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La raza como pedagogía de la crueldad

Contrario a lo que muchos pensadores y pensadoras opinan, no creo que la crueldad racial se resuelva con talleres escolares sobre la inclusión, la diferencia o la interculturalidad o se solucione con eventos episódicos sobre lo afro.

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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06 de Junio de 2018

¿Qué tienen en común las columnas que publiqué sobre el "golero", "fabuloso" y demás alegorías a que las personas negras son incompletas, rudas, faltas de elegancia o disciplina? El común denominador es que muchas de esas imágenes fueron construidas por la pedagogía escolar.

La pedagogía tiene el nivel de una disciplina académica, es un saber que se ocupa de métodos, procedimientos y técnicas para enseñar un asunto específico. A quienes se dedican por vocación a este oficio se les llama pedagogos.

Y quienes están en el campo de la pedagogía sin que enseñar sea su proyecto de vida son profesionales frustrados, a pesar de que en Colombia sea lícito que un profesional se emplee dictando clases en un colegio. Porque desarrollar esa labor no le habilita como pedagogo, ese no fue su proyecto de vida.

La funesta reforma educativa legisló que cualquier profesional que no encuentre oportunidad en el mercado laboral, puede escampar en el sistema educativo. Es así de básico.

Sin embargo, existe un movimiento pedagógico que exalta la labor del docente, del profesional comprometido con la infancia, que no llegó a este sector sólo por ganar unos pesitos, si no a quien realmente el oficio de enseñar le atraviesa la vida entera.

Quiero honrar públicamente a los profes de Colombia y especialmente a la red de maestras Elegguá quienes en Bogotá se juntan para visibilizar la implementación de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos en la escuela.

En el proceso de ser maestro existe una pedagogía de los derechos humanos, una pedagogía para enseñar el cine, una pedagogía artística, una pedagogía para  la etnoeducación, para las matemáticas, para lectura y escritura, y para cuantos campos de conocimiento existen.

En Colombia no se discute una pedagogía antirracista, cuyos principios orientadores serían la base para confrontar abiertamente la crueldad racial. Suspicazmente, la raza o el color de la piel, silencian la pedagogía de la opresión racial. Pero a la educación no le gusta escuchar que algo muy extraño pasa en las aulas de clase.

A la escuela colombiana le gusta que se pregone que todas las razas o colores de piel son iguales ante Dios y ante la ley y le encanta el mito romántico que todos los tonos que asisten a la institución educativa viven en paz y armonía. Si es así, entonces me pregunto: ¿de dónde salen la cantidad de denuncias, quejas e inconformidades de las personas negras frente a sus hijos en las escuelas?, ¿será que las víctimas inventan esa cantidad de historias donde los menores son racializados?, ¿es la sociedad colombiana una comunidad cruel  ante los eventos que implican a infantes negros en los colegios?

Las respuestas afirmativas o negativas tienen que considerar específicamente a la niñez, en su propia subjetividad ante eventos de vulneración de derechos por su condición racial.

En tal sentido, la crueldad tiene que ver una respuesta calculada ante un evento que pone en riesgo la humanidad de una persona. Algunos psicólogos enuncian que hay una crueldad instintiva cuando se presenta una situación peligrosa y los reflejos primarios hacen que las personas actúen ante una situación en la cual, por estar implicada la supervivencia, supone reacción y defensa.

Otra crueldad está generada en la cultura y hace que ciertos grupos carguen con el prejuicio de ser violentos agresivos y dañinos en este caso por el color de la piel. Por ejemplo, en Bogotá es normal que las personas se crucen la calle o aprieten el bolso cuando se percatan que comparten la calle con personas negras o que en los almacenes los vigilantes sigan a estos sujetos porque piensan que van a robar la mercancía.

En las redes sociales, se circula información de la brutalidad policial sobre los jóvenes negros y por supuesto que los chicos serán expuestos con mayor porcentaje a que los detenga y requise la policía por sospecha de algo que prende las alertas policiales.

La crueldad racial es una patología de la sociedad que automatiza los juicios de valor sobre una comunidad sin que exista necesariamente una base objetiva para desconfiar de ese grupo o colectivo y contrario a las ideas de  muchos pensadores y pensadoras no creo que este problema se resuelva con talleres escolares sobre la inclusión, la diferencia o la interculturalidad o se solucione con eventos episódicos sobre lo afro.

Así no se acaba con la pedagogía de la crueldad racial. No es tan simple.

En consecuencia, la pedagogía de la crueldad se define como el dolor que desde posiciones hegemónicas en las aulas de clase se causa a los niños negros por la condición de su piel y fenotipo.

Esta pedagogía contiene los siguientes rasgos:

- Se exhiben los cuerpos de los niños en alusión a un espíritu carnavalesco que coincide con ciertos rasgos que han naturalizado las imágenes asociados a las comunidades negras.

- Incluso aún se pintan a los infantes mestizos para honrar a los estudiantes negros el día de la Afrocolombianidad y de hecho podíamos llamarle black face escolar.

- Se genera un morbo escolar basado en la diferencia racial.

- Los discursos de las autoridades educativas evitan el escandaloso asunto del racismo en los niños y niñas negras.

- Se amputa la historia de África volviendo invisible los aportes del mundo africano en el proceso de hominización y en consecuencia se exalta de forma episódica la Afrocolombianidad.

- No existe el desarrollo de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos que soporte decisiones institucionales en torno a la presencia de la comunidad negra, su historia y su memoria.

El contexto colombiano en su generalidad atraviesa por todas esas características aunque los avances en algunas regiones sea también dignos de mencionar.

Esta serie de rasgos confirma dos posiciones al encarar la pedagogía de la crueldad racial. Por un lado, la necesidad de las etiquetas raciales para distinguir a unos seres humanos de otros y, por el otro, visibilizar esas marcas como un patrimonio de la humanidad y no como una vergüenza infantil.

Si bien desde el punto de vista psicológico se considera que la crueldad racial es un desajuste de la personalidad narcisista blanca, la crueldad sobre las mujeres y los niños ha sido institucionalizada y normatizada como un dispositivo de poder que, al ser naturalizadas en la sociedad, se requiere un lente tremendamente agudo para tomar conciencia de la gravedad del problema y poner manos a la obra en esta causa humanística.

Ahora, la única manera de refutar esta problemática referida es demostrar que no existe racismo en Colombia y que la raza es un asunto superado dentro de nuestro contexto.

Mientras las fuentes de esa demostración sean los cuerpos de los niños y las  niñas dolidos y con cicatrices raciales seguiré insistiendo en la necesidad de construir una nueva escuela basada en los postulados de Bob Marley cuando señaló que "las guerras seguirán mientras el color de la piel siga siendo más importante que el color de los ojos".

Un abrazo de hermandad y sororidad.

Imagen de portada: Islario del sur.

Comentarios (1)

OMAR MARTINEZ

07 de Junio

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La discriminación racial no es sino la expresión vulgar de seres resentidos. Constituye el mecanismo de defensa recurrido por quien se sabe inferi...+ ver más

La discriminación racial no es sino la expresión vulgar de seres resentidos. Constituye el mecanismo de defensa recurrido por quien se sabe inferior. Así busca mimetizar el sufrimiento oculto padecido mostrándose mejor que otro, en este caso por el color de la piel. Es parte de la condición humana frente a la cual la educación escolar es un irremediable fracaso. Linda reflexión de Isabel