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En Santa Marta cesó la brisa pero mañana sopla el Ciclón

La gente está emocionada porque fueron cinco años de ausencia, además está el ingrediente del nuevo estadio, El Sierra Nevada, hasta el nombre suena imponente y no es lo mismo. 

Luis Oñate Gámez
Luis Oñate Gámez
Periodista
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24 de Febrero de 2018

Nací en Algarrobo, a orillas del río Ariguaní, en los límites del Magdalena y el Cesar. Ahí donde las únicas emisoras que se escuchaban eran Radio Libertad, Emisoras Unidas y tres o cuatro más, todas de Barranquilla, las que solo narraban los partidos de Junior. De ahí que buena parte de mis paisanos y de quienes nacieron en la provincia sean hincas de los tiburones. Mis hermanos y yo somos parte de la excepción; de la tierra de la yuca pero bananeros de corazón.

A mi llegada a Santa Marta de las alegrías que más recuerdo de aquel encuentro fueron conocer el mar, mirar de cerca la Sierra Nevada y ver jugar al Unión. De eso hace muchos años. En esa niñez ir al estadio era toda una pasión; ver las discusiones sin fin y el reproche de los hinchas por las derrotas o las malas jugadas, todas dentro del orden y no pasaban a mayores ni se perdía la amistad. Claro que los años y los golpes me enseñaron a disfrutar del espectáculo sin dejarme llevar por esas pasiones desbordadas de la gran mayoría de los hinchas que hay en todos los equipos de fútbol.

Hoy, al notar en el ambiente ese fervor bananero por el regreso, he vuelto a sentir la alegría de aquel mocoso que, con un grupo de pelaos, se colaba en los entrenamientos y que el “Chivo” Narváez hacía correr para que desocuparan la cancha. La gente está emocionada porque fueron cinco años de ausencia, además está el ingrediente del nuevo estadio, El Sierra Nevada, hasta el nombre suena imponente y no es lo mismo. Muchos pensamos que los astros están alineados para el regreso triunfal a la A.

Aunque por momentos me decepcionan las imprudencias y muestras de prepotencia del dueño del equipo, entonces trato de buscar lo que algunos llaman consuelos tontos. Creo que eso de a ser hincha sufrido es una vaina que genera mejores sueños y ya sabemos que los sueños son deseos de vida, y ésta es un columpio en el que hay que saberse mecer.  

Y para que vean que el banano se reproduce casi que silvestre, ahí está mi hijo Luis David quien sigue los pasos con prudencia y amor. Entonces, sin brisa ni prisa, solo hay que esperar que pasen las horas para que el Ciclón vuelva a soplar en su patio y de esas gargantas bananeras salga nuevamente ese trueno Caribe que nos hace temblar; ¡goooooolllllll del Unión Magdalena nojoda! ¡Sopla Ciclón, sopla! ¡Esa era la jugada! ¡En la precisa, en la precisa! ¡Gooool bananero! ¡Listo!...

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