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Por Ana León · 12 de Agosto de 2018

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Tras la seguidilla de acciones violentas del ELN, especialmente el secuestro de tres militares en Arauca y la denuncia del reclutamiento de 24 menores que hizo el Defensor del Pueblo, el presidente Iván Duque le hizo una primera advertencia a ese guerrilla y le subió la tensión a la mesa de negociación de La Habana, que ýa tiene varios otros motivos para estar en ascuas. Lo que ocurra con esos hechos probablemente decida su futuro.

En medio del plazo de 30 días que definió para decidir el futuro de esos diálogos, y tras haber hecho campaña pidiendo más exigencias del gobierno a los elenos para seguir hablando, aseguró que solo con la liberación “rápida y sin condiciones” de los secuestrados mediría la “verdadera voluntad de desmovilización, desarme y reinserción” de esa guerrilla. 

Por eso queda en una posición de ventaja pues dejó al ELN con la papa caliente de soltar a los soldados o convertirse en el responsable del fin de la negociación, cuando todo indica que ese grupo no quiere cargar con el lastre de ser el que se levantó de la mesa. 

Más porque, a pesar de que las conversaciones no cerraron tan bien en la primera semana de agosto como se dijo, los mensajes del ELN y el saliente Gobierno de Juan Manuel Santos hace unos días es que estaban a punto de negociar un cese bilateral que le daría oxígeno a la negociación.

 

Faltan más que centavos para el peso 

Una semana antes de que acabara el Gobierno Santos se cerró el sexto ciclo de conversaciones con el anuncio de que que faltó muy poco para que se lograra un cese al fuego y se concretara la participación de la sociedad en la negociación. 

 

“Si bien no llegamos en este ciclo a acuerdos completos sobre participación y cese al fuego, el camino recorrido hacia ellos es muy significativo”, rezaba el comunicado. 

SIn embargo, dos fuentes que tienen acceso a información privilegiada de las negociaciones le dijeron a La Silla que lo que quedó pendiente era crucial y no tiene una solución fácil o cercana.

A pesar de que el ELN alcanzó a considerar renunciar al secuestro y las extorsiones durante el cese, algo a lo que se han negado porque dicen que son su fuente de ingresos, con el compromiso de que la comunidad internacional los auspiciaría económicamente, varias trabas diluyeron esa idea.

La principal es es cómo armar los protocolos del mecanismo de verificación y veeduría del cese. 

Según lo que nos relataron esas mismas fuentes por aparte, el ELN quería que se mantuvieran las condiciones del pasado cese bilateral de octubre a enero.

Eso no convenció al Gobierno porque hubo varias denuncias sobre violaciones que no se pudieron verificar por lo que era necesario afinar ambiguedades. “No había una definición clara de qué era una hostilidad, de qué era una violación al cese y así la ONU no se iba a comprometer a la verificación”, nos dijo una de esas fuentes. 

Según esa misma fuente, la renuencia del ELN a aceptar nuevas condiciones, como entregar información más detallada sobre las zonas en las que ejercen presencia y control, en parte estaba motivada en que hay regiones como el Catatumbo o Chocó en las que están en disputa territorial con otros grupos ilegales, y un cese más riguroso les quitaba margen de maniobra a la hora de defenderse o atacar a esos otros grupos.

Eso es difícil de resolver porque es inevitable que los grupos armados ilegales a los que se enfrenta el ELN en distintas regiones, se fortalezcan en un eventual cese al fuego. 

Precisamente eso ya pasó en el anterior cese al fuego en el Catatumbo por ejemplo. Allí el EPL aprovechó ese tiempo para buscar expandir su control territorial y por eso es que hoy están enfrentadas.

La segunda traba es que el ELN le exigió al Gobierno comprometerse a que no habría más asesinatos de líderes sociales, lo que naufragó porque el Gobierno sintió que era un compromiso imposible de hacer. 

Eso porque, como contó La Silla, en algunos casos los asesinatos se deben a dinámicas de poder locales sobre las que no tiene control.

Como eso no va a cambiar en el corto plazo, pues por ejemplo es imposible que el Gobierno se comprometa a que los choques entre disidencias no produzcan la muerte de líderes locales, es un obstáculo difícil de superar.

El tercer problema es la definición de la participación de la sociedad en la negociación, un punto que si bien es menos mediático, viene del ADN del concepto que el ELN tiene de si mismo. 

Según Víctor de Currea Lugo, profesor que le hace seguimiento a las negociaciones del ELN, en ese punto no se avanzó y la guerrilla quería que se priorizara antes de acordar un cese. 

“El punto del cese al fuego estaba muy avanzado pero la participación no. El Gobierno insiste en que el problema es el cese y no la participación (pero) eso no es un requisito más, es lo esencial (...) Sin esa metodología (de participación) no hay nada qué hacer”, dijo de Currea.   

 

La violencia suma más suspenso

A los tres obstáculos y la suspensión de las negociaciones se sumaron los recientes hechos de violencia, que dejaron la sensación de que el ELN no está jugado por la negociación o busca ganar fuerza en ella frente a un nuevo Presidente que llega con una postura más dura.

Así lo leyó Duque: “no voy a aceptar (...) que el secuestro se convierta en un mecanismo para chantajear al Estado colombiano”, dijo el viernes tras el secuestro de tres militares en Arauca. 

Pero hay otras dos lecturas posibles sobre la relación entre los secuestros y la mesa.

Por un lado Kyle Johnson, investigador del International Crisis Group y miembro de La Red de la Paz, dice que es probable que por lo menos algunos no tengan relación con la negociación pues pueden responder a disputas locales en las que está el ELN. 

Por ejemplo, a eso responderían el secuestro de cuatro policías y dos civiles en Chocó, que según Pablo Beltrán no fue planeado, y la masacre de El Tarra si se llega a comprobar que fueron ellos (han dicho que no tuvieron que ver pero las versiones en la región desde el primer día los señalan como presuntos responsables).

Sin embargo, ese argumento no explicaría todos los hechos. Por ejemplo, los secuestros de Arauca no están enmarcados en ninguna disputa territorial; se dieron en una zona que domina el frente Domingo Laín, el más poderoso militarmente del ELN.

Por eso hay una segunda lectura, que nos dieron tres fuentes que conocen y estudian el accionar de esa guerrill: que esos hechos, sobre todo los de Arauca, son el mensaje del ala más radical del ELN, que representa el Domingo Laín, al nuevo Gobierno.

“Es su forma de avisarle al Gobierno que tienen dos estrategias. Una de negociación y otra de resistencia armada (...) están listos para la guerra”, nos dijo una de esas fuentes que conoce cómo se mueve el ELN particularmente en Arauca. 

Eso concuerda con el mensaje que envió Gustavo Giraldo, alias ‘Pablito’, miembro del Comando Central y comandante del Frente de Guerra Oriental, que contiene al Domingo Laín, y que reveló Nocitias Uno un día antes de la posesión de Duque. 

Lo de ‘Pablito’ es especialmente llamativo porque a la par el ELN ha tratado de enviar mensajes de buena voluntad, como el comunicado del viernes en el que reconocieron que tienen un grupo de militares y contratistas secuestrados y aseguraron estar adelantando comunicaciones con el Gobierno para acordar su liberación. 

Ese mismo día también publicaron una prueba de supervivencia de José Leonardo Ataya, el gerente de la Empresa de Servicios Públicos de Arauca a quien tienen secuestrado desde marzo. 

 

De esperanza y zozobra

Esos mensajes de buenas intenciones muestran, como nos dijeron dos de las fuentes que conocen el proceso por dentro, que para el ELN podría ser muy costoso pararse de la mesa de negociación unilateralmente con una estela de hechos violentos detrás porque eso le restaría credibilidad a los ojos de la Iglesia Católica y la comunidad internacional, dos de sus aliados clave a la hora de negociar la paz. 

Ahora, qué tanto les funcione los mensajes de buena voluntad para seguir en negociaciones con Duque, dependerá en buena medida de cuál sea el desenlace de esos secuestros y si se recrudece o no la violencia en estos 30 días. 

Según las seis fuentes que consultamos, a favor de las negociaciones está que Duque no decidió echarlas por la borda como dijo en campaña, sino evaluar lo que hay, y que al frente de esa evaluación esté Miguel Ceballos, a quien el ELN conoce y ve con buenos ojos. 

En contra, juega que cada vez es más alto el riesgo de que la mesa se siga deslegitimando por la violencia del ELN y porque Duque prometió denunciar internacionalmente al gobierno de Nicolás Maduro, lo que aumenta la posibilidad de que Venezuela no siga siendo garante del proceso.  

Como Ecuador ya se retiró y Venezuela ha sido el país de resguardo histórico de varias de las cabezas del ELN, y por eso su presencia les da seguridad, esa eventualidad podría darle otro golpe a la negociación.

Además, Duque ya presentó un acto legislativo para que el narcotráfico y el secuestro no sean conexos a los delitos políticos que manda un mensaje de endurecimiento con el ELN y que, de aprobarse, implicaría que en un eventual modelo de justicia transicional para el ELN esos delitos quedarían por fuera. 

Aunque por ahora es un proyecto de reforma constitucional que se demora en ser aprobado, y en todo caso esa decisión se puede reversar, la mostrada de dientes del nuevo Gobierno puede desincentivar al ELN.

Por ahora, esa guerrilla no ha reaccionado negativamente por ese proyecto.

Habrá que ver si su tono conciliador se mantiene al menos hasta que Duque anuncie el resultado de su evaluación y si el Presidente termina apartándose del todo de su mensaje de campaña de levantar la mesa. 

Hacerlo puede costarle con su electorado uribista y en general con quienes votaron No en el plebiscito, y por eso es improbable que lo haga. Si, encima, los soldados siguen secuestrados, ese costo sería mucho más alto; si el ELN los liberal, tendría un camino para hacerlo recordando esa muestra de buena voluntad.

Por eso, lo que resulte del secuestro de Arauca y la denuncia de reclutamiento será crucial. 

Comentarios (4)

José Saramago ..

12 de Agosto

1 Seguidores

“..(la Banda Criminal d)el ELN le exigió al Gobierno comprometerse a que no...+ ver más

“..(la Banda Criminal d)el ELN le exigió al Gobierno comprometerse a que no habría más asesinatos de líderes sociales..”:si que son cínicos estos del ELN, ellos son responsables de una “buena” parte de esos asesinatos. Una parte de defender a lideres sociales es atacando a uno de sus victimarios: a los cobardes del ELN.
¿el régimen dictatorial venezolano garante del proceso?: ¡que tal!, el colmo.

LUIS AURELIO ARCINIEGAS

13 de Agosto

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OSEA QUE ESTOS ES UN SAINETE DONDE EL ESTADO ES UN SANTO Y ELN ES CRIMINAL

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