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La personalidad del alcohólico

Es un profundo vacío de afecto, es un profundo vacío de identidad, es un profundo vacío de la realidad del mundo y cualquiera que esté a su lado. Ansia todo lo bello y lo sensual hasta la obsesión.

Martha Suescún
Martha Suescún
Fundadora y Directora de la Fundación Libérate
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23 de Agosto de 2016

La siguiente es una aproximación psicológica realizada por el doctor Eduardo Habech (psicólogo norteamericano)  luego de escuchar las historias de muchos de sus pacientes quienes eran alcohólicos activos. El documento habla del hombre y no de la mujer alcohólica porque casi siempre la totalidad de los pacientes eran hombres.

El mundo del alcohólico es de contradicción y conflicto. Es un mundo donde se encuentra siempre lo blanco con lo negro, lo tierno con lo cruel, lo claro con lo difícil. Ninguno llega buscando ayuda porque se considere alcohólico, sino porque su vida está vuelta un desastre aunque esto sea, claro está, por causa del alcohol. Algunos son sobresalientes, pero siempre piensan de sí que no valen para nada. Otros, pedantes y presumidos, hablan y exageran hasta el delirio de hazañas y grandezas o se identifican con las de otras gentes, aunque precisamente en su interior sean incapaces de reconocerse sus propios valores.

               

 

Todos ellos son personas, seres llenos de vacío. Es un profundo vacío de afecto, es un profundo vacío de identidad, es un profundo vacío de la realidad del mundo y cualquiera que esté a su lado. Ansia todo lo bello y lo sensual hasta la obsesión. Se excita por los ojos. Repite sin cansancio una canción. En el fondo detesta su realidad porque no se gusta por más arreglado y perfumado que esté. Detesta que puedan notar de sus defectos. Son personas tristes, aunque no estén solos. Y en el historial de sus vidas hay muchas cosas tristes. Son incapaces de establecer una relación o un vínculo de acercamiento lo suficientemente verdadero y fuerte para romper el aislamiento en el que viven.

Aunque no digan que están tristes, beben precisamente para escapar de la tristeza. Beben para buscar esos momentos iniciales de la euforia del alcohol que poco después que lo logran se esfuma y entonces se descorre la cortina y aparece su sensibilidad exacerbada, esa emotividad herida y extremada que da paso al desfile del sentimentalismo, de las historias trágicas, del dramatismo de sus historias que buscan compasión. Son soñadores diurnos y nostálgicos insomnes. De día viven envueltos en fantasía de proyectos, de sus sueños, de recuerdos e imágenes. Teme a la angustia, tolera muy bien el alcohol, pero es incapaz de tolerar el dolor de vivir. Sufre como nadie y vive huyendo de su sufrimiento. El suyo es un drama espiritual. Es una persona que vive en conflicto con la propia identidad. El alcohólico nunca sabe quién es. No sabe qué es lo que es, ni sabe qué es lo que quiere. Va y viene. Empieza y abandona. Se propone y deja. Incapaz de expresar la ternura, cuando se emborracha pretende desinhibirse y liberar esas posibilidades que sólo alcanza en un primer tiempo, no con su compañera, sino con el compañero de alcohol. Cuando ya ebrio junto a ella, la ternura se ha cambiado en desprecio, en rebeldía, indiferencia, agresividad y violencia. El alcohólico busca y rechaza no solamente a la madre, sino lo femenino. Por eso en el matrimonio ama y aborrece a la mujer, la anhela y la repudia, la necesita y la destruye.

El autor expone que lo mencionado aquí es importante para aquellos que no son alcohólicos para que entiendan que detrás de ese aparente vicioso, de ese ser irresponsable y cerrado a los consejos, de ese sujeto a veces repugnante e irracional, de esa persona que parece amarse con un egoísmo brutal que lo deja todo por el alcohol y por seguir bebiendo, no hay otra cosa que un HOMBRE, NO ES UN MONSTRUO, es un HOMBRE ENFERMO, es un SER HUMANO QUE SUFRE…

 

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