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La tinta de la guerra, las mujeres y el plan de desarrollo

El plan nacional de desarrollo, la estrategia del Gobierno colombiano para los próximos 4 años, debe apostar con decisión por las mujeres, sobretodo, asegurando su protección.

Enrique Maruri
Enrique Maruri
Director de Campañas y Ciudadanía de Oxfam Intermón
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08 de Marzo de 2019

En las noticias de los últimos días, me he encontrado con varias noticias sobre las realidades que enfrentan las mujeres en nuestro país, las cuales, frente a los debates que suscita la aprobación del plan nacional de desarrollo, ameritan una reflexión de fondo:

Primero, leo este titular en la prensa: el DANE dice que mientras la tasa nacional de desempleo para los hombres en enero, fue de 9,8 %, esta alcanzó a ser de 16,9 % para las mujeres. Eso significa que es 4,1 puntos porcentuales superior a la tasa nacional, que fue de 12,8 % (Artículo aquí). Escarbo un poco en Internet sobre el asunto y me encuentro con que la brecha de desempleo llega a ser de 6.9 puntos porcentuales en las zonas rurales dispersas.

Al día siguiente, aparece en las redes sociales la noticia de la Selección Colombia de Mujeres. Ante los escándalos de acoso sexual, abuso de poder y otro tipo de injusticias, que de manera impecable #LasIgualadas han denunciado, los señores de la Federación Colombiana de Futbol decidieron acabar con el equipo. Afortunadamente, el viernes Ana María Tribín, la Alta Consejera para la Equidad de Género, se pronunció con un twitt que daba alguna esperanza, en el que asegura que trabajaría con “Coldeportes en un plan de prevención de acoso sexual y laboral”, y que promovería, también con Dimayor y Vicepresidencia “un torneo de fútbol de mujeres”. Esto, además, ha sido respaldado por los jugadores de la Selección Colombia de Mayores.

El viernes, para rematar, me entero que 3 mujeres habían sido asesinadas en el Putumayo, no porque fuera una gran noticia cubierta con despliegue por los medios, sino por un comunicado de la alianza “Mujeres Tejedoras de Vida. Esto no es un hecho aislado: entre el 24 de noviembre de 2016 y el 31 de julio de 2018 fueron asesinados 257 líderes sociales y defensores de derechos humanos. En el primer mes de enero fueron asesinados 17 líderes sociales. Más del 70% del total de casos de homicidios y atentados en 2018 corresponde a personas dedicadas a la defensa de la tierra y el medio ambiente. El 91% ocurrieron en zona rural.

Tristemente, las 3 noticias tienen como protagonistas a las mujeres y las desigualdades y violencia que enfrentan. Verdaderamente, su situación en la sociedad colombiana es muy compleja y amerita reflexión y, sobretodo acción. Sus realidades dramáticas, sin embargo, contrastan con muchas historias de transformación y resiliencia, de mujeres que se han enfrentado a la violencia y la precariedad, sacando no sólo lo mejor de ellas mismas, sino de sus comunidades.

La vida me ha dado la oportunidad de tener una familia rodeada de mujeres, crecer en mi vida profesional con jefes mujeres y compañeras con gran capacidad y poder transformador, y ser testigo de la pujanza y empeño de lideresas que han sacado grandes proyectos en Gramalote, la Sierra Nevada, Nariño, entre otros muchos lugares. Estoy convencido que apostar por la justicia de género, especialmente en las zonas rurales, es una deuda histórica, un acto de justicia y una gran oportunidad para construir un mejor país.

El plan nacional de desarrollo, la estrategia del Gobierno colombiano para los próximos 4 años, debe apostar con decisión por las mujeres, sobretodo, asegurando su protección. Esta debe ser la prioridad: todas las mujeres del país, pero sobretodo las mujeres en el campo, se deberían sentir protegidas, cuidadas, respetadas y seguras. Esto hoy no es así. Y este cambio se logra con política y cambios sociales y culturales, que requieren más que un Pacto por la Equidad de las Mujeres, que es lo que por ahora propone el Gobierno Nacional. Un programa ambicioso de acceso a la tierra, subsidios integrales y crédito es fundamental en el ámbito rural. Pero, sobretodo, se requieren medidas de protección efectivas, en particular para las líderes sociales que defienden el territorio y el medio ambiente, pues de otra forma será imposible contener sus continuos y sistemáticos asesinatos.

No se trata de darles un teléfono celular, un chaleco antibalas y un botón de pánico. Con esto no se logra su protección, que debe ser el fin último, y si se malgastan recursos cuantiosos en logística, suministros y equipos, que de poco sirven. Hay que tener una visión más holística de la protección, que se centre en construir y preservar entornos y comunidades seguras y resilientes.   

Como decía Magali Belalcazar, Coordinadora de la Plataforma Social y Política para la Paz y la Incidencia de las Mujeres del Caquetá, a propósito de una conversación reciente:

Aunque la guerra se ha escrito en los cuerpos de las mujeres, esa tinta no es nuestra.
Es por eso que para nosotras es tan importante el enfoque,
el ser campesino, la defensa de la vida de esas mujeres que nunca
se escuchan, que están allá, que defienden su vida…
la vida de las comunidades.

Sus palabras, conmovedoras pero muy potentes, todavía resuenan en mi cabeza. Espero que luego de este artículo, resuenen en las de todos los lectores.

 
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