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La desigualdad es el caballo sobre el que galopa la inestabilidad global

Oxfam presentó su informe sobre la desigualdad en Davos: 26 personas tienen la misma riqueza que 3.800 millones, que son la mitad de la población.

Enrique Maruri
Enrique Maruri
Director de Campañas y Ciudadanía de Oxfam Intermón
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11 de Febrero de 2019

Recientemente Oxfam ha presentado su ya tradicional informe sobre la desigualdad en Davos. El titular es contundente: 26 personas tienen la misma riqueza que 3.800 millones, que son la mitad de la población. Y mientras en el último año la riqueza de los ultramillonarios creció unos 900.000 millones de dólares (2.500 millones diarios), la de los más pobres se redujo un 11%. Más allá de los debates académicos sobre la forma como se hacen estos cálculos, nos enfrentamos a una realidad sobre la desigualdad y la precariedad que, bien lo sabemos en Colombia, es fuente de inestabilidad y violencia.

En América Latina, las cifras sobre desigualdad revelan que la situación no es mejor que en otras regiones del mundo. Quizás incluso está peor ya que – recordemos – estamos ante la región con la mayor desigualdad del mundo. Una región en la que la concentración de riqueza aumenta año tras año, y en la que en el año 2000 había unos 27 milmillonarios – con una riqueza acumulada de unos 59.000 millones de dólares – y a día de hoy el número asciende a 92 con una riqueza de 414.000 millones de dólares. El aumento de esta acumulación de riqueza en casi 20 años asusta, es mayor de un 600%. El año pasado esta riqueza de los milmillonarios aumentó un 10% en América Latina. En el otro ‘bando’ el 20% más pobre de la población en la región solo vio aumentar sus deudas. Cuando hablamos de ingreso las cifras también son desoladoras ya que el 20% más pobre solo accede al 6% del ingreso total mientras el 20% más rico se queda con el 45%. Estas cifras ponen aún más en evidencia el estancamiento en la reducción de la desigualdad de ingreso que venimos viviendo en la región en los últimos tres años y que también afecta los avances en reducción de la pobreza

En España, aunque el nivel de bienestar es mucho mayor al de la mayoría del mundo, el panorama es igualmente preocupante. Se trata del cuarto país más desigual de la UE y que, después de Bulgaria, es el segundo país en el que la distancia entre ricos y pobres más ha aumentado; la pobreza es del 24,6%; el año pasado, 617.000 familias no tuvieron ningún ingreso; una cantidad significativa de personas, la mayoría de ellas mujeres, trabajan día y noche, muchas de ellas en condiciones deplorables, y pasan trabajos para llegar al fin de mes con los ingresos que tienen. Según Eurostat, prácticamente 1 de cada 10 mujeres en Europa, a pesar de su esfuerzo y trabajo sin descanso, sobreviven en condiciones de pobreza. Y estamos en esta parte del mundo, donde el estado bienestar, diezmado y reducido después de la crisis de 2008, todavía es más robusto que en la mayoría de países del mundo, por lo menos en cuanto a cobertura de servicios básicos de salud, educación y bienestar, y garantía de derechos.

Enfatizo en el tema de las mujeres, porque enfrentan una situación mucho más complicada. En Europa, ellas ganan un 16,2% menos que un hombre (en España un 14,2% menos); ¿Por qué? En buena parte, sólo por el hecho de ser mujer. En cuanto a la precariedad, casi el 20% de todos los puestos de trabajo en la Unión Europea durante 2017 fueron a tiempo parcial y de ellos, casi 4 de cada 5 fueron desempeñados por mujeres. Sobre el trabajo de cuidados, la cosa es aún más dramática: si se valorarán las horas dedicadas a servicios domésticos que no son pagadas, éstas representarían el 41% del Producto Interno Bruto del Estado español, al cual las mujeres contribuyen desproporcionadamente con un 67%.

Y aunque ya no es novedoso decir que las tensiones sociales que enfrenta el mundo en los últimos años se pueden explicar, en buena medida, por el acelerado crecimiento de las desigualdades, lo que es aterrador es que quienes lo advertimos no hemos pasado de advertirlo y ver como siguen creciendo, ahora acompañadas de discursos xenófobos y nuevos ultranacionalismos, que le echan la culpa a los migrantes, a los defensores de derechos humanos y a los activistas, entre otros. El estado de crispación social y política es notorio, y seguimos buscando culpables y explicando las causas, sin proponer soluciones concretas.

¿Y qué se puede hacer? La verdad es que hay soluciones muy concretas, que no son grandes innovaciones, pero se avanza poco en las mismas, porque en el juego de poderes, unos son más fuertes que otros. Adoptar medidas para que las empresas no inviertan en paraísos fiscales, establecer sistemas tributarios progresivos, donde los que tengan más contribuyan más; e incrementar la inversión en salud, educación y protección social, son propuestas obvias, pero pocos Estados lo hacen. Y después se sorprenden cuando la gente asfixiada y desilusionada de sus instituciones y líderes políticos, se vuelca a las calles… a pedir lo justo.

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Comentarios (1)

Amatam

13 de Febrero

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La desigualdad es un problema, pero no hay que tomar tan en serio las cifras d...+ ver más

La desigualdad es un problema, pero no hay que tomar tan en serio las cifras de Oxfam y mucho menos su pontificado. El sistema al que tanto se critica ha sido capaz de sacar a año año millones de personas de la pobreza. Aquí una crítica seria a las cifras de Oxfam https://www.vox.com/future-perfect/2019/1/22/18192774/oxfam-inequality-report-2019-davos-wealth