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¿Harakiri en la JEP?

Hay que recordar que los de la JEP son los únicos magistrados en la historia de Colombia que durarán veinte años en el ejercicio de su cargo, tratando de resolver los problemas penales de nuestra vergonzosa guerra que lastimosamente no termina.

Jean Carlo Mejía
Jean Carlo Mejía
Asesor y consultor en derecho internacional, derechos humanos y derecho humanitario"
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21 de Febrero de 2019

Una muy grave situación se viene presentando al interior de la estructura que funge como el juez natural del conflicto armado no internacional.

A un año largo de estar trabajando, con abiertas críticas por la ausencia de cumplimiento de estándares internacionales como el de “tribunal independiente e imparcial”; con una morosidad evidente en la sala de amnistía; sin ley estatutaria de procedimiento; con enfrentamientos profundos entre magistrados y entre estos y otros componentes de la JEP e instancias externas ¿Ahora una demanda de nulidad de la sentencia C-80 del 2018? 

Los magistrados suplentes demandantes, seleccionados como los titulares por el Comité de escogencia alegan que la sentencia C-080 del 2018 que declaró la constitucionalidad del proyecto de ley estatutaria de la JEP, el que seguramente será de paso objetado, contraviene en su caso  el Acuerdo final de terminación del conflicto armado, pues deja sin función alguna a personas elegidas para llenar vacantes, apoyar al tribunal y las salas verbigracia en momentos de congestión; de paso sostienen que dentro de la JEP sus compañeros titulares han preferido no solucionar el tema, nombrar una inmensa nómina de magistrados auxiliares (110) y crear una movilidad interna que contraría el espíritu de la actual Constitución.

Lo cierto es que desde el Estatuto de Nuremberg (y en tribunales ad hoc y mixtos posteriores), los magistrados o jueces suplentes tienen que estar entre otros por principio de inmediación en la estructura del tribunal, para casos como el colombiano cumpliendo funciones establecidas en el Acuerdo Final del Teatro Colón.

Lo único que demuestra este tema es el inmenso problema de la cultura jurídica colombiana y cómo los defectos de la justicia ordinaria fueron trasplantados a la justicia para La Paz. Un tema que bien debería analizar la Comisión de la Verdad, como se hizo en 1962 con los textos sobre la “violencia en Colombia”, en donde el fundador de la facultad de sociología de la Universidad Nacional, el abogado Eduardo Umaña Luna, hacía una fuerte reflexión sobre la preparación y formación de nuestros jurisdicentes, y del fracaso del derecho y la justicia, sobre todo en materia penal en relación a temas ligados con la violencia de mediados de los años cuarenta y hasta 1958 (la última guerra civil en Colombia).

Como profesional que asesoró durante varios años al sector defensa y aportó con un granito de arena en toda la actual arquitectura del sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición (SIVJRNR) realmente queda uno muy preocupado, y además triste porque desde la polarización politica del país, que no cesa, se da con éste nuevo escándalo en la JEP munición de alto calibre para tirios y troyanos.

Ya va siendo hora de que la JEP haga La Paz en su interior y se dedique a dar buen ejemplo, a cambiar desde la humildad que debería poseer todo juez esa terrible forma de mirar el derecho y la justicia en Colombia y además prestarle más atención a través de muchos de sus integrantes a la inteligencia emocional.

 Hay que recordar que los de la JEP son los únicos magistrados en la historia de Colombia que durarán veinte años en el ejercicio de su cargo, tratando de resolver los problemas penales de nuestra vergonzosa guerra que lastimosamente no termina. ¿Harakiri señores de la JEP?

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