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Narrarnos desde nuestra biodiversidad: una necesidad política y cultural para no dejarnos distraer

En Colombia hemos narrado nuestra biodiversidad como eslógan turístico,sin pensar en profundidad nuestro vínculo cultural con ella

Stefan Ortiz
Stefan Ortiz
Investigador en temas socio-ambientales, de gobernanza, desarrollo rural y de agroecología.
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02 de Marzo de 2019

La crisis ambiental global ha sido ampliamente diagnosticada. No se trata únicamente del cambio climático y sus consecuencias previsibles e imprevisibles, también es la pérdida acelerada de biodiversidad, la extinción masiva de especies, las crisis por escasez de agua, la reducción en nuestras fuentes de alimento, la deforestación y el extractivismo.

Una gran proporción de esta crisis es inducida por el ser humano, por nuestros modos de vida y por nuestras decisiones políticas y económicas. Colombia está plenamente inmersa en el problema. Nos hemos repetido infinitamente que somos uno de los países más biodiversos del planeta, que tenemos una “magia salvaje” combinada con un “realismo mágico” que nos hace únicos en el mundo. Pero han sido expresiones vacías, una búsqueda patriótica cargada de una negación profunda de nuestra realidad.

Nos interesa nuestra biodiversidad para tenerla en fotografías, postales y videos promocionales, cuando los turistas nos alegran el oído diciéndonos que es un país maravilloso. Nos fascinan nuestros pueblos étnicos cuando podemos comprar sus artesanías y tomarnos fotos con ellos. Amamos a nuestro campesinado cuando posa “folclóricamente” en sus puestos de plaza de mercado y nos hace rebajas. Nos encanta la música tradicional con sus marimbas, gaitas, tambores, flautas. Todo eso es biodiversidad, todo eso es territorio, y los territorios son también la gente que los habita y los defiende.

Sin embargo, volteamos la mirada cuando llegan noticias de los asesinatos de sus líderes sociales, que defienden los territorios que hacen posible que exista todo eso que aparentemente admiramos como parte de nuestra vacía identidad nacional y de nuestro patriotismo conveniente. No queremos que nos repitan que esos territorios están siendo arrasados por la minería y el extractivismo que sostienen un sistema político y económico en el que muy pocos concentran la riqueza. Nos quejamos de la corrupción como si ésta existiera por sí misma, como si no necesitara de la complicidad oculta de toda la sociedad.

La biodiversidad ha sido parte de la identidad de Colombia, una historia más agradable que nos contamos de nuestro país, una alternativa a la narración de la violencia. Tal vez por eso no hemos profundizado en esa historia, porque hacerlo implica reconocer que biodiversidad y violencia han estado relacionadas en nuestro país. La violencia como forma de controlar la biodiversidad, de apropiársela, de acapararla y lucrarse de ella. Es así, porque la biodiversidad toma forma de ríos, de minerales, de tierras, de alimentos, de animales y de comunidades. El conflicto armado en Colombia ha involucrado directamente a la biodiversidad, ésta ha sido víctima en todas sus formas. Un campesino desplazado o asesinado es un elemento más de la biodiversidad violentada.

Pero la biodiversidad también debería interesarnos porque es el sostén de nuestra existencia. Ahí radica nuestra identidad profunda como colombianos. No podemos existir sin la biodiversidad que somos. Por ello la crisis ambiental no es algo ajeno y distante. Somo esa crisis, la vivimos y la respiramos diariamente. La violencia que regresa a nuestros territorios es una manifestación de ello. Los asesinatos crecientes de líderes sociales son parte de ello. No podemos resolver el problema de la violencia sin resolver el problema de la crisis ambiental y no habrá salida a la crisis ambiental si persiste la violencia generalizada.

Varios países están liderando discusiones y tomando decisiones con gran dificultad de sacar adelante, a pesar de que son aún soluciones superficiales: prohibición de vehículos a base de diesel en las ciudades, fomento al transporte eléctrico, debates sobre la necesidad de inversiones públicas a gran escala para transformar la economía y la matriz productiva (el “New Green Deal” en Estados Unidos promovido por la congresista demócrata Alexandra Ocasio Cortéz), esfuerzos para restaurar ecosistemas y reforestar tierras…

En Colombia estamos lejos incluso de buscar soluciones superficiales. Hay esfuerzos débiles y debilitados en el actual contexto político. El Acuerdo de Paz, con programas como los PDET y la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito, marcaba una posibilidad de cambio estructural para liberar al campo de la ilusión de la bonanza cocalera y comenzar a pensar en territorios de posibilidades con base en las miles de propuestas que ya tienen pensadas las comunidades campesinas, indígenas y afro.

Nuestro país necesita narrar su identidad biodiversa a profundad y creerse el cuento. Más allá de la postal y de la campaña publicitaria: ¿qué significa ser un territorio biodiverso? ¿en qué nos hace fuertes y en qué nos hace débiles? ¿cómo podemos habitarlo de forma que aprovechemos mejor las oportunidades que la biodiversidad nos da de vivir mejor? ¿qué es “vivir mejor” para nosotros? ¿cómo podemos reconocernos como parte de la biodiversidad? ¿qué nos enseña la biodiversidad para construir una democracia radical en Colombia? Son preguntas que deberíamos hacernos en las calles, universidades, escuelas, carreteras, campos.

Lejos de eso, nos dejamos distraer de la principal conversación que deberíamos estar teniendo como sociedad. Nos cambian el tema constantemente para evitar que pensemos demasiado en nuestros muertos, en la violencia que retoma los territorios, en el retorno de los desplazamientos masivos, en la corrupción que nos escupe en la cara, en los ríos que secamos y contaminamos, los bosques que acabamos, las comunidades y culturas que, sin su territorio, poco a poco dejan de existir. Los que tienen interés en cambiar el tema, lo están logrando: mejor que hablemos de vientos de guerra con Venezuela, mejor generar acciones de abuso de autoridad contra el trabajo informal para que canalicemos nuestra indignación en algo manejable para el poder, mejor anunciar nuevos impuestos y luego echarse para atrás una y otra vez para dejarnos atontados…mientras tanto, olvidamos lentamente el trasfondo de crisis social, política, económica y ambiental.

Nos tapan los ojos y nos distraen para que no se exprese nuestra identidad biodiversa. Porque vienen las elecciones regionales y tal vez se nos ocurrirá no votar por los que viven de nuestra crisis como sociedad y como ecosistema. Porque en la última década hemos dado señales claras de querer transformar el país. La JEP y la Comisión de la Verdad son ejemplo de eso. El Centro de Memoria Histórica también lo era. Los paros cívicos en el Pacífico, en el Cauca, en las ciudades estudiantiles. Las marchas campesinas. Los votos alternativos en las elecciones pasadas. Las acciones contra la megaminería, las consultas populares. La oposición al Fracking.

Ya cogimos impulso para narrarnos y reconocernos colectivamente como territorio biodiverso. Asumamos el carácter político y transformador de la biodiversidad que somos.

Copio las siguientes palabras de Francia Márquez en entrevista a La Silla Vacía:

“…yo no puedo hablar de fortalecer la cultura si donde la gente que ejerce su cultura yo estoy vendiendo los territorios. La gente del Pacífico que realiza las prácticas culturales las realiza en sus territorios y esos territorios se están vendiendo, se están entregando a grandes intereses nacionales e internacionales entonces para mí eso es una falacia de un discurso de ‘si, vamos que rico que suena la marimba’, pero ajá ¿la chonta para hacer la marimba donde se consigue?

¿No es allá en el territorio donde se piensa destruir? Entonces para mí eso no tiene coherencia y yo creo que no tiene mucho futuro.

(…) la cultura como parte de nuestro ser, que se arraiga en nuestros territorios, va mucho más allá de las expresiones culturales, de las expresiones artísticas, y ahí yo creo que no hay coherencia.

Usted no puede hablar de economía naranja que se ve como que estamos promoviendo la cultura para tener mayor convivencia y no sé qué, pero en la práctica voy con el fracking, voy con la minería, seguimos con el modelo económico normal. Para mí eso es una distracción.”

 

Foto de portada tomada de: 
Ilustración de Angie Vanessa Cárdenas Roa realizada para el afiche de divulgación de la VI Semana Mesoamericana por la Diversidad Biológica y Cultural

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