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El comandante de las FF. MM.

Hasta su nombramiento, muy pocos habían escuchado hablar del general Luis Fernando Navarro Jiménez. Una excelente decisión del presidente Duque al colocarlo al frente de las Fuerzas Militares.
 

José Obdulio Espejo Muñoz
José Obdulio Espejo Muñoz
Especialista en Derecho Internacional de Conflictos Armados - Coronel retirado del Ejército
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20 de Febrero de 2019

Durante mi corto, pero satisfactorio trasegar por la noble carrera de las armas, tuve el privilegio de trabajar al lado de grandes hombres y mujeres. Oficiales, suboficiales y soldados que alimentaron mi ser y mi espíritu con un maravilloso cúmulo de principios y valores que me acompañarán hasta la tumba.

Algunos de aquellos oficiales llevaron sobre sus hombros los soles que los elevaron a la categoría de generales de la República. Uno de ellos es Jorge Enrique Mora Rangel, egregio y respetado oficial en cuyo comando el Ejército Nacional se mantuvo monolítico y cohesionado como en ninguna otra época de su historia bicentenaria.

De rostro adusto, mirada calculadora y voz recia, el general Mora Rangel era (aún lo es, claro está) respetado por todos los integrantes del Ejército, inclusive en el seno de la Armada Nacional y la Fuerza Aérea, así como en las filas de la institución policial.  Configuró una excelente llave de éxito con el también general Fernando Tapias Stahelin, quien fuera designado por aquel entonces como comandante de las Fuerzas Militares.

Este dúo trabajó con armonía y la historia será generosa al reconocerles los más contundentes golpes a las guerrillas colombianas a finales de los noventa, en especial aquellos asestados a las Farc y al ELN. Compaginaron de tal forma que, tras el honroso retiro de Tapias Stahelin, Mora Rangel lo relevó en el Comando General.

Después del general Mora Rangel asumieron el comando de las Fuerzas Militares otros virtuosos oficiales generales y de insignia, verbo y gracia, los generales Padilla de León y Navas Ramos. El primero dinamizó la doctrina de las operaciones conjuntas, llevándolas a su máximo esplendor. El segundo, cual el mejor de los alquimistas, amalgamó preceptos de honor e hidalguía con su campaña 'Fe en la causa', calando muy hondo en los corazones de todos y transversalizando el grueso de los soldados de tierra, mar, río y aire. Ambos, arquetipos de caballeros y patriotas, cuyas ejecutorias institucionales para gloria de la patria merecen esculpirse sobre lozas de mármol.

Pero ninguno de ellos, a mi modesto juicio y con el más profundo respeto, alcanzó la ascendencia que tuvo el general Mora Rangel en el conjunto de las Fuerzas Armadas, ¡hasta ahora! Y escribo "hasta ahora", porque podríamos estar asistiendo a un caso muy similar al de Mora Rangel. Aclaro que para nada quiero herir susceptibilidades ni mucho menos demeritar trayectorias, por lo que procederé a explicar mi postura.

En mi opinión, el Gobierno acertó en gran medida al designar como comandante de las FF. MM. al mayor general Luis Fernando Navarro Jiménez. Quizás otras voces más avezadas disientan de los postulados de este escrito, máxime cuando no fui un oficial de “combate” o de “fila” como se dice en el argot castrense.

Es más, tras el nombramiento del general Navarro Jiménez, muchos colegas de los mass media me llamaron para preguntarme quién era él y si su designación no constituía un gran "palo". Un no rotundo fue mi respuesta, por supuesto.

Les conté que trabajé con él cuando yo tenía el grado de mayor, con similar cercanía a la que en su momento tuve cuando serví bajo órdenes directas del general Mora Rangel. Les dije, además, que ambos tienen similitudes y puntos de encuentro en su forma de comandar y liderar a los hombres y mujeres puestos bajo su mando.

Al igual que Mora Rangel, Navarro Jiménez talló su escalera ascendente en la milicia de manera silenciosa y humilde. Como él, sentó peldaño a peldaño utilizando dos ingredientes esenciales: el trabajo meticuloso como base de cada escalinata y la honestidad como mortero indisoluble de su éxito.

Ninguno de los dos proviene de una familia con títulos y abolengos, mucho menos sus apellidos hacían parte de la baraja de delfines del universo castrense para la época en la cual fueron llamados a ocupar el solio de las Fuerzas Militares.

El trabajo meticuloso y sin mayores pretensiones y aspavientos ha sido su mejor carta de presentación, pues nunca ha buscado figurar y jamás les interesaron los homenajes y mucho menos rodearse de áulicos o aduladores.

Su ascendencia en la tropa es indiscutible, como indiscutible su capacidad de unir y amalgamar a las Fuerzas Militares en torno a causas comunes. Jamás ha cohonestado con la corrupción y menos con algún tipo de comportamiento contrario a la ley. En otras palabras, un oficial sin tacha en quien el sustantivo honor define su línea de conducta.

Quizá el nombre del nuevo comandante de las FF. MM. no les diga mucho a los ciudadanos del común y a la prensa especializada, pero sin duda constituye una prenda de garantía para la gloria de las instituciones armadas del país y para el presente y futuro de Colombia. Su sincronía con el comandante del Ejército, el general Nicacio de Jesús Martínez Espinel, es absoluta y vital en la actual coyuntura. 

Estoy convencido que en un país que navega en mares de incertidumbre, entre las alborotadas aguas del posconflicto/posacuerdo y la necesidad de combatir el terrorismo del ELN y los embates de las disidencias y del crimen organizado, el nuevo comandante de las FF. MM. sabrá encontrar los caminos para reducir a los violentos, cualquiera que sea su naturaleza.

Hasta ahora los resultados podrían estar dándome la razón, aclarando, por su puesto, que otros vientos soplan en el país en materia de defensa y seguridad nacional con el nuevo Gobierno. ¡En hora buena!

 

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Comentarios (1)

Fernando Gómez Moreno

23 de Febrero

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Mientrasel paissufre graves problemas de asesinatos, desempleo, estancamiento ...+ ver más

Mientrasel paissufre graves problemas de asesinatos, desempleo, estancamiento economico, el señor Duque se pone al servicio del criminal Donald Trump para agredir a Venezuela; no veo donde estàel acierto de nombrar un militar y esquivar una filosofia de paz, si es que Duque sabe de filosofia.