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Colombia: sociedad de la convulsión

La sociedad colombiana está fuertemente influenciada por los actores políticos del congreso, la presidencia y las altas cortes judiciales. Sus actuaciones generan polarizaciiones politicas que convulsionan la ciudadadanía

Jose Darwin Lenis Mejía
Jose Darwin Lenis Mejía
Exsubsecretario de Educación de Cali. Profesor Universitario.
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12 de Agosto de 2018

La sociedad colombiana cada vez es más descontrolada, inestable y peligrosa en términos de la convivencia y del actuar político cotidiano.

Aparentemente un día amanece “bien”, tranquila y apacible, pero de repente sufre un impulso descontrolado y momentáneo de rabias, polarizaciones y odios que  irritan a la ciudadanía circundante y al colectivo de la sociedad.

En este sentido, el país se encuentra en un estado de emergente convulsión o agitación política, social o económica que rompe con la normalidad y la estabilidad de la vida naturalizada en todo el territorio nacional.

La convulsión es un estado enfermizo que medicamente se caracteriza por las contracciones involuntarias, violentas y patológicas de un músculo o de otra parte del cuerpo, la enfermedad más reconocida de este tipo es la epilepsia.

A modo de metáfora, Colombia sufre de “epilepsia política” donde la ciudadanía opina convulsivamente sobre hechos efímeros o ligeros que poco aportan a las discusiones fundamentales, estructurales o profundas que de fondo erradiquen perversiones políticas-democráticas como la corrupción, la narcopolítica o la violencia sistemática.

Ejemplos de la de “epilepsia política” colombiana son: la renuncia fallida del senador Uribe, la muestra de nalgas de Mockus, el discurso del senador Macías o la negativa de Uribe en apoyar la consulta anticorrupción. Todas son convulsiones que irrumpen de forma pasajera la realidad política nacional, pero no solucionan o aportan en la reorientación misional del país.

Todas son formas estratégicas de confundir, llamar la atención y desviar las discusiones fundamentales como la erradicación la pobreza, la violación sistemática de los derechos humanos, la baja calidad educativa, el asesinato de líderes, el mal servicio en salud o la baja competitividad que repercuten en mayores niveles de desempleo e inequidad social.

Somos una ciudadanía de la incompletitud, siempre nos falta construir algo, la paz, la democracia, políticas de Estado o el sentido de lo público. Esta imposibilidad de exigibilidad de ciertos derechos básicos hace que la ciudadanía desconfié del Estado, tenga temor a expresarse y resuelva por su propia mano la realidad que vive, al punto que se ha degradado el derecho sagrado a la vida o el vivir dignamente.

Haber vivido en 60 años de guerra, provocó un envenenamiento y toxicidad política y de convivencia que rompió el sentido de pertenencia nacional y el respeto por lo común, situaciones que hoy se enuncian en una falta de autorregulación social, porque todos tenemos o creemos tener la razón en medio de una polarización de intereses políticos artificialmente construidos.

La epilepsia política oculta el tratamiento de  temas cruciales como la JEP, que marcan un hito importante para la historia del país y que indudablemente tiene que ser protegida y acompañada de un ejercicio real de contar toda la verdad, jurar la no repetición y pedir perdón a quien corresponda. 

Para las FARC, el Estado, el ELN, Paramilitares u otros actores armados perdonar no puede ser una frase de cajón, cotidianizada sin ninguna reflexión e interiorización. Perdonar es un acto ético y moral de reconciliación consigo mismo y con el otro. Sabemos que perdonar “invisibiliza” un poco los recuerdos, mimetiza el olvido, recubre la herida, el tamaño del dolor y el daño causado.

Por ello, si hemos aprendido la lección a partir de ahora no puede haber más imprescriptibilidad de los crímenes y masacres atroces vengan de donde vengan. Porque el perdón aformo, desdibuja la reparación, la justicia y la voluntad de no repetición. Convirtiéndose en otro cuadro epiléptico de una arquitectura democrática marcada por la emergencia de múltiples convulsiones socio-políticas que se atienden superficialmente por los gobiernos de turno, sin atacar de raíz las causas. 

De seguro, muchísimos ciudadanos apoyamos este 26 de agosto la consulta anticorrupción, pero si paralelamente la ciudadanía impulsa una gran constituyente por la salud, el gobierno declarase una emergencia educativa o por vía legislativa se cortara de tajo algunos males como la corrupción instalada en nuestra sociedad. Efectivamente, se podría en el corto plazo curar la epilepsia política que como rizoma biológico periódicamente reaparece con nuevas lógicas politiqueras. 

Comentarios (1)

José Saramago ..

13 de Agosto

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La Justicia en Colombia es como un Partido Político mas, como consecuencia de...+ ver más

La Justicia en Colombia es como un Partido Político mas, como consecuencia de la Constitución Politica del 91 que politizo la Justicia. “Justicia” donde se aprecia un impúdico tráfico de favores, nombramientos y prebendas entre el poder legislativo y el judicial alimentado desde el ejecutivo con la mal llamada “mermelada”.
Lo de la re-estructuración de la Justicia es algo que tarde o temprano se tendrá que hacer, pero no nacerá de la misma voluntad de la “justicia” (magistrados) que se resiste a cambiar para mejorar, sino sera mediante un referéndum o una constituyente parcial aplicada a la Justicia nacida desde la misma iniciativa del pueblo colombiano..