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El Fantasma de la ideología de género

La ideología de género y sus raíces
 

María Paula Toro
María Paula Toro
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29 de Enero de 2019

En agosto del 2016, un grupo muy particular de personas salió a manifestar en las calles de Colombia contra una cl que iba a ser introducida en los colegios. El 16 de noviembre, otro grupo de personas similares se tomaron las calles en Perú, Bolivia y Argentina cargando pancartas azules de un lado y rosadas del otro, con el logo inscrito en ellas. Estas mismas personas decidieron marchar nuevamente el pasado 6 de noviembre, esta vez exigiendo la derogación de dos decretos: el decreto y los cuales tienen el  fin de “prevenir la discriminación por razones de orientación sexual e identidad de género”. En otras palabras el grupo pedía tumbar la protección de las personas LGBT contra la discriminación en el espacio público.  

¿Quiénes son estas personas? ¿Por qué alguien pediría la derogación de este decreto? ¿Cómo es posible que alguien esté abiertamente a favor de la discriminación? Pues los manifestantes alegan que los dos decretos promueven lo que ellos llaman la ideología de género.

¿La qué?

Si usted busca el término “ideología de género” en su motor de búsqueda en internet, encontrará una serie de páginas que se expanden en verso y en prosa sobre el “cáncer” que esta ideología representa. Revisando las primeras páginas, todos los artículos tienen algunos temas en común: suelen ser páginas con algún tipo de asociación religiosa; incluyen la misma cita de Ratzinger que explica que la ideología de género es “la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura”; tienen un tinte abiertamente sexista y homofóbico, usando expresiones como “cultura de la muerte”, antinatural y destrucción de los valores y de las familias; y todas alertan sobre un peligro inminente para los niños y niñas.

La ideología de género es todo y nada. Es un concepto ambiguo y mutante que permite agrupar todas los miedos de la derecha religiosa en un solo lugar. Un término impreciso que no designa nada y al mismo tiempo sirve para designar todo y que a primera vista, parece risible. Basta ver cómo algunos de los manifestantes definen la ideología de género: “” explica, por ejemplo, la ‘Plataforma cristiana en defensa de nuestra fe’.

Pero el tema es extremadamente serio. El concepto de ideología de género ha sido explotado por la derecha latinoamericana y ha ayudado a formar una base política que no defiende los cánones tradicionales de la derecha (tales como el respeto a la propiedad privada o al sistema capitalista) sino que lucha por defender una especie de conservadurismo cultural. Gracias a la ideología de género, temas como la oposición al matrimonio y adopción de parejas del mismo sexo, la interrupción voluntaria del embarazo, las acciones afirmativas, el acceso a anticonceptivos o la aplicación del enfoque de género en las políticas públicas, se volvieron centrales dentro de las contiendas electorales.

¿De dónde salió?

En 1949, Simone de Beauvoire escribió en su introducción de “El segundo sexo” lo que es tal vez la frase más célebre y representativa de lo que hoy se conoce como estudios de género:”. Alrededor de esta época, se empezó a usar el concepto de para estudiar desde la medicina y la psicología fenómenos como la contradicción aparente entre el sexo biológico de las personas trans y sus actitudes sociales.

El concepto fue retomado un par de décadas más tarde por un grupo de académicas feministas a través de una perspectiva crítica. La teoría de género se basa en la distinción entre (desarrollada por el antropólogo ) para argumentar que. No hay una conexión natural entre el sexo asignado al nacer y nuestro género. El género se construye socialmente y en consecuencia, la dominación del hombre a la mujer no es más que una construcción. Posteriormente, en 1990, Judith Butler publica su obra en la que argumenta que el género es performativo. Construimos el género a través de nuestras acciones y discursos en la cotidianidad, y esta performatividad es en sí la que cimienta la idea de que existen estas diferencias entre géneros y concretiza la disparidad de poder entre ellos.

¿Y para qué sirve el desarrollo de esta teoría? Pues sencillamente para deconstruir el patriarcado y poder escapar a la lógica de dominación y el juego de poder entre los géneros. El pensador Michel Foucault argumenta que la construcción de categorías lleva necesariamente a su jerarquización. Así entonces, salirnos del binario de género es un paso primordial para crear una sociedad libre de opresión. Los estudios de género, como otras facetas del feminismo, buscan eliminar el patriarcado.

Gracias al trabajo de estas feministas, los estudios de género ganaron una importancia internacional., por ejemplo, tomó prestado del lenguaje de los estudios de género para dar una primera definición oficial de lo que es el género: “El término ‘‘género’’ se utiliza en para aludir a las relaciones y la asignación de papeles sociales diferenciados entre hombres y mujeres”.

Por otro lado, la promoción de los estudios de género coincidieron (y propiciaron) la promulgación de la constitución de 1991 en Colombia y de otras constituciones progresistas en América Latina y la consolidación de los movimientos feministas y LGBT en la región. Por primera vez, el ordenamiento legal del país reconoció la igualdad de derechos de las minorías y abrió la puerta a la concretización de los derechos de las mujeres. Gracias a la Constitución del 91, las organizaciones de mujeres en Colombia han logrado victorias trascendentales, como la despenalización del aborto en el 2006.

Sin embargo, estas victorias despertaron una reacción virulenta de la Iglesia católica y grupos cristianos. Frente a la materialización del derecho de las mujeres y la comunidad LGBT a decidir sobre su propio cuerpo, su identidad y su proyecto de vida, la iglesia redobló su defensa de una “ley natural” que predetermina los roles de género y establece claramente el rol sumiso de la mujer en la sociedad. Así se llegó a la formación de lo que Juan Marco Vaggione llama “”, que no son más que una base política movilizada por el activismo cristiano a través de instituciones seculares.

Las ciudadanías religiosas no hablan de estudios de género ni teorías de género, sino que inventan este nuevo concepto de “ideología de género”. Este cambio de lenguaje puede parecer pequeño, pero cambiar la palabra teoría por ideología indica que los estudios de género son un instrumento impuesto por un poder hegemónico. Implica también que no hay espacio para discusión. Y gracias a este cambio semántico, la ideología de género se convierte en un fantasma, una teoría de complot y una herramienta política capaz de movilizar a través del miedo.

¿Para qué sirve?

Sirve para dos cosas. En primer lugar, sirve para  reintroducir consideraciones y argumentos católicos dentro de debates e instituciones seculares y laicas. Al plantear el debate en términos de  “ideología de género” en el espacio público, se permite que los argumentos basados en dogmas religiosos tengan el mismo peso político que los argumentos extraídos de las ciencias sociales. En segundo lugar, el fantasma de la “ideología de género” sirve como una herramienta para canalizar la reacción conservadora ante la conquista de derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT a favor de la derecha y la extrema derecha.

¿Cómo explicar la rabia que genera la “ideología de género”? En parte puede atribuirse al hecho de que la sociedad colombiana es profundamente machista y entonces no entiende las victorias LGBT como la materialización de un derecho. Pero quedarse solo con esta explicación es muy simplista. La reacción negativa o backlash también se genera por un sentimiento de injusticia que nace cuando se percibe que, a pesar de que Colombia es un país trágicamente desigual y violento, el gobierno le da “prioridad” a los derechos de las minorías por encima de los problemas que aquejan a la mayoría de la ciudadanía. Hablar del fantasma de la ideología de género permite hacer alusión a esta sensación de injusticia sin tener que hacer promesas explícitas de cómo se trabajará para resolver los problemas de desigualdad, pobreza y violencia. El discurso se centra en eliminar lo que se perciben como “ventajas” otorgadas a las minorías y no en acciones precisas para mejorar las condiciones de desigualdad que enfrentan las “mayorías”.

¿Por qué me debería importar?

Debemos entender lo preocupante que es que la “ideología de género” le permita a la derecha colombiana y latinoamericana ganar elecciones. Que una parte del pueblo colombiano haya votado NO al plebiscito por la paz porque promueve la “ideología de género” a través del uso del enfoque de género nos tiene que aterrorizar. Que las personas se movilicen a favor de la discriminación nos tiene que perturbar. Significa que estamos dispuestos a todo, o casi, con tal de negar la igualdad entre hombres y mujeres.

No basta con darnos cuenta que a Iván Duque, a Álvaro Uribe, a Jair Bolsonaro o hasta a Donald Trump (por dar algunos ejemplos) los eligió una ciudadanía profundamente angustiada frente a la desigualdad y a las perspectivas sociales y económicas. Tenemos que aceptar la cruda verdad que esas mismas bases marginadas también son machistas y homofóbicas y que Duque, Uribe, Bolsanaro y Trump usaron esto a su favor. Cuando la derecha latinoamericana habla de “ideología de género”, le dice a sus bases que hay un juego de suma cero entre los derechos de las mujeres y de las minorías, y el bienestar de las mayorías. Y a través de esta política de miedo logra transformar los prejuicios de la base en votos.

Y tampoco basta con asumir que las ciudadanías religiosas que protestan contra la ideología de género son equivalentes a otros grupos sociales que han puesto obstáculos a la igualdad de género. Y es además un lenguaje particularmente violento, puesto que reapropia palabras con las que los movimientos feministas han celebrado la diversidad para satanizar la búsqueda de la igualdad.

Les dejo un ejemplo: Samuel Ángel, el director del movimiento católico Solidaridad e integrante de las movilizaciones del 6 de noviembre, habló de la ideología de género diciendo “". Estamos entrando a un mundo en el que la diversidad, la tolerancia y la igualdad de género ya no son ideales sino perversiones. Y en este nuevo mundo, las mujeres tenemos todo que perder.

 

 

 

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Comentarios (1)

Mauricio Montenegro

04 de Febrero

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Nefasta la iglesia cristiana en la construcción de una sana y buena socieda...+ ver más

Nefasta la iglesia cristiana en la construcción de una sana y buena sociedad. Lo malo es que se evidencia que los asistentes a esos cultos no cuestionan nada y lo impuesto en su palabra es como si su "DIOS" lo dijera, con las mentiras y todo claras. Es una nueva forma de inquisición donde nos quieren imponer sus dioses robando finanzas, sueños y en muchos casos hasta la propia vida.