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El Acuerdo no se acuerda de los jóvenes

¿Quién gobierna en las calles de Buenaventura? ¿Y qué papel tienen los jóvenes en ello?

Inge Helena Valencia P.
Inge Helena Valencia P.
Antropóloga, Directora del Departamento de Estudios Sociales de la Universidad Icesi
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23 de Febrero de 2019

*Este artículo fue elaborado en conjunto con Lizeth Sinisterra.

Por el lugar geoestratégico que ocupa en el Pacífico colombiano, Buenaventura no solo es el puerto más importante para la economía nacional, sino para muchas rentas ilegales como la minería ilegal y el narcotráfico. No sólo es el puerto con mayor actividad de transporte de mercancías del país, sino que además al ser un punto central que une al norte y sur del litoral, y como fase final de un corredor que conecta rutas de producción de droga desde los departamentos de Cauca y Tolima.

Por ello, el puerto se convierte en un gran centro de conexión con múltiples lugares, lo que lo hace ser un lugar de disputa y control por parte de varios actores armados para aprovechar las rutas del narcotráfico.

A pesar de su importancia como puerto más importante del país, ni la inversión en la infraestructura portuaria ni los volúmenes de comercio que allí se mueven redundan en la mejora de calidad de vida de los y las habitantes locales. Las cifras de necesidades básicas insatisfechas llegan casi al 40 por ciento y al incorporar las 15 variables que componen el índice de pobreza multidimensional, encontramos que el 66.53 por ciento de la población de Buenaventura está en la pobreza.

Hoy, pese a los acuerdos de paz firmados, y de que las palabras posconflicto y postacuerdo se mueven en lo público, el Puerto nuevamente es un escenario de guerra.

En los últimos años, posterior al proceso de desmovilización de las Farc, la llegada de nuevos actores armados ilegales y el reacomodo de existentes ha producido un aumento de la violencia, y también procesos de negociación interno entre estos. De acuerdo al informe realizado por Fundación Ideas para la Paz sobre Buenaventura, realizado en diciembre de 2017, esta reconfiguración de la presencia de actores armados ilegales se evidencia con la llegada del “Clan del Golfo” y el ELN a la zona rural del municipio, principalmente por el norte, en lugares como Juanchaco, La Barra y Ladrilleros, que se han traducido en fuertes desplazamientos desde el Litoral de San Juan.

También, ha aumentado la presencia de nuevos grupos herederos de las Bacrim (como Gente del Orden o las denominadas Guerrillas del Pacífico) que llegan para disputar actividades relacionadas al microtráfico, y  que se traduce en nuevas normas de control social, confinamiento, aumento de amenazas, la extorsión, el desplazamiento y el despojo en zonas estratégicas de los barrios del Puerto.

Por ello identificar, analizar e incidir prontamente en las complejas dinámicas de violencia urbana que viven los jóvenes negros de este lugar, es un asunto de primera necesidad de cara al escenario del postacuerdo en nuestro país.Sobre lo cual, desde hace unos meses, la Universidad Icesi y el International Development Research Centre de Canadá, han estado liderando un proyecto cuyo propósito es reconocer la agencia política y potencializar la participación de jóvenes afrodescendientes en Buenaventura. En contextos como este, se ha tratado de buscar un espacio de investigación-acción que permita a los jóvenes tener incidencia sobre políticas públicas de inclusión social, reducción de la violencia urbana y promoción de territorios de paz.

La mayoría de los programas de implementación del acuerdo de paz, celebrado entre el gobierno colombiano y las Farc en 2017, tienen como centro de atención los contextos rurales. Esta es una tensión importante ya que estrategias como los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial al hacer énfasis en los contextos rurales, se olvidan de escenarios y dinámicas urbanas, que en lugares como Buenaventura, son claves para entender el recrudecimiento de la guerra. Así uno de los retos del postconflicto se encuentra precisamente en las zonas urbanas, debido a que los desafíos en las ciudades son numerosos.

Por ejemplo, ¿cuáles son las políticas públicas necesarias para la construcción de ciudades socialmente justas, racialmente inclusivas y generacionalmente seguras? ¿Cuál es el rol de los jóvenes en ciudades históricamente marginadas, predominantemente negras, en la construcción de ciudades equitativas en el postconflicto colombiano?

A pesar de que los jóvenes afrodescendientes están inmersos en contextos de violencia, discriminación, desigualdad, racismo, corrupción, pobreza y falta de oportunidades en la ciudad de Buenaventura, son ellos los que tienen el poder de impulsar grandes cambios sociales y, de esa manera, contribuir activamente a la construcción y fortalecimiento de una cultura de paz en Colombia. El Estado y la sociedad colombiana deben percibir que los jóvenes son los protagonistas de su territorio.

Nadie mejor que ellos conocen sus problemas, sus necesidades; pero a su vez son agentes de cambio: ellos logran identificar también las alternativas de solución, en las cuales la paz cumple un papel importante.

De esta manera, los pelados identificaron una serie de situaciones que los han afectado por años sustancialmente, como el racismo estructural y los estereotipos negativos que ha tenido la ciudad.

La violencia también ha sido parte constitutiva en su cotidianidad; el contrabando y narcotráfico subsisten en una escala que carece de cifras oficiales, pero que los jóvenes sienten que los golpea de manera intensa. Las fronteras invisibles no se hacen esperar; este mal, que sube como la marea, se lleva muchas vidas de jóvenes negros de la ciudad.

Este fenómeno hace que no se pueda caminar seguro y libre por donde se quiera. La movilidad se ve afectada, restringida. Los sitios tradicionales de encuentro, en los cuales los pelados se reunían los fines de semana para planear sus actividades recreativas, desde la fiesta hasta los partidos de fútbol, ha sido desplazada. Las luchas territoriales entre bandas criminales han alterado el espacio de encuentro de los jóvenes, aumentando las zonas de peligro, la dificultad para moverse entre los barrios y la inseguridad que sienten constantemente en sus cuerpos.

Pero ¿quién gobierna en las calles de Buenaventura? ¿Y qué papel tienen los jóvenes en ello? Para nadie es un secreto que las dinámicas de gobernanza urbana en este contexto, no son ejercidas solamente por los entes institucionales (Alcaldía, policía, fiscalía, etc.), sino que dentro de los territorios hay dinámicas alternas de control que ejercen especialmente grupos delincuenciales organizados.

Las oportunidades que ofrece Buenaventura a los jóvenes son mínimas, por ejemplo, la oferta educativa es escasa, el ingreso a la educación superior es difícil; además, la cobertura y calidad educativa que ofrece la universidad pública y el Sena es baja. En general, la falta de oportunidades es el mayor obstáculo que tienen los pelados en la ciudad. Para ellos, la sociedad los estigmatiza mucho y no les da la oportunidad de que muestren sus habilidades y las destrezas que tienen para desarrollar cualquier tipo de actividad.

Los jóvenes afrodescendientes han sido invisibilizados en los procesos participativos y de toma de decisiones, aunque al final son ellos quienes dan la cara a las múltiples violencias (estructural, simbólica y física) que se viven en el territorio. Para ellos, así como el Estado y las Farc acordaron una paz, se deberían dar procesos que permitieran que se desmovilicen otros grupos armados ilegales que residen en la ciudad.

Su pensamiento es que la paz no sólo debe ser para las zonas rurales. La ciudad también debe formar parte de ello. Las realidades de los pelados no han mutado y los actores de la guerra que los afectan cotidianamente continúan actuando en el territorio.

Es fundamental que haya procesos de diálogo entre el Estado y la juventud afrodescendiente, pues los programas y proyectos que supuestamente promueven un desarrollo, en realidad no tienen en cuenta la visión de la comunidad.  

El desarrollo económico en esta región va en contravía de la calidad de vida de los bonaverenses, y esta situación es muy palpable al ingresar a la ciudad. La mayor inversión que hace el Estado junto con el sector privado va dirigida a la ampliación y mejoramiento de la zona portuaria, mientras que alrededor las personas carecen de múltiples servicios.

Esto sucede, por ejemplo, con el agua potable. Pese a que Buenaventura es rica en recursos hídricos, no cuenta con un sistema de acueducto y alcantarillado. Además, Buenaventura, el principal puerto del país, tiene el único hospital público cerrado. Para los jóvenes, la lógica del desarrollo económico que ha propuesto el gobierno es precisamente lo que los está desplazando y lo que los está matando, porque el desarrollo en Buenaventura es sinónimo de corrupción, muerte, desplazamientos, masacres y despojo.


Esta es la Institución Educativa el Modelo donde desarrollamos parte del proyecto en alianza Icesi, IDRC-Canada y la organización Rostros y Huellas Buenaventura. Fotografía Laura Villegas, 2019.

En los espacios de encuentro con los pelados durante el proyecto, ha sido interesante conocer la forma en que leen las realidades de su ciudad y analizan las causas y consecuencias de éstas. En el contexto del postacuerdo, hay una necesidad de repensar las formas tradicionales de soberanía y gobernanza estatal y la gestión de políticas públicas, incluyendo a los jóvenes urbanos procedentes de poblaciones históricamente marginadas en las conversaciones y gestión compartida del territorio.

Por eso, es necesario repensar la gobernanza urbana de cara al postconflicto en Buenaventura. Desde el proyecto se busca generar propuestas para fortalecer la prevención de la violencia desde una perspectiva interseccional, que permita visibilizar la agencia de los jóvenes en su posibilidad de incidencia en las políticas públicas locales y regionales.

Finalmente, es importante la visión de la juventud afro de Buenaventura sobre los desafíos y posibilidades para la construcción de una ciudad justa, equitativa e inclusiva en el proceso de construcción de paz colombiano. Es necesario el protagonismo de los jóvenes en la búsqueda de soluciones para los problemas de su entorno social. Pocas veces ellos aparecen como sujetos políticos capaces de producir respuestas autónomas a los desafíos urbanos.

Sin embargo, las zonas marginales de las ciudades latinoamericanas (y colombianas en este caso) son laboratorios de resistencia, resiliencia e innovación social. Un enfoque integral y territorial de construcción de paz debe abordar las desigualdades de raza, clase, edad y género que afrontan las poblaciones de los territorios afectados por la violencia. Los jóvenes manifiestan que su sueño es vivir en una Colombia solidaria con equidad, sin discriminación, que sea incluyente, que les brinde una salud y educación de calidad, que haya respeto por las diferencias de cada uno e igualdad.

Buenaventura no puede seguir siendo un escenario de guerra y de desigualdad social. El rol de los jóvenes es clave en la construcción de territorios de paz y oportunidades en la Colombia urbana del postacuerdo. Ellos son los principales defensores del territorio bonaverense.

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