Las diferencias en el tipo de juegos también incide. Está demostrado por ejemplo que jugar fútbol, videojuegos, lego, montar bicicleta desarrolla partes del cerebro que favorece las competencias en matemáticas.

Por el contrario, que los papás le digan a las niñas constantemente que no se pueden ensuciar, que no pueden hablar duro, que tienen que tener cuidado con todo, las vuelve resistentes al riesgo y poco competitivas, y, en últimas, poco emprendedoras y dispuestas a luchar con la misma fuerza que los hombres para llegar a cargos muy altos de las organizaciones, de acuerdo con la investigadora.

Por esa razón en varios países de Europa se han implementado encuestas que indagan por ese tipo de estereotipos a través de preguntas como: ¿usted cree que las matemáticas son importantes para la vida? o ¿usted cree que la ingeniería es sólo para hombres y no para mujeres?

Además de las creencias, las pocas probabilidades de éxito también inciden en la falta de motivación para estudiar carreras fuertes en matemáticas y ciencias.

Pese a que hay más mujeres matriculadas actualmente en carreras universitarias, cerca de un 54 por ciento, de que se gradúan más que los hombres y son, en general, mejor preparadas que ellos, es decir, que tienen más años de estudio, ganan entre 5 y 25 por ciento menos de salario.

La gráfica muestra, que al comparar el salario de hombres y mujeres con las mismas características personales y laborales, las mujeres ganan menos y esta brecha se amplía entre aquellos trabajadores que ganan salarios altos. Tanto la línea azul como morada que representan la brecha muestran como va creciendo la distancia salarial entre hombres y mujeres a medida que se comparan cargos con salarios más altos.

Dice Abadía que un empleador que tenga que escoger entre un hombre y una mujer igualmente calificados es más probable que opte por el primero pues en teoría no tiene que preocuparse por licencias de maternidad, permisos para cuidar los hijos, etc. Y si contrata la mujer es muy probable que le pague menos como una forma de compensar por adelantado futuras faltas al trabajo.

Por razones de ese tipo en España, la licencia de maternidad es tanto para hombres como para mujeres. Una mujer puede tener su hijo y a las dos semanas, por poner un ejemplo, puede intercambiar con su esposo para que éste tome la licencia. De esa manera ambos padres pueden estar potencialmente en licencia de maternidad y de esa forma el sesgo de los empleadores en favor de los hombres disminuye.

Cuando las mujeres han interiorizado los impedimentos que tienen para ganar más y para alcanzar ciertas posiciones están menos motivadas a estudiar carreras que implican un nivel de competitividad mayor como las de ciencias y matemáticas. “De hecho están más dispuestas a sacrificar su propia carrera personal por la de su pareja o por el cuidado de sus hijos cuando tienen que escoger”, concluye Abadía.

Los modelos a seguir también escasean. Las mujeres tienen pocas mujeres visibles que a su vez les sirvan de referente y que les hagan pensar que vale la pena ser competitivas en matemáticas y ciencias y dedicarse a ello con el nivel de esfuerzo que requiere.

Un estudio de Ángela Fonseca para el Observatorio de Asuntos de Género de la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, quien es también profesora de Economía de La Javeriana, a quien Abadía se refiere, muestra en gráficos los porcentajes de participación de las mujeres en cargos decisorios en el sector público, por ejemplo.

 

Catalina Monroy http://www.urosario.edu.co/Profesores/Listado-de-profesores/M/Monroy-Her..., profesora de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, y quien hace parte del programa WomanStats project http://www.womanstats.org/ y es autora del capítulo de libro “The Status of Women’s Political Empowerment Worldwide” ha estudiado el estado de empoderamiento político de las mujeres a nivel global a partir de la tesis de que una mujer que no se siente segura no se va a sentir ni a convertirse en una mujer empoderada.

El empoderamiento político de las mujeres implica, según Monroy, que haya un ambiente favorable en la sociedad para hacer cambios, una determinación por parte de las mujeres de hacerlos y la capacidad de materializarlos.

El empoderamiento político lleva implícita la capacidad de transformar el estado de cosas. Y la representación política, que ha sido el indicador más usado, no lograr medir eso y tiene el problema de que tiene en cuenta también mujeres que están empoderadas por un tercero como mujeres congresistas en “cuerpo ajeno” que en realidad representan esposos, hermanos o familiares con algún impedimento.

En ese sentido Monroy y su grupo de investigación desarrolló un índice que cruza variables de seguridad física, económica, legal, y de representación política, a partir de información del WomanStats project, del Banco Mundial y del Foro Económico Mundial.

El top 10 lo encabezan los países nórdicos, Holanda, Bélgica, Alemania y Nueva Zelanda. Entre los países latinoamericanos que aparecen de primeros, a partir del puesto 30, está Argentina, Costa Rica, Cuba, Chile y Nicaragua. Más abajo, en el puesto 46 de 125 países, está Colombia.

Toda esa sucesión de eventos marcados por la brecha entre mujeres y hombres en matemáticas y ciencias, que además en Colombia es acentuada afecta el crecimiento económico y el desarrollo del país. “Si hay menos mujeres en ciencia y tecnología estamos perdiendo un gran capital humano”, señala Abadía. “Personas muy capaces y con puntos de vista diferentes.” Colombia además tiene en general unos niveles muy bajos de desarrollo científico.

 

En 160 trillones de dólares calcula el Banco Mundial las pérdidas en la riqueza global precisamente por la pérdida de capital humano debido a la inequidad de género.

Está comprobado, además que los grupos de trabajo más diversos en términos de género innovan más. Y esa diversidad, continúa la investigadora, en los niveles directivos de las empresas conllevan a mejores resultados financieros.

En el sector público hay evidencia de que cuando una mujer está en un cargo público las decisiones de política pública tienden a mejorar la calidad de vida de las mujeres, invierten más dinero en el cuidado de los hijos, en la creación de más guarderías, por ejemplo, en la reducción del embarazo adolescente, y en últimas en el cierre de brechas sociales.

“Cuanto más rápido se rompan los estereotipos de género más rápido se corta el efecto sobre las siguientes generaciones, la posibilidad de que los padres puedan transmitir y seguir reforzando en sus hijos ciertos estereotipos de lo que debe ser el rol de las mujeres en una sociedad” concluye Abadía.

 

Comentarios (5)

Juan Camilo Ariza

08 de Marzo

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Que interesante ver que las niñas que ya han tenido su menarquía comienzan a...+ ver más

Que interesante ver que las niñas que ya han tenido su menarquía comienzan a tener variaciones en su desempeño.

Carlos Felipe Casas Prieto

11 de Marzo

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Esto debería ser un pilar para el plan de desarrollo teniendo una ministra mujer, pero parece que no sirve de discurso de género ni de la nueva reconstrucción de familia.

Lina Rosa Latorre García

11 de Marzo

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Es una posición reduccionista. Interesante sería reconocer la naturaleza de las individualidades y la realidad de las instituciones educativas y NO SÓLO PARTIR DE UNOS RESULTADOS Y ESTADÍSTICAS que NO RESPALDAN la SOLUCIÓN DE LAS DIFERENTES DIMENSIONES DE LOS SERES HUMANOS como conformadores de un MUNDO DIGNO y POSIBILITADOR de LA EXISTENCIA Y TRASCENDENCIA DE LA REALIZACIÓN HUMANA para todos.

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