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Una tarjeta roja

Este 8 de marzo: tarjeta roja a los dirigentes del fútbol femenino.

Rocio Pineda-García
Rocio Pineda-García
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08 de Marzo de 2019

Nada más evidente que la misoginia y la violencia de género —verbal, psicológica y simbólica— inauguradas por Gabriel Camargo en diciembre de 2018, cuando llamó «borrachas y lesbianas» a las futbolistas colombianas; continuadas por Álvaro González, quien con más ignorancia que argumentos desprecia el fútbol femenino; y ultimadas con Ramón Jesurún, quien acabó de un tajo con la Selección Femenina de Mayores.

La insurrección de las futbolistas, quienes por fin señalan los ultrajes sexuales, la discriminación económica y el valor que les dan los dirigentes deportivos, es una clara muestra del trato de seres de segunda categoría que en este país reciben todavía las mujeres y las niñas.

El ojo del huracán puesto en las actuaciones de los poderosos dirigentes del futbol colombiano, a raíz de las denuncias de unas jóvenes futbolistas, pone de manifiesto las profundas desigualdades que tienen las niñas y las mujeres para ejercer un deporte al cual tienen tanto derecho como los chicos y los hombres.

La decisión de acabar la selección de mayores es la revancha que se dan el lujo de tomar contra las futbolistas, por haber osado sacar a la luz pública el agua sucia que les ha tocado tomar para ejercer un deporte soñado y para el cual se han preparado.

Es una pena que, en vísperas del 8.º Campeonato Mundial de Fútbol Femenino, que se llevará a cabo en junio, en Francia, el machismo de los dirigentes del fútbol prime sobre los intereses deportivos del país.   

Bien hacen la vicepresidenta Martha Lucía y el director de Coldeportes Ernesto Lucena en salir a terciar en favor de las futbolistas y del fútbol femenino, pero las medidas deberían ser más contundentes y garantes de derechos para las niñas y las mujeres. Verdaderas medidas de equidad de género, así este pertenezca a una actividad privada. A las jugadoras se les debe respetar su integridad personal y tienen tanto derecho como los hombres a la igualdad de trato en la compensación económica.

Las mujeres colombianas, aficionadas a este deporte, deberíamos hacer un paro y dejar de asistir al estadio, siquiera por una fecha, en solidaridad con la selección femenina de mayores. Ellas representan, este 8 de marzo, Día Internacional de los Derechos de la Mujer, la voz de todas las mujeres colombianas que siguen silenciadas frente al maltrato, la discriminación y el acoso de quienes ejercen el poder sobre ellas.

Dirigentes como los señalados, que van en contravía de la campaña “Live Your Goals”, lanzada por la FIFA en 2011 para promover y estimular la práctica del fútbol por parte de las niñas y las mujeres, deberían estar por fuera de un deporte como este y tener una sanción social y legal ejemplares.

Merecen la tarjeta roja y salir del campo deportivo. Sus palabras, sus gestos, su desfachatez y sus decisiones machistas y discriminatorias de las mujeres, en pleno siglo xxi, son una vergüenza nacional.

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