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Michael Sandel: corrupción y medio ambiente

Si soborno es eufemismo de incentivo monetario, entonces son corruptos quienes quieren entrar al cielo comprando indulgencias, y quienes pretenden negociar derechos a contaminar y a dañar la naturaleza que, como dice Sandel, no tiene precio

Fredy Cante
Fredy Cante
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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19 de Febrero de 2018

Hace pocos días el académico Michael Sandel (profesor de filosofía política en la Universidad de Harvard), conocido por su célebre libro Lo que el dinero no puede comprar, y por un curso on-line sobre justicia,  estuvo en la Universidad del Rosario, ofreciendo una conferencia sobre la ética de lo público.  Unas secciones del mencionado texto, sobre los mercados de emisiones de gases efecto invernadero, y el recuerdo perenne de ese gran economista que fue Nicolas Georgescu-Roegen, han sido la fuente de inspiración para esta breve columna.

La teoría económica neoclásica (la corriente dominante de la economía), está basada en el utilitarismo, y tiene dos supuestos básicos: a) la utilidad es el rasero o medida para equiparar todos los bienes y servicios; b) las finalidades de todos los seres humanos (sean vulgares o elevadas, buenas o malas) se pueden expresar en el lenguaje de la utilidad. Esta teoría ha sido la base de todas las políticas económicas, incluyendo las neoliberales, las keynesianas, las social-demócratas, y aún de llamada economía ambiental (análisis coste-beneficio, valoración de la vida,  desarrollo sostenible, crecimiento verde, etc.).

El principio fundamental de la teoría neoclásica es que todo lo existente en el mundo tiene un sustituto y, por tanto, para todo puede existir un precio, y esto se conoce como el principio de la sustitución. En esa lógica, un consumidor racional, maximiza su utilidad si, por ejemplo, una bandeja paisa puede ser sustituida por un sancocho de bagre o por un ajiaco santafereño; un empresario racional, puede sustituir a la revoltosa y sindicalizable mano de obra humana por mudas y eficientes máquinas; un gobierno puede sustituir inversión en vías (infra-estructura) por formación de universitarios (capital humano), etc.

Sin los eufemismos propios de la ciencia “objetiva”, el curtido economista T. Schelling, uno de los estrategas de la guerra fría, señaló que detrás de los incentivos y de los mercados está el poder del soborno: un cuantioso soborno (a veces acompañado de la contra-cara de una amenaza creíble) es una oferta difícil de renunciar, y un uso estratégico de los sobornos hace posible comprar voluntades de mercenarios, políticos, actores, países y comunidades enteras, cuando el botín se denomina “regalía”, “compensación” y “premio”.

El único economista que ha destruido teóricamente el falaz y perjudicial principio de la sustitución, ha sido el rumano Nicolas Georgescu-Roegen (cuya obra cumbre es La ley de la entropía y el  proceso económico). En un artículo de los años treinta, mostró que existen necesidades y deseos humanos inalienables que no tienen sustituto: el agua o el pan que satisfacen respectivamente la sed y el hambre no pueden ser sustituidas por un par de zapatos, un viaje internacional no  es sustituto de una carrera universitaria; y resulta más sensato un ordenamiento lexicográfico o una jerarquización de necesidades (como la estilada en la pirámide de Maslow).

En los años setenta, en su obra magna, desbarató la falaz función neoclásica de producción, y mostró que el trabajo humano y los medios de producción (o capital) no pueden sustituir a la naturaleza, pues el ser humano no puede producir materia y energía, y más bien las transforma en un proceso que acentúa y acelera la degradación entrópica. En su perspectiva no se puede concebir alguna modalidad de desarrollo sustentable o sostenible, y los daños causados a la naturaleza por actividades nocivas (y cruciales para la economía) como la minería, y la extracción y combustión de petróleo, carbón y gas … no se pueden reparar.

En el mundo y, obviamente, en Colombia, los ámbitos de la academia y la arena de la política económica, han estado influenciados,  las últimas cuatro décadas,  por el neoliberalismo (los chicago boys, y sus remedos en todo el mundo). Los grandes neoliberales académicos (F. Hayek, M. Friedman, G. Becker, J. Buchanan, G. Tullock, R. Coase, R. Frank, etc.) y los políticos (los presidentes de Estados Unidos desde R. Reagan hasta Trump, y del Reino Unido los primeros ministros desde Margaret Tatcher hasta Theresa May,  y en Colombia, los elegidos,  desde César Gaviria hasta J. M. Santos y sus posibles seguidores desde la centro-izquierda hasta la derecha) han pretendido, con cierto amargo éxito, instaurar mercados para todas las relaciones sociales y políticas: la familia, el sexo,  la política, la democracia,  la empresa, el manejo de bienes colectivos (como la salud y la educación), incluso la renta básica (o salario de ciudadanía), y los derechos a contaminar y generar destructivas externalidades (que afectan al medio ambiente) … todo eso se ha entendido como un mercado más, con precios, demanda y oferta.

¡Los neoliberales han logrado expandir la lógica de la sustitución a todo el universo de las relaciones sociales, y a toda la geografía mundial!

En contravía del neoliberalismo rampante, el profesor Sandel ha mostrado que la expansión de los mercados es ética y moralmente cuestionable: si para todo existe un precio entonces perdemos nuestra libertad y dignidad, y por tanto no somos viables como sociedad ni como especie.

En las secciones de su libro que tratan acerca de los mercados de emisiones de gases efecto invernadero (como dióxido de carbono y metano), mostró que la economía estadounidense bajo el gobierno de G. Bush, y que los burócratas del Protocolo de Kyoto (para la supuesta defensa del medio ambiente), fomentaron el mercado de emisiones de gases efecto invernadero (los famosos bonos de carbono):  una compañía o un país desarrollado con gran necesidad de emitir cantidades adicionales y crecientes de estos gases, podría comprar cuotas adicionales a un país subdesarrollado y con pocas emisiones para, supuestamente, alcanzar un equilibrio, y lograr una reducción global de las emisiones a través de la mágica mano invisible del mercado.

Sandel, sin ser economista, entendió muy bien el problema de los recursos comunes: afirmó que a los cielos no les importa si en un lugar del planeta se emite menos y en otro más, pues el tema ambiental no es el de una ridícula transacción micro-económica. Los gases efecto invernadero se han acumulado desde inicios de la primera revolución industrial hasta hoy, y la atmósfera es nuestro recurso común: en cualquier punto del planeta resulta nociva y crecientemente perjudicial una nueva emisión de gases efecto invernadero.

El profesor Sandel, como un recursivo pedagogo, muestra que estos mercados de emisiones son tan engañosos como el de un marido infiel que engaña a su esposa con una amante en Ámsterdam, y para remediar el daño incentiva monetariamente a un sujeto fiel en Lima para que continúe con la fidelidad a su esposa. Hace referencia a un sitio web en donde se muestra el ridículo de los mercados de emisiones y el de los amamantes infieles, el link es:

Dos lecciones, en particular para algunos de nuestros ambientalistas que simpatizan con las “soluciones de mercado” son estas. 

Primera: si los gobiernos latinoamericanos pudiesen preservar el Amazonas con incentivos monetarios de las grandes potencias contaminantes como Estados Unidos y China, y a cambio estas continuaran e incrementaran sus emisiones, el planeta y la humanidad estarían aún peor que hoy.

Segunda: aún si lográsemos castigar a las empresas mineras y petroleras con impuestos y elevadas regalías estatales (como lo han hecho en Ecuador y Bolivia), y el dinero fuese invertido en infraestructura y economía del conocimiento (el mal llamado capital humano), la economía colombiana y, en especial su medio ambiente, estarían peor debido a los daños irreparables y a la contaminación que no se pueden reversar ni reparar.

Al final queda un sabor agridulce pues notables académicos (keynesianos a la antigua) como P. Krugman, el profesor Sandel, y el ultra-neoliberal M. Friedman han coincidido en una fórmula un tanto distinta a los mercados de emisiones, que es la de un impuesto (o multa) a los emisores de CO2.  Este tipo de impuesto corresponde al principio de la sustitución, presente en el trabajo del neoclásico economista Pigou (¡quien contamina paga!), pero el problema es que los impuestos, aunque cuantiosos, no permiten remediar el daño irreparable causado a la naturaleza. Aunque, quizás, un muy elevado impuesto (o un tributo de carácter expropiatorio como los sugeridos por Henry George en contra de los rentistas), podría ser un mecanismo de disuasión en contra de los contaminadores.

Comentarios (6)

Andres Felipe Garcia Rovira

19 de Febrero

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Las mentes pequeñas tienen un serio problema de lectura, la solución a su fa...+ ver más

Las mentes pequeñas tienen un serio problema de lectura, la solución a su falta de comprensión de las soluciones posibles es utilizar la teoria del valor de Marx, valor intrinsico, para definiendo el valor, colocar el precio correcto.
Usted piensa que colocando conceptos incuantificables resuelve un problema que no tiene sentido ver asi. En el siglo XV los conversos judios y musulmanes en España transformaron su fe(Dios invalorable e incuantificable) para mantener su vida.
El medioambiente vale mas de lo que la gente esta dispuesto a pagar por personas con sus limitaciones, si en lugar de costear todas las implicaciones y tiempo requerido para recrear un ecosistema asumen que es mejor bloquear las soluciones, al final terminan favoreciendo las explotaciones ilegales para que el precio no es bajo sino nulo.
Los commodities deberian tener intrinsicamente el valor de regenerar el ecosistema y devolver en el tiempo con una tasa de descuento todos los problemas que causa, eso haria un mundo mas sostenible, la mejor forma de proteger el patrimonio ambiental es que las comunidades se apropien de ellos y tenga una rentabilidad economica, que normalmente favorece lo social.
Su pesima comprensión de la economia, que en ninguna parte establece que esto no es cierto, porque en ultimas es solo un modelo conceptual, establece que la ponderación esta en los seres humanos, ellos son los que deben definir que es lo admisible y lo no para poder preservar las generaciones futuras.
El enemigo de la entropia es la vida y generar mecanismos sostenibles para que actividades como la mineria o la misma explotación de hidrocarburos repaguen los daños que generan es lo que resuelve el problema, no la solución facilista de no hacer nada.
Los mercados donde se le pone precio a la contaminación no estan mal conceptualmente, es un problema de costeo, se asume que debe haber una libre oferta y demanda pero no se incluyen los verdaderos costos de recuperar el ecosistema como un precio minimo, si esto se hiciera el mecanismo seria el llamado a regular estos problemas, pero como no lo entienden ayuda a sabotear las soluciones que pueden resolver el problema.

dokholord

24 de Febrero

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Las mentes pequeñas tienen un serio problema con aceptar las opiniones y conc...+ ver más

Las mentes pequeñas tienen un serio problema con aceptar las opiniones y conceptos de los demás, y adicional pensar que siempre tienen la razón.

Andres Felipe Garcia Rovira

28 de Febrero

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Gracias por demostrar el punto es usted un excelente ejemplo, no entendio la c...+ ver más

Gracias por demostrar el punto es usted un excelente ejemplo, no entendio la critica ni el marco conceptual, por eso disfruto de sobremanera que cuando uno dice lo que no entiendan que den un paso al frente, sumerced valientemente se haya ofrecido, cuando entienda la discusión que es sobre economia de los recursos naturales y se documente podria entender de que es la discusión, mientras tanto muchas gracias por ese ejemplo tan hermoso de identificarse como una mente pequeña.

Gloria Nancy Hoyos

24 de Febrero

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En Colombia la corrupción es la qué hace qué el Medio Ambiente se lo estén...+ ver más

En Colombia la corrupción es la qué hace qué el Medio Ambiente se lo estén rapando con las minas ilegales, con las grandes ganaderías qué le van aumentando a sus potreros y pellizcándole al monte y un Monte Nativo nacido allí, ahora tenemos los grandes cultivadores de aguacate hass también pellizcan, tenemos unos retenes dispuestos por el ICA para controlar epidemias qué llegan de un Depto. a otro ya sea en cultivos o animales y como no traen un conduce el trabajador del ICA se compra con 20 o 50 mil pesos según la carga y así mismo hacen los de las corporaciones autónomas de los Deptos. visitan y dejan qué ya Fincas con alta densidad boscosa la dejan arrasar o quemar, acá hay dos deducciones los culpables son los trabajadores o los dueños ?? si colocamos más caras las contravenciones, más coimas hay qué pagar o recibir, debemos es concientizar desde la Escuela, Colegio y Universidades a todos los Jóvenes por qué a la final son ellos los qué van a sufrir consecuencias de los Cambios Climáticos y no creo qué esto se agrave y se proyecte al 2050, en el 2028 muchos ríos, selvas y bosques estarán desaparecidos si seguimos a esté ritmo diabólico de qué el poder y el dinero es más qué EL AGUA Y EL AIRE...eh dicho

Quasar 1970

24 de Febrero

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Un problema muy profundo es la dimensión descomunal de nuestra ignorancia. Da...+ ver más

Un problema muy profundo es la dimensión descomunal de nuestra ignorancia. Da la impresión de que "todos sabemos cuán valiosa es la amazonia", por decir un ejemplo. La realidad es que a duras penas sabemos cuánto valen las especies que tenemos en abundancia en nuestros antejardines tropicales. Tanto, que lo normal es que las desyerbemos con ahínco para mantener bien baja la diversidad del antejardín y "se vea bonito". ¿Cómo pretender conocer algo que ni los expertos que más reconocemos como tales dicen que apenas están aprendiendo a conocer? La economía, con cantidad de premios Nobel gringos, se demoró más de 3 décadas en reconocer la fuerte influencia de las decisiones irracionales. Trump tuvo algo que ver, por supuesto. Lo duro del asunto es cuando millones de personas, casi siempre dentro de lo que reconocen como "nación" pero no se ponen de acuerdo en _qué_ es, deciden defender algo con la muerte del otro y con la propia. Colombia no vive algo así desde la guerra con Perú, que se inició por territorio, pero igual terminó entregándole pacíficamente otra gran cantidad. Cada que se habla de pérdidas territoriales no falta el medio masivo que publica unos cuantos colombianos que llaman a las armas. El lenguaje de odio contra la guerrilla no sirvió para resolver el diferendo sobre el "golfo de Coquibacoa" (el eufemismo que se inventaron para no llamarlo "de Venezuela") ni garantizó que no perdieramos mar territorial con Nicaragua (esa descomunal potencia vecina). Igual, no es sino visitar Perú o Panamá para darse cuenta de que la "soberanía territorial" colombiana en el Pacífico parece también un eufemismo: pescan más los extranjeros que los locales, por la simple razón de que ya prácticamente no hay empresas pesqueras colombianas en ese océano. Es como si todos los colombianos no fuéramos más que visitantes en esa costa, como si a duras penas llegáramos a algunas playas y el mar, en sí, no nos importara. ¿Es eso un problema de apropiación? ¿O deberemos considerarlo una ventaja? Es paradójico que la regiones más remotas, las que no pudieron ser apropiadas por nadie, son las que tienen la naturaleza más prístina. ¿No deberían ser las "más salvajes"? El sistema económico se aprovecha de esa inmensa cantidad de lagunas de "apropiación" que hay por todo el mundo y extrae riqueza de formas que sabe que en las capitales no lo permitirían. Y no es sólo en territorio colombiano, recuérdese que, en el ordenamiento territorial francés, la Guyana Francesa es tan territorio como Córcega, que ya es mucho decir. Pero lo que ha pasado en ese olvidado territorio sudamericano no pasaría ni de lejos en París. No hay que ir mucho al cine para saber que es mucho más fácil matar a una persona en un olvidado paraje de Alaska, que hacerlo en una calle de Washington. ¿Bendición o maldición? Guainía, por ejemplo, a preservado cantidad de selvas y culturas autóctonas precisamente por no tener carreteras y sólo un aeropuerto pequeñito. Si estuviéramos en el centro del desarrollo occidental, no quedaría ni un centímetro de bosque nativo. Habría, sin duda, ferrocarriles para llegar hasta allá. Las nociones de mercado, que obedecen a intereses individualistas, no siempre se oponen a intereses nacionalistas. Para muchos, "nacionalismo" y "egoísmo nacional" son la misma cosa. Se prefiere, por ejemplo, mantener una costosa presencia en las Malvinas, que atender a una pequeña aldea inglesa (donde hay más gente). Somalia, en cambio, a duras penas puede sostener su poder local poco más allá de la capital. Lo haría, si pudiera. Samsung y Apple se lanzaron a una competencia universal por patentes y cosas similares. Lo curioso es que Samsung suele ganar en Korea del Sur y Apple en Estados Unidos. ¡Se supone que son multinacionales! ¿Por dónde empezó el escándalo Odebrecht si no fue en las cortes gringas? Eso que llamamos "fortalecimiento institucional" pasa por superar severas dependencias de los gringos y de Europa y conquistar las mentes de nuestros dirigentes. No perdimos Panamá por su férreo amor al territorio. Tampoco lograremos conservar nuestra agua, nuestro aire y nuestra tierra si dejamos que /prácticamente todos/ se entrenen en el extranjero o lo hagan aquí en costosas universidades que reproducen los mismos criterios de los gringos y de los europeos. Podría ser incluso más rentable, una sencilla ley de los gringos que no hemos copiado: que sea ilegal para cualquiera gobernar un territorio en el que no ha vivido el doble de los años que piensa gobernar. Así, un presidente no podría ser elegido si no lleva, al menos, 8 años en el país. Tampoco se elegiría un alcalde si no lleva lo mismo viviendo en la ciudad que quiere gobernar.