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El empleado esponja

El trabajador suele olvidar que en su trabajo es, a su vez, labrado. La identidad del empleado se ve moldeada por múltiples elementos relativos a su organización y labor. Aquí, un llamado de advertencia sobre esas aguas que, como esponjas, absorbemos.

Andrés Acevedo Niño
Andrés Acevedo Niño
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14 de Febrero de 2019

“Nosotros hacemos el trabajo, pero en cierto sentido el trabajo también nos hace”, escribe Mario Sergio Cortella en su libro ¿Por qué hacemos lo que hacemos? Se trata de algo fácil de olvidar pero que no por ello deja de ser cierto: el trabajador es, a su vez, trabajado.

Del mismo modo en el que un artista moldea una escultura y sale del proceso moldeado, el trabajador asume actitudes, desarrolla habilidades, y forma concepciones del mundo que encuentran su origen en la cultura de su organización y en las interacciones cotidianas de su labor. Todos estos elementos, madurados por el tiempo, tienen la vocación de convertirse en rasgos de la personalidad. Así como el agua absorbida por la esponja da forma a una nueva esponja, el trabajador absorbe todo tipo de ideas, valores, y juicios que dan lugar a una nueva versión de él. Mientras en el caso de la esponja basta con apretarla para evacuar el agua, liberarse de los rasgos adquiridos es una labor mucho más difícil – se trata de una situación en la que conviene absorber las cosas correctas desde el comienzo.

El trabajo es una parte muy importante de la vida. Y no sólo porque pasamos una gran parte de nuestro tiempo en él, también porque, en cierto modo, nos convertimos en lo que hacemos. Lo dijo en su momento Miguel Ángelo: “todo pintor se pinta a sí mismo”. Piense en qué ha cambiado su personalidad desde que comenzó a trabajar o desde que cambió de trabajo. Puede ser que un trabajo estresante lo haya convertido en una persona estresada, o que trabajar en una empresa que tiene el viciesito de pasar por encima de los intereses de los demás, lo haya convertido en una persona egoísta. O bueno, puede ser que su nueva posición como recepcionista en un spa de yoga haya llenado su mundo de paz interior.

Es por estas razones que en 13% creemos que es vital iniciar conversaciones alrededor del trabajo. Es necesario entender que trabajar va mucho más allá de una simple transacción de tiempo a cambio de dinero. Porque, en realidad, trabajar también implica ser labrado.

La carrera profesional debe proyectarse con consciencia. Hay que escoger con cuidado las piedras que sientan las bases de su legado. Los cambios de trabajo deben ser analizados desde muchos ángulos, se debe tener en cuenta el potencial jefe y la cultura de la organización, las habilidades que va a desarrollar y lo que ese trabajo va a decir sobre usted. En realidad, se trata de analizar con rigurosidad qué clase de agua (si queremos volver al tema de la esponja) está dejando entrar en su sistema. Muchas veces permitimos que entren aguas negras porque creemos que los beneficios de la empresa o la remuneración valen la pena.

En los últimos días varias personas me han consultado sobre la posibilidad de un cambio de trabajo. Una y otra vez he contestado algo que se ha convertido en credo personal –y que he aprendido tras numerosas entrevistas a personas que aman su trabajo–: “¿malas razones para cambiar de trabajo? El dinero”. Claro, el asunto del dinero tiene que estar sobre la mesa, pero no al punto de opacar asuntos más trascendentales como la reputación y el desarrollo profesional. Mientras editaba este artículo, el reconocido psicólogo organizacional y autor de Originals, Adam Grant, tuiteó (como queriendo complementarme) la siguiente frase que resume los cambios de carrera: “Demasiadas veces tomamos decisiones de carrera basados en ambición por encima de aspiración. Ambición es lo que queremos lograr. Aspiración es en lo que queremos convertirnos. Cuando esté decidiendo entre trabajos o entre organizaciones, pregúntese cómo moldearán su identidad”.

Ayer, 13 de febrero, estrenamos la segunda temporada de 13%. Nuestra primera historia tiene como protagonista a una persona que desde el comienzo de su carrera tuvo presente que su trabajo lo moldearía indefinidamente. Para suerte de los millennials, que tendemos al cambio constante de trabajo, nuestro invitado –aunque no es millennial– también se movió de trabajo en trabajo, pero sin perder de vista cuáles eran esas aguas a las que estaba abriendo sus compuertas.

El mensaje para los que quieren cambiar de trabajo para ganar más dinero y para los que se la pasan haciendo el trabajo sucio de su organización (desafortunadamente suelen ser los nuevos): no olviden que en el trabajo sucede como con las mascotas – en el largo plazo, el dueño termina pareciéndose más de la cuenta a su perro. Como escribe Cortella, lo que uno hace también lo hace a uno y, por ahí derecho, dice mucho de lo que uno es.

 

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