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El Minimalismo de la Paz

Todos sabemos en Colombia que la firma del acuerdo de paz no va a ponerle fin a la pobreza, ni a la desigualdad, ni a la criminalidad; esa es la tarea que tenemos por delante y que tardará varías décadas.

Andrei Gómez Suárez
Andrei Gómez Suárez
Analista Político
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09 de Agosto de 2015

Hace un mes estaba en San Agustín, fui a conocer esa parte del Huila para sentir a Colombia. Hoy estoy en La Tebaida. Me han invitado a una conferencia sobre naturaleza, medio ambiente y paz organizada por la Universidad del Quindio. Durante tres días, participarán invitados nacionales e internacionales, académicos y líderes sociales en conversaciones sobre los retos que enfrentan varias comunidades para proteger su territorio de proyectos transnacionales mineros y como se conecta su resistencia con la negociación en La Habana.

Esta mañana salimos a conocer parte del Paisaje Cafetero. En Córdoba y Pijao conversamos con mujeres líderes de dos procesos que resaltan la importancia de hacer apuestas que cuestionen la forma en que vivimos. La idea no es derrumbar la tradición porque sí, sino dinamizarla para fluir con la naturaleza y recuperar el sentido de este devenir que nos constituye como seres vivos.

Nos contaron la historia de Café Mujer, una organización de diez mujeres que busca dignificar el papel de la mujer en la producción de café. El entusiasmo que despierta este proceso alternativo, contrasta con el escepticismo que genera la falta de compromiso de la clase política quindiana para resolver los problemas de corrupción que aquejan a Córdoba.

Por otro lado, conocimos la historia de como Pijao llego a ser aceptada dentro del proyecto Cittá Slow, una propuesta alternativa que busca que sus habitantes transformen el espacio urbano en un lugar de encuentro y reconexión con procesos productivos sostenibles. El optimismo que genera el empoderamiento de los habitantes de Pijao, contrasta con la preocupación por la expansión del control narco-criminal en la zona.

Ambos procesos demuestran la capacidad que tenemos los seres humanos de encontrar puntos de fuga en los contextos que vivimos, para generar procesos sociales que reimaginen la forma como nos relacionamos y nuevas iniciativas en la construcción de un mundo distinto. Sin embargo, la mayoría de las personas con las que hablé en Pijao y Córdoba, al igual que en San Agustín, son escépticas frente a la superación de la violencia, la corrupción y la pobreza en Colombia y trasladan su escepticismo al proceso de paz.

En todas las conversaciones que he entablado en Huila y Quindio sobre del proceso de paz, las primeras reacciones que he escuchado se podrían condensar en: “la negociación no va a traer la paz; la paz no se logra en La Habana; los problemas de corrupción, de pobreza, seguirán aquejando al país el día después de la firma de los acuerdos.” Tienen razón, igual lo reconocen el Gobierno y las FARC.

Por tanto, es importante centrar la conversación entre nosotros –la sociedad civil– alrededor de una perspectiva minimalista, antes que sobre una perspectiva maximalista. Ver el proceso en perspectiva de lo realizable y no de lo utópico es importante para que nos unamos más y más personas dentro de Colombia a apoyar una negociación respaldada por amplios sectores de la comunidad internacional.

Todos sabemos en Colombia que la firma del acuerdo de paz no va a ponerle fin a la pobreza, ni a la desigualdad, ni a la criminalidad; esa es la tarea que tenemos por delante y que tardará varías décadas. Sin embargo, es importante que más y más colombianos reconozcan hoy que la firma de la paz, será un momento simbólico importante que dará inicio a la transformación de una sociedad acostumbrada al miedo, acostumbrada a callarse, acostumbrada a legitimar lo ilegal a causa del conflicto armado en el que todos somos potenciales víctimas. Pero en medio de la cual, a pesar de todo, existen experiencias honestas y transformadoras que al conectarse con el potencial transformador de la negociación deberían llenar de esperanza a esta Colombia que tantas ansias tiene de cambiar su rumbo.