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Visibilizar sin etiquetar

Nombrar la diferencia es importante, el problema central surge después: una vez nombrado como nos comprometemos con una verdadera mirada pluralista del mundo y con una creencia vital, la construcción y recomposición de la identidad es derecho de primer orden

Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Coordinador de formación educativa en Proantioquia
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01 de Marzo de 2019

Nunca como ahora asistimos, en simultánea, a una serie de reivindicaciones sociales y colectivas. Desde asuntos de género (en sentido mucho más amplio que el binomio hombre-mujer) hasta la posibilidad de expresar afiliaciones políticas diversas, hay una amplia variedad de temáticas que es necesario estudiar para plantear posturas éticas desde la escuela y otros escenarios educativos.

Diferentes sectores, liderados por enfoques feministas, vienen haciendo reflexiones sobre la importancia de visibilizar, desde los lenguajes, la existencia de actores sociales de diversa índole. La frase “lo que no se nombra no existe” nos hace pensar en la necesidad de explicitar la presencia de mujeres, comunidades étnicas y personas con orientaciones sexuales diversas, entre otros.

Desde luego, la escuela se vuelve un escenario importante, y si se quiere privilegiado, para discutir estas maneras de nombrar. Sin embargo, es muy importante no confundir la visibilización de la diversidad con la imposición de etiquetas, como si la construcción de identidad fuera algo inamovible, o incluso “clasificatorio”.

Dicho de otra manera, es muy importante no creer que somos incluyentes porque publicitamos la presencia de estudiantes indígenas, homosexuales o afrodescendientes, por poner algunos ejemplos. La escuela, y en general las instituciones que pretenden ser educativas, no pueden confundir su intención de ser espacios para acoger la otredad, con un discurso que en vez de “naturalizar” la posibilidad de construir diversas formas de identidad señala a los que se consideran diferentes, bajo un falso discurso de cabida para todos.

Si en realidad queremos ser incluyentes, debemos dejar de mostrar, como si fuera un asunto del otro mundo, la existencia de diversas orientaciones. Un ejercicio de visibilización se concreta solamente cuando se permite la participación tranquila de diversas miradas, y no enfoques que, por parecer “progresistas” se dedican a listar a las personas que no responden a los discursos mayoritarios.

En concreto, esta es una invitación a ser más coherentes. Más allá de contar cuantas personas trans, o de pertenencias étnicas diversas tenemos en una institución, debemos construir un criterio ético de vinculación de estas personas a la cotidianidad de las instituciones. Ya hemos propuesto, en varias ocasiones caminos para hacer esto. Desde renovar los ejemplos de personas que cambiaron el mundo (con la presencia de sujetos de diversas orientaciones), hasta la creación de currículos (ocultos o expresos) que recompongan nuestra manera de ver al otro, se hace urgente pasar del discurso políticamente correcto a las acciones para promover la diversidad.

Lo segundo es difícil y a veces tenso, pero si algo hemos aprendido en la escuela, y de los maestros en particular, es su capacidad de proponer creativamente el abordaje de problemas que dan cuenta de realidades sociales complejas. En este tema, más allá de la creencia y orientación personal, debemos considerar que es un asunto de igualdad de derechos y de comprensión de la diversidad como un patrimonio colectivo y gran capital en la construcción de ciudadanías activas y propositivas.

Nombrar la diferencia es importante, pero el problema central surge después: una vez nombrado como dejamos de crear brechas arbitrarias y nos comprometemos realmente con una mirada pluralista del mundo y con una creencia vital, la construcción y recomposición de la identidad es un derecho de primer orden. Una invitación para todos (¡y todas!) a pasar del dicho al hecho.

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Comentarios (1)

Alejandro Jaramillo Hoyos

06 de Marzo

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De acuerdo: es necesario pasar del dicho al hecho. Sin embargo, la construcci...+ ver más

De acuerdo: es necesario pasar del dicho al hecho. Sin embargo, la construcción del respeto y la celebración de la diversidad es un proceso difícil porque requiere un cambio cultural que necesariamente debe pasar por el lenguaje y tomar en cuenta las particularidades de cada contexto. De ahí que se vualva tan difícil establecer una fórmula o un manual de procedimiento para el respeto. Los principios orientadores serán siempre los derechos y la necesidad de su garantía en un marco de equidad.