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La Corte Constitucional, ¿guardián del legado de Santos?

La audiencia del glifosato no fue más que una vitrina para Santos. Columna de Carlos Suárez.

Carlos Suárez @carlossuarezr
Carlos Suárez @carlossuarezr
CEO de Estrategia&Poder, consultor en marketing electoral y de gobierno.
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09 de Marzo de 2019

La audiencia convocada por la Corte Constitucional con la excusa de hacer seguimiento al tema de aspersión con glifosato, no fue más que una vitrina política para Santos.

En medio de la expectativa que vive el país por saber si el Presidente Duque objeta o no la ley estatutaria de la JEP - revisada de manera previa, por mandato legal, en la Corte Constitucional -, éste tribunal decidió hacer de una audiencia de trámite (la de seguimiento al cumplimiento de una de sus sentencias), un espectáculo político al que convocó al actual gobierno y al anterior para que midieran fuerzas y concretar así un mensaje político: Es la Corte la que tiene el poder de decidir hacia dónde va el país, si toma el rumbo de las urnas encarnado en Duque o si continúa transitando el que dejó enquistado Santos. 

El detalle del “momentum” no es menor; existe una evidente tensión, social de un lado y de poder político de otro, respecto de la posible objeción de la ley estatutaria de la JEP y fue ese escenario en el que se montó una audiencia en la que los invitados protagónicos fueron los actores políticos adversos: el presidente Ivan Duque y Juan Manuel Santos.

El nuevo Gobierno, elegido por amplias mayorías, representando lo que prometió en campaña - por lo menos -, modular el engendro creado por Santos y sus cooptados después de que perdieran el plebiscito para las Farc, llegó a la Corte encabezado por el Presidente. 

En una solicitud sin precedentes, Duque les pidió a los magistrados que modulen el fallo proferido en épocas de Santos, en el que se prohibió la aspersión con glifosato como mecanismo histórico usado en Colombia en la lucha contra el narcotráfico. 

Santos, por su parte, no sólo se sentó a almorzar con sus magistrados de confianza, tal como se vio en una fotografía que circuló en redes sociales y que confirmó uno de los comensales -el Magistrado Linares-, sino que llegó a una Corte Constitucional de mayoría santista (los magistrados Linares, Fajardo - con quienes almorzó - Reyes, Rojas, Pardo y Lizarazo)  a defender su obra de Gobierno, a hacer una intervención política propia del recinto del Congreso y dejar sentada la posición de que la aspersión con glifosato debe quedar proscrita en nuestro territorio, tal como lo pidieron las Farc desde La Habana.

Eso fue lo que se vio en la audiencia, pero los símbolos que yacen detrás de la puesta en escena que tuvo como excusa el seguimiento al cumplimiento de la sentencia que prohibió el uso del glifosato, son los que de verdad tienen peso y deben analizarse. 

La Corte Constitucional llevó a sus terrenos a los extremos de la polarización política colombiana y los puso a enfrentarse en la arena política en una audiencia que se supondría jurídica, con lo cual les deja claro; sobretodo al Presidente Duque, que es ella la que tendría la última palabra en cada una de las decisiones de fondo que se vayan a tomar y que dictaminen el curso que se pretenda dar al país. 

La Corte hizo las invitaciones, le dio el tinte político al show y le deja claro a la opinión y al Gobierno que será una actor definitivo en el momento en que se vayan a tomar decisiones respecto del proceso con las Farc, el mismo que le ayudó a construir a Santos a partir de una arquitectura constitucional que se inventaron conjuntamente Ejecutivo, Congreso y Corte, luego de haber sido negado en las urnas. 

No nos llamemos a engaños, la audiencia estuvo cargada de símbolos de poder y no en vano fue citada cuando el tiempo de tomar decisiones frente a la posible objeción a la ley estatutaria de la JEP se le agota al Presidente Duque. 

Poco importa si el país está nadando en coca, si el narcotráfico se ha vuelto a tomar extensas zonas de nuestra geografía, si las “disidencias” de las Farc traquetean como nunca antes por cuenta de la producción desbordada de hoja de coca, si los elenos y Pelusos se han reeencauchado financieramente a partir del crecimiento de más de 400 por ciento de cultivos ilícitos después de que se prohibiera el glifosato; tampoco importa si los carteles mexicanos están reinando en los territorios colombianos que ahora son los más apetecidos por el narcotráfico internacional, ya no solo por las bondades geográficas sino porque Santos y las Farc promovieron que seamos santuarios para la siembra industrial de cultivos ilícitos bajo el disfraz de la paz y de estar cuidando la salud de los colombianos. 

La foto del almuerzo de Santos con “sus magistrados” es solo una anécdota, lo de fondo es el mensaje al Presidente y al país lo que importa es el mensaje detrás de haber llevado al Presidente Duque ante una Corte Constitucional de mayoría santista, enfrentarlo con su principal enemigo político y dejarle en claro: aquí estamos para cuidar el legado del que nos nombró, mucho cuidado con lo que va hacer.

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