Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

Esclarecimiento, reconocimiento y no repetición

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
318 Seguidores124 Siguiendo

3 Debates

30 Columnas

Columna

10

07 de Junio de 2015

El 4 de junio de 2015 el gobierno y las FARC presentaron públicamente un acuerdo para crear la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, Convivencia y No Repetición una vez se firme el acuerdo del fin del conflicto. El presidente afirmó que dicho acuerdo marca un punto de inflexión del proceso de paz, y muchos concuerdan que es casi imposible que un incidente futuro eche para atrás lo avanzado en la Habana. Las reacciones no se han hecho esperar. Por ejemplo, el Procurador afirma que en dicha comisión es necesario que participen miembros que hayan hecho parte de la fuerza pública.

En este contexto, Rodeemos el Diálogo organizó un desayuno para conversar sobre el acuerdo. Entre los participantes, surgieron dos preocupaciones que revelan la percepción de algunos sectores de la clase media bogotana. Por un lado, se preguntan si el acuerdo fue producto de una estrategia de las partes para superar la actual crisis del proceso de paz. Por otro lado, les genera incertidumbre el tipo de verdad que producirá dicha comisión. Estas preocupaciones son válidas y es alrededor de ellas que se podría empezar una pedagogía que permita ponderar las expectativas de los colombianos frente a lo realizable por parte de esta comisión.

La afirmación del Procurador es un primer campanazo para empezar desde ya a desmontar mitos sobre la comisión. Su declaración es valiosa porque permite resaltar la seriedad de los equipos negociadores, ya que ambas partes han dejado claro que esta comisión no es para que los guerreros legitimen lo que hicieron sino para que las víctimas cuenten lo que paso y el gobierno, las FARC y otros sectores responsables de la prolongación del conflicto armado reconozcan su responsabilidad ante los comisionados, el país y el mundo. Por tanto, los 11 comisionados, , serán elegidos por su “idoneidad ética, la imparcialidad, la independencia, el compromiso con los derechos humanos y la justicia, la ausencia de conflictos de interés, y el conocimiento del conflicto armado, del Derecho Internacional Humanitario y de los derechos humanos.”

Este acuerdo no fue el resultado de unas cuantas noches de desvelo para responder a la presión de la opinión pública resultante de la intensificación de la guerra después del fin del cese al fuego unilateral de las FARC y el reinicio de los bombardeos aéreos. Por el contrario, es un acuerdo serio,  construido con paciencia y en base a consultas amplias; en la Habana estuvieron no sólo los expertos más importantes del mundo (entre ellos ) discutiendo el tema, sino que también tuvieron espacio 60 víctimas directas del conflicto armado para presentar sus demandas que en parte han sido incluidas en el mandato de la comisión.

En relación con el tipo de verdad que saldrá de la comisión, es pertinente señalar que el acuerdo busca responder al sentir de las víctimas, lo cual queda claramente establecido en los tres pilares del mandato: (1) el esclarecimiento de las graves violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, (2) el reconocimiento de las víctimas y de responsabilidades por parte de los responsables, y (3) la no repetición de los hechos. Estas fueron las demandas más sentidas en los foros de víctimas y las delegaciones en la Habana.

Sin embargo, la comisión es parte de un mecanismo más complejo de justicia transicional. Por tanto, los que permitieron, fomentaron y/o participaron en violaciones en el marco del conflicto armado que declaren ante la comisión recibirán beneficios judiciales. Este es el gran reto que tienen por delante los equipos negociadores: definir el mecanismo legal especial que permita seguridad jurídica y sanciones ejemplarizantes para que los excesos asociados con el conflicto armado nunca más vuelvan a suceder.

No es este el espacio para discutir si dichas sanciones deben estar relacionadas con la cárcel. Lo que es preciso decir es que esta comisión extrajudicial que busca construir un narrativa nacional que reconozca los excesos de todas las partes en el conflicto armado es un paso necesario para la reparación de las víctimas y de la salud mental de todos los colombianos que hemos crecido escuchando a través de los medios de comunicación la barbarie de los paramilitares, las guerrillas y la fuerza pública, auspiciada por redes políticas, económicas, sociales y criminales. Si en el futuro todos reconocemos esa barbarie y asumimos un papel proactivo para que nunca vuelva a ocurrir la comisión habrá superado con creces su cometido.